Estas Navidades, Apple TV+ ha tenido la genial idea de abrir gratuitamente su plataforma durante unos días para echar un vistazo a su oferta de cine y series. Hacía tiempo que quería hacerlo, pero como ya comparto varias plataformas de ‘streaming’, no encontraba el momento. Durante los últimos días, aprovechando que me estaba recuperando de un resfriado de aúpa, lo he hecho.
Además de ver la premiada serie ‘Ted Lasso‘, una comedia dramática muy entretenida e interesante, he picoteado varias producciones y películas. Una de ellas ha sido la miniserie ‘Cocina con Química’, adaptación del ‘best-seller’ literario ‘Lecciones de Química‘, que acababa de leer. Por una vez, quería experimentar lectura y visionado al mismo tiempo, algo que no os aconsejo porque, como suele ser habitual, el texto original (casi) siempre es mejor.
Hace ya tiempo que compro menos novelas y cómics, porque en casa ya no caben. No exagero. Llegué a un pacto no escrito con mi mujer: si entra un nuevo volumen en la biblioteca ha de salir otro. Por eso acostumbro a leer mucho libro de la estupenda red de bibliotecas que tiene Barcelona y, también, a través de su versión digital, que resulta muy cómoda, aunque me gusta más el papel.
Sirva esta excusa para decir que acabo de leer una novela que se publicó a inicios de 2024 y con la que he querido abrir mi colaboración literaria en este espacio familiar que es Nosolocine. Se trata de ‘Matar al director‘, primera obra de ficción del periodista Bru Rovira (Barcelona, 1955), sobre la que he escrito estas líneas y que inicialmente publiqué en la web amiga de Nosolocine.net.
Hace unos días, Filmin, ahora inmersa en su estupendo festival de cine on-line y también presencial, en Mallorca, estrenaba la serie ‘Shetland’, con el gancho añadido de compararla con otras dos producciones policiacas de la plataforma: la magnífica ‘Endeavour’, ya finalizada tras nueve temporadas, y la entretenida ‘Grantchester’, con ocho temporadas en su haber y con una nueva entrega dentro de un par de semanas.
De entrada, que a los fans de estas dos últimas ficciones y a los aficionados al género policíaco inglés nos presenten una serie similar, nos pone los dientes largos. Lo curioso del caso es que se trata de una producción muy popular en el Reino Unido, donde la BBC One la emite desde 2013 y que no se había visto en España. Y ciertamente, al empezar a degustarla no defrauda y pasas un buen rato con unas tramas ambientadas en las islas Shetland, un archipiélago situado al norte de Escocia, al sur de mis queridas Feroe y a la altura de Noruega.
Tengo una especial devoción por Josep Maria Pou, enorme (en todos los sentidos) actor de cine, televisión y teatro y también grandísimo e inquieto director teatral. Esa admiración incluye una parte de amistad, forjada desde la primera entrevista que mantuvimos em 1986, cuando regresó a Catalunya, después de 20 años de carrera en la escena madrileña, para grabar para TVE ‘Vida privada‘, adaptación de la novela homónima de Josep Maria de Segarra a cargo de Francesc Betriu.
Años más tarde, en 2011, yo coordinaba un suplemento de fin de semana de mi diario y él acababa de estrenar la pieza ‘Llama un inspector’, de J.B. Priestley, en la que además de interpretar el personaje principal, el Inspector Goole, también dirigía la obra. Un día nos encontramos en la esquina de las calles Casanova y Gran Via, muy cerca del teatro Goya, donde él representaba la función.
Hace unos días que se cumplieron los diez años de la muerte de Gabriel García Márquez (1927-2014), efeméride a la que su familia ha añadido el regalo de la publicación de su novela póstuma ‘En agosto nos vemos‘. Todo ello me ha dado pie a recordar un momento de mi vida en el que conocí al gran escritor colombiano.
