El blog del periodista Txerra Cirbián, desde 2005

Categoría: Cine (Página 1 de 9)

La joven Carmen Maura

Retrato de Carmen Maura en 1982 (foto de Txerra Cirbián).

Hoy es un día especial para Carmen Maura (1945). ya que recibirá el Premio Platino de Honor en la novena edición de estos galardones del cine hablado en castellano y portugués. Es una bonita manera de reconocer la extensa trayectoria de esta multipremiada actriz en el ámbito audiovisual iberoamericano. También en el francés, por si alguien no se acuerda de lo querida que es en el país vecino esta admirada intérprete madrileña.

Pero además esta es una jornada que me viene de perillas para recordar a «mi» Carmen Maura, a la que entrevisté por estas fechas, hace 40 años. Un cálido encuentro, que siempre recordaré con cariño y que El Dominical de El Periódico de Catalunya publicó el 8 de mayo de 1982.

Una escena de ‘Tigres de papel’ (1977)

En aquel momento, la actriz sólo había protagonizado tres largometrajes: ‘Tigres de papel’ (1977) y ‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?’ (1978), ambas de Fernando Colomo, y ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’ (1980), la puesta de largo de Pedro Almodóvar. La popularidad le llegaría en 1981, de la mano de la televisión. Dejadme que os lo cuente, casi con las mismas palabras (algo ñoñas) con las que inicié aquel relato lejano, hace cuatro décadas.

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Chicho Ibáñez Serrador, íntimo

Chicho, en su casa, fotografiado por el periodista.

El día 7 de este mes de junio se cumplirán dos años del adiós del gran Chicho Ibáñez Serrador, y el 24 de abril, medio siglo del inicio de las emisiones de una de sus geniales creaciones, el mítico programa de televisión ‘Un, dos, tres, responda otra vez‘, un popular concurso que marcó toda una época en la pequeña pantalla.

Pero Chicho era muchas más cosas, y no lo digo por sus ‘Historias para no dormir’ (que ha tenido una reciente revisión actualizada), ni por sus dos estupendas películas: ‘La residencia’ (1969) y ‘¿Quién puede matar a un niño?’ (1976), sino por su personalidad. Por esta razón, en forma de homenaje, he querido recuperar una vieja entrevista que le hice hace ahora cuatro décadas, cuando él tenía 46 años y llevaba diez de éxito televisivo, mientras yo era un pipiolo de 24 primaveras. El texto se publicó el 14 de marzo de 1982 en El Dominical de El Periódico.

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El camionero Sancho Gracia

La protesta que estos días está protagonizando el sector del transporte por carretera me ha llevado a pensar en la mítica serie de ‘Los camioneros‘ (1973) y en su protagonista, Sancho Gracia (1936-2012). El próximo mes de agosto se cumplirán diez años sin el legendario protagonista de ‘Curro Jiménez (1976).

El actor, que para rodar sus aventuras contó con la ayuda de directores como Mario Camus, Joaquín Romero Marchent y Pilar Miró, entre otros, también fue reivindicado por jóvenes realizadores, como Álex de la Iglesia, que al dirigirle en ‘800 balas‘ (2002) facilitó que obtuviera una candidatura al Goya por su trabajo.

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Un Oso de Oro con futuro de mujer

El reciente Oso de Oro en el Festival de Berlín a la película ‘Alcarràs‘, de Carla Simón, ha supuesto una bocanada de optimismo en el panorama cinematográfico español, sumido casi siempre en un tobogán de emociones no siempre positivas. Lo que sí ha logrado este galardón, que sólo había ganado otro español, Mario Camus, con ‘La colmena’, en 1983, es poner el foco en una generación de nuevos valores con una mirada diferente y femenina.

Tras unos años en los que el sector audiovisual ofrecía gratas noticias de la mano de nombres masculinos, como los de Alejandro Amenábar, Juan Antonio Bayona, Jonás Trueba, Rodrigo Sorogoyen o Dani de la Orden, por citar sólo algunos de los menores de 50 años, empiezan a sonar con fuerza los de mujeres cineastas, no solo directoras, sino productoras y jefas de equipos técnicos y artísticos.