Pese a su título, ‘Mi reno de peluche‘ no es una serie para niños. Para nada. Es la historia de un acoso y de varios problemas de salud mental. Quizá no la hubiese visto si antes no hubiera leído esta frase de mi admirado Javier Olivares, el guionista y creador de (entre muchas otras series) ‘El Ministerio del Tiempo‘: “Ojo con esta joya de serie. Que no os confundan: no es una comedia agradable. Es de esas series con las que este oficio avanza. Como ‘Fleabag’ en su día. Su origen es similar: un monólogo teatral (en el Fringe de Edimburgo). Lo dicho: una joya”.
Sobre esta producción he escrito el texto del párrafo anterior y de los que siguen a continuación en la web amiga de Nosolocine.net, con el título de la propia serie y el subtítulo de ‘Historia de un acoso’.
Los Brunetti hacen la compra diaria en el mercado de Rialto. Van temprano, porque esta parte de Venecia es el centro comercial de la ciudad y lugar de paso casi inevitable para los miles de turistas que a diario se dirigen hacia la Piazza San Marco. «¿Es que no tienen mercados en su país ¿No venden comida allí «, se queja Paola Brunetti en una de las novelas. Pasa que Rialto, su puente y sus alrededores son objetos preciados para los fotógrafos.
A los puestos de pescado, carne, frutas y verduras del mercado de abastos acuden cientos de venecianos con sus carritos de la compra. Éstos, a diferencia de los habituales, calzan unas ruedas más grandes para salvar con facilidad los escalones de los pequeños puentes que salvan los innumerables canales de la ciudad.
Como lector asiduo de Donna Leon y de las peripecias de su personaje estrella, el comisario veneciano Guido Brunetti, no he podido dejar de leer su último libro, ‘Una historia propia’, editado por Seix Barral en castellano. Un título que me parece más apropiado en inglés: ‘Wandering through life’ (‘Vagando por la vida’).
Y digo esto (lo de ‘vagabundear’) porque, en realidad, no estamos ante un libro de memorias ni una autobiografía al uso, sino breves relatos relacionados con su vida de profesora de inglés a lo largo de más de 40 años, hasta que se estableció en Venecia en los años 80. Una ciudad en la que ha vivido hasta hace relativamente pocos años: decidió intalarse en un pueblo de la cercana Suiza.
Este domingo, 10 de marzo, ha fallecido Percy Adlon, director de cine alemán con numerosos documentales en su haber, pero conocido, básicamente, por la trilogía de películas protagonizadas por la actriz Marianne Sägebrecht: ‘Sugarbaby’ (1985), ‘Bagdad Cafe’ (1987) y ‘Rosalie va de compras’ (1998). Tenía 88 años.
Me une a este realizador (1935-2024) y a su oronda intérprete (1945) una curiosa coincidencia: gracias al estreno y éxito de su primer largo de ficción, aquel ‘Sugarbaby‘ (del que ya os escribí en 2020), en el legendario Círculo A (primera red de cines de arte y ensayo de Barcelona y de toda España que exhibía filmes independientes en versión original subtitulada) pude exhibir mi propio cortometraje, ‘Quizá no sea demasiado tarde’. Os lo cuento.
Revolviendo entre mis artículos de archivo, he descubierto uno de mis primeros escritos viajeros, este que dediqué a Puerto Rico y que salió en mayo del año 1984 en una publicación médica, ‘Jano’, y no en una revista de viajes, gracias a la generosidad de su director, Carles Esteban, a quien conocía de la época Tele/eXpres, un diario vespertino que fue mi primer trabajo profesional.
Estamos hablando de hace 40 años, cuando, entre otras muchas cosas, Apple presentó su primer Mac, Michael Jackson lanzó su famosa ‘Thriller‘, ‘Amadeus‘ arrasó en los Oscar y el Athletic Club ganó 1-0 al Barça en la Final de la Copa del Rey. Y yo, que acababa de entrar en plantilla en mi diario, gané por chiripa un viaje pagado a Puerto Rico, Estado Libre Asociado a EEUU, el gigante norteamericano.
Durante un tiempo, en el diario El Periódico, donde estuve trabajando más de tres décadas, pude escribir también de viajes. Este reportaje sobre Noruega, en concreto, ocupó una página entera de agosto de 2006. Visto ahora, me parece que el texto fue muy pequeño para el esfuerzo (también económico) que me supuso: lo escribí durante las vacaciones y no durante mis jornadas laborales.
Lo titulamos ‘Noruega, la ruta de los fiordos’, con un antetítulo muy descriptivo: ‘Una maravilla de la naturaleza’. Es la página que veis más abajo, cuyo texto he transcrito para una mejor lectura.
Hace unos días, las cadenas de televisión en abierto volvieron a emitir la película ‘The Tourist’ (1989), de Florian Henckel von Donnersmarck, con Johnny Depp y Angelina Jolie al frente del reparto. A muchos de mis amigos críticos de cine no les gusta para nada. A mí, en cambio, no sólo me divierte sino que la considero una de las cintas internacionales que mejor supo aprovechar los escenarios venecianos. Perfectos para pasear durante los días de Carnaval o San Valentín, claro.
Claro que no le fue fácil al alemán Florian Henckel von Donnersmarck lidiar con dos estrellas de Hollywood como Jolie y Depp, y menos en una Venecia donde abundaban fans y turistas de verdad filmando el rodaje (hay montones de vídeos del rodaje en internet). Pero el director de ‘La vida de los otros’ no se pudo negar a una Angelina que le había llamado personalmente para aquella nueva versión de la película francesa ‘El secreto de Anthony Zimmer’ (2005).
En agosto pasado, quien esto escribe cumplió 66 años. Una cifra que me ha hecho recordar que Paco de Lucía, el genio de la guitarra, el artista del flamenco, falleció a esa edad hace 10 años. Era un martes, 25 de febrero, y jugaba en una playa mexicana con sus hijos, cuando sufrió un infarto, del que no pudo recuperarse.
Viene esto a cuento, porque acabo de descubrir que un buen día de julio de 1987, ahora hace algo más de 36 años, acudí a Montjuïc para cubrir el recital que Paco de Lucía, presentando su ‘Sirocco’, y John McLaughlin, con ‘Mediterránea’, dieron en el Pueblo Español. Fue una maravilla, claro.
Hace unos años, cuando existían los blogs y, además, había bitácoras que premiaban a quienes escribíamos por el puro placer de estar presentes en aquella primitiva internet, decidí presentar un relato al concurso que organizaba la desaparecida web ‘Catalunya es un bloc’, convocado el 2 de mayo del 2006.
El texto en cuestión lo titulé ‘Un basc a Catalunya’ y lo gané, aunque nunca me entregaron ningún premio, que yo recuerde. El original lo escribí en catalán, pero aquí abajo os dejo la tradicción al castellano. Pasen y lean.
En el año de la pandemia, a finales del verano de 2020, le hice una entrevista a Eduard Jornet, que posteriormente se pudo leer en el Catalunya Plural. De hecho, lo hicieron con tanto retraso, que decidí, no sin pena, dejar de colaborar con esa digna publicación digital, en la que me había invitado a escribir Josep Carles Rius.
Para quienes no le conozcan, Eduard es el padre del muy famoso deportista y campeón de esquí y carreras de montaña Kilian Jornet. Pero en su amplísima biografía constan sustantivos como montañero, esquiador, guía de montaña, guarda de refugios, fotógrafo, documentalista y viajero. Aunque actualmente es, nominalmente, un jubilado, no para quieto y siempre está activo.
Hoy he querido recuperar esa charla, porque Eduard ha puesto en marcha su propia web (eduardjornet.com), sencilla, pero suficiente para conocerle un poco más, y Filmin ha incorporado a su catálogo ‘Mongun Taiga‘, un documental etnográfico sobre una expedición a esa zona, cerca de Mongolia, liderada por él.