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Fernando Trueba… y Óscar Ladoire

Fernando Trueba y Óscar Ladoire, en el año 1981 (foto cedida por los autores, en 1982).

He de reconocer una afinidad personal hacia Fernando Trueba. El cineasta, que acaba de cumplir 67 años, prepara el rodaje de una nueva película animada junto a su amigo Javier Mariscal, con quien parió la premiada ‘Chico y Rita‘, una de las historias más bonitas y tristes que ha dado a luz el cine de animación en España.

Pero esa simpatía que tengo hacia Trueba no es de ahora, ni proviene del hecho de que sea un director con una carrera de 18 títulos a sus espaldas, ni de que ganara el Oscar (el segundo español, tras el de Garci) por la magnifica ‘Belle Époque‘ (1993) ni por la reciente y estupenda ‘El olvido que seremos’ (2021). Viene del año 1982. Os lo explico.

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Todo sobre Indiana Jones, en un libro

El escritor y guionista Salva Rubio acaba de publicar el libro que muchos hubiéramos querido escribir y todos los fans estábamos deseando leer: ‘Tras los pasos de Indiana Jones: objetos mágicos, lugares míticos y secretos de la saga‘, editado por Minotauro (Planeta).

Una obra que, dividida en dos partes, en una de ellas recoge la biografía más extensa y completa del héroe creado por George Lucas y Steven Spielberg, y en la otra, llena de sorpresas y descubrimientos, explica todo sobre las cuatro películas, la serie, las novelas, cómics y videojuegos que llenan el universo del arqueólogo del sombrero y el látigo.

Para saber más cosas sobre el libro, hemos querido charlar con el autor en esta entrevista, que publiqué originalmente en Nosolocine.net

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Queridos camaradas

Hace unos días se estrenaba en salas comerciales ‘Queridos camaradas’, la última película de Andréi Konchalovsky, hermano mayor del algo más famoso y premiado director ruso Nikita Mijalkov, que pasó con cierta discreción por Hollywood, donde rodó filmes como ‘El tren del infierno’ y ‘Tango y Cash’. El filme recrea con seca precisión, en un ascético blanco y negro y encuadre académico, la masacre de Novocherkassk (1961). Con el título de «El desencanto hacia el comunismo de Estado», escribí originalmente este artículo en Nosolocine.

Lo hace a través de la mirada de un cuadro del Partido Comunista local (una espléndida Yulia Vysotskaya, esposa del director), militante nostálgica de estalinismo pero que acaba desencantada cuando sus ideales (y la posible muerte de su hija) chocan con la cruda decisión del Gobierno soviético del ‘aperturista’ Nikita Jrushchov: disparar contra los trabajadores de una fábrica en huelga y eliminar todo rastro de esa masacre.

De ‘Queridos camaradas’ ya ha escrito aquí mismo, en Nosolocine, el amigo José López. Y coincido con él en la admiración hacia esta obra mayor de Konchalovsky, un cineasta que a sus 83 años muestra la otra cara del totalitarismo comunista, ese que los idealistas de izquierdas empezaron a ver años después de esa masacre con la Primavera de Praga y que ahora mismo ponen de relieve las insólitas manifestaciones que se están produciendo en Cuba por motivos bastante similares a los de ‘Queridos camaradas’: la escasez económica y la ceguera de las autoridades ante los deseos de libertad y de poder expresar su oposición al régimen, sin miedo a ser detenidos, apaleados o muertos. Y esto, aún reconociendo que el bloqueo de EEUU hacia la isla es el causante de gran parte de sus problemas.

Desde un punto de vista de los ideales de las izquierdas, en que la democracia popular es aquello a lo que se desea llegar, ¿cómo es posible que los militares que han de defendernos de los tiranos y poderosos, sean obligados a disparar contra el propio pueblo? ¿Por qué las nuevas élites comunistas utilizan el vocablo “contrarrevolucionario” para definir a quienes no comulgan con sus ideas?