Hace ya diez años, descubrí un blog de una pareja de viajeros titulado Algo que recordar. Incluso me dejaron un comentario agradeciendo el haber compartido su blog. En la actualidad, su web ha crecido, es mucho más interesante y la familia ha aumentado: son Lucía y Rubén, y ahora también Koke y Tindaya, sus hijos. Ellos han logrado, y llevan toda una década, vivir de contar sus viajes. Y hasta han filmado un documental, con la voz de Alejandro Sanz como principal invitado.
Como en años precedentes, el amigo José López Pérez, de Nosolocine (donde he publicado inicialmente este artículo), me ha pedido elaborar mi lista de las mejores series del año que ahora finaliza y en el que no he podido ver todo lo que desearía. haber visto.
Por ello, os voy a citar algunas, pocas, ficciones que he podido ir viendo a lo largo de estos meses sin más voluntad que hacéroslas partícipe para que las disfrutéis un poco, si aún no las conocéis, o un mucho, si ya las habéis catado.
Como veréis, es una selección breve, por plataformas, en orden alfabético. No están Apple+, Rakuten ni Movistar+, que no tengo contratadas.
Cuando uno piensa en Disney+, la plataforma de ‘streaming’ de la famosa compañía del ratón, tiene tendencia a pensar en las producciones infantiles de la Walt Disney; en las maravillas animadas de Pixar; en las infinitas aventuras de los superhéroes de Marvel; en las películas y series derivadas del universo de la guerra de las galaxias, de Star Wars e incluso perlas candidatas a los Globos de Oro como la muy divertida ‘Solo asesinatos en el edificio‘, que esta última temporada cuenta con Meryl Streep como actriz invitada.
Pues bien, en la amplia oferta de Disney+ han aparecido últimamente algunas series procedentes de América Latina con el sello de Star+, el servicio de ‘streaming’ propiedad de la compañía, que empezó a funcionar en agosto de 2021. Hay producciones propias y coproducciones con países latinoamericanos como Argentina, Brasil, Colombia y México, básicamente. Y argentinas son dos series que me han hecho especialmente gracia: ‘Nada‘ y ‘El encargado‘, de las que he escrito inicialmente en Nosolocine, antes de publicar la entrada en este blog.
Hace unas pocas semanas, Jaume Ripoll (Palma, 1977) publicó el libro ‘Videoclub. Las películas que cambiaron nuestra vida’, una especie de autobiografía donde el cine es el hilo conductor de la vida y peripecias de este hombre, que es uno de los creadores y director editorial de Filmin, la primera plataforma íntegramente española de vídeo a la carta a través de internet.
El texto, muy interesante y dotado de una fina ironía, incluye al final nada menos que 25 listas de películas imprescindibles para cualquier aficionado. Tras haber disfrutado con la lectura del libro, os quiero también destacar una frase de cuando el autor estudiaba en la ESCAC, a finales de los años 90 del siglo pasado. Una frase que se podría aplicar a otros muchos estudiantes y aspirantes a dedicarse profesionalmente al cine (y aquí me incluyo yo mismo).
Es una frase incluida en el capítulo 17, titulado ‘Don’t be a lawyer’ (No seas un abogado), centrado en cómo llegó a esa escuela de cine, recuerda Jaume que le preguntaron por qué quería dedicarse al cine. Su respuesta, entonces, fue: “Quiero dirigir, contar historias con la cámara, rendir tributo a los directores que me gustan”. Ahora, un cuarto de siglo después, “acabé descubriendo que la respuesta limpia de autoengaño (…) era la siguiente: había querido estudiar cine porque me gustaba verlo, no hacerlo”.
Aprovecho la publicación del libro de Jaume para recuperar aquí una entrevista que le hice en septiembre de 2019 y que publiqué originalmente en la web de Catalunya Plural. La mayor parte de sus respuestas siguen siendo válidas, desde mi punto de vista. He eliminado las más coyunturales.
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