La película de Konchalovski nos quita una vez más la venda de los ojos y nos descubre que el comunismo sin democracia ni libertad de expresión es otra forma de totalitarismo represivo. Es el desencanto hacia ese comunismo de Estado en que derivó la extinta Unión Soviética, un sistema político y administrativo que poco tiene que ver con los ideales que pretenden conseguir una sociedad más justa e igualitaria. Unas ideas en las creían los grandes pensadores italianos Antonio Gramsci, Palmiro Togliatti y Enrico Berlinguer, y los comunistas que lucharon contra el franquismo y por traer la democracia a España.

Yo ya no voy al cine

Querían ustedes un titular llamativo. Pues ahí lo tienen: yo, un veterano periodista cultural, antiguo crítico de cine y hasta director de un cortometraje (pecados de juventud), ya no voy (casi) a las salas. Venga, admito ese ‘casi’ delante de la ‘boutade’. Y supongo que esta provocación será ‘castigada’ por buena parte de mis amigos y colegas, que empezarán a tirarme de todo (de forma figurada, espero). Y para añadir más leña al fuego les confesaré que lo mío, ahora, ya no es ‘Cinema Paradiso’, sino el ‘streaming’: ver películas y series a través de una pantalla conectada a internet.

Permítame el lector recordar unas palabras de Álex de la Iglesia cuando era presidente de la Academia del Cine, en la gala de los Premios Goya de 2011: “Hace 25 años, quienes se dedicaban a nuestro oficio jamás hubieran imaginado que algo llamado internet revolucionaría el mercado del cine de esta forma y que el que se vieran o no nuestras películas no iba a ser sólo cuestión de llevar al público a las salas. Internet no es el futuro, como algunos creen. Internet es el presente”.

Y seguía así: “Internet es la manera de comunicarse, de compartir información, entretenimiento y cultura que utilizan cientos de millones de personas. Es parte de nuestras vidas y la nueva ventana que nos abre la mente al mundo… (Los usuarios de Internet) son nuestro público. Ese público que hemos perdido y que no va al cine, porque está delante de una pantalla de ordenador. (…) No tenemos miedo a internet, porque internet es, precisamente, la salvación de nuestro cine”.

El director vasco, que acaba de estrenar su primera serie para una gran plataforma, ’30 monedas’, en HBO, fue clarividente. Hace casi 10 años de esas palabras y lo que dijo ya es una realidad. Recordemos que el vídeo bajo demanda (VOD) de Netflix para ordenadores empezó en el año 2007 y que el servicio de ‘streaming’ de HBO data de 2010 (como cadena de cable nació en 1966). Y ese mismo 2010 resurgió la catalana Filmin en la forma que ahora la conocemos, con una tarifa plana, aplicaciones para tabletas y la difusión en ‘streaming’ en alta definición.

Vuelvo al titular inicial. Siento confesar que ahora apenas voy a una sala de cine, y no es por ganas, porque siguen siendo el mejor lugar para ver una película, sin ninguna duda. Y no sólo superproducciones de estreno, sino los clásicos en blanco y negro que exhibe la Filmoteca.

Una sala de cine sigue teniendo algo de comunitario y misterioso, y más cuando la gran pantalla blanca, antes, se descubría detrás de unas cortinas gigantescas, generalmente rojas, como solían serlo también las butacas y las alfombras rojas que poblaban pasillos y vestíbulos.

Hubo una época en que conocía y saludaba a casi todos los porteros de cine de Barcelona. Y ellos a todos los periodistas culturales que acudíamos a los pases de prensa matinales y, luego, a las proyecciones de tarde y noche. Eran otros tiempos.

En parte estoy de acuerdo con lo que decía el colega Toni Vall, hace unos días, con respecto a la iniciativa de algunas de las grandes ‘majors’ de estrenar sus películas en sus plataformas digitales: «No tengo ningún interés en ver películas sólo en mi casa, aunque la dinámica de las distribuidoras y las productoras va hacia aquí. Contenidos ‘on line’ para ser vistos en casa, inexorablemente (…) Me estoy sintiendo expulsado del cine. Y es una sensación terrible, muy dolorosa».

Yo tengo otras razones para quedarme en casa. Os las explico.

La primera, evidentemente, la pandemia. Los cines y teatros han hecho un gran esfuerzo para adecuarse a la situación sanitaria pero toda precaución es poca y, si uno es población de riesgo, prefiere abstenerse. Tengo muchos amigos que acuden cada día a las salas y ninguno de ellos ha pillado la enfermedad. Cuando he ido a ver una película me siento en silencio más seguro en una de sus butacas que en el súper de la esquina o el centro comercial más cercano.

Otra razón: me he vuelto comodón. Siempre había soñado con tener una pequeña sala de cine, como hacían los directores y actores de Hollywood en las películas. Algo sólo posible para ricachones con mucha pasta hasta hace poco. Eso ha cambiado con las nuevas y enormes pantallas de los televisores inteligentes, que convierten cada salón en una soñada sala de cine.

Unos meses antes de la pandemia decidí aprovechar una oferta y compré una tele de 55 pulgadas, que mi esposa vio muy por encima de las posibilidades del tamaño de mi sala de estar. Pero ahí está y ya no parece tan grande. Con mi colección de películas en DVD y Blu-ray, y con un trío de plataformas cuyo contenido no me lo acabaré nunca soy un poco más feliz.


Y una tercera razón: la económica. Una entrada de cine de estreno cuesta entre 4,9€ del día del espectador y los 9€ de un festivo, 6€ una matinal y 8€ un día laborable. Multipliquen ustedes por dos, si son una pareja, y añadan si van con niños. También hay un estupendo abono anual de la Filmoteca de Catalunya por 90€ (un talonario de 10 entradas sale por 20€).

Cualquier familia con niños que se apunte al Disney+ pagará 6,99€ al mes o 69,99€ al año. Yo mismo estoy suscrito a varias plataformas y comparto otras con familiares. La suscripción anual a Filmin, la única íntegramente española, es de 84€ al año (la mensual básica cuesta 7,99€), y luego se pueden ‘comprar’ estrenos por unos 4€, como hacen el resto de empresas de ‘streaming’ salvo Netflix, que lo hace sin coste adicional (su plan básico cuesta 7,99€). Evidentemente, con esta competencia, no hay color. La balanza familiar se decantará siempre hacia este lado.

¿Significa esto que nos encaminamos inexorablemente hacia la desaparición de las salas de cine? Espero que no. Hace unos años, cuando el mundo de la prensa escrita empezó a decaer frente a la naciente digital, muchos periodistas no queríamos creer que el papel pudiera desaparecer. Y vamos camino de ello, con algunas salvedades (diarios de fin de semana con sus suplementos; algunas revistas especializadas) por las que el lector aún está dispuesto a pagar un poco más.

Una cosa similar puede pasar con los cines, convertidos en refugio de cinéfilos militantes. Sobrevivirán un puñado de grandes salas para exhibir espectaculares ‘blockbusters’ y, también, si saben jugar sus cartas, pequeños locales donde se exhibirán producciones independientes (¿quizá bajando los precios de las entradas?). Un tipo de cine que está encontrando su refugio y mayor visibilidad en las plataformas digitales.

Quiero citar precisamente a Filmin, que no solo apoya y potencia nuestro cine, sino que ofrece películas y series europeas independientes de gran calidad, ha rescatado una maravillosa biblioteca de clásicos y, en estos tiempos difíciles de pandemia, ha exhibido ‘on-line’ los contenidos de numerosos festivales cuya programación presencial era imposible desarrollar. Esta solución provisional no significa que los muchos certámenes que existen vayan a desaparecer, pero son fórmulas que en un futuro quizá deberán coexistir.

Nota: originalmente, publiqué este artículo en la web de Nosolocine. También hablamos del tema con Jose López en su programa de radio Nosolocine en las ondas (hacia el minuto 15).

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