Richard Gadd, como Donny, y Jessica Gunning, como Martha, en la serie.

Pese a su título, ‘Mi reno de peluche‘ no es una serie para niños. Para nada. Es la historia de un acoso y de varios problemas de salud mental. Quizá no la hubiese visto si antes no hubiera leído esta frase de mi admirado Javier Olivares, el guionista y creador de (entre muchas otras series) ‘El Ministerio del Tiempo‘: “Ojo con esta joya de serie. Que no os confundan: no es una comedia agradable. Es de esas series con las que este oficio avanza. Como ‘Fleabag’ en su día. Su origen es similar: un monólogo teatral (en el Fringe de Edimburgo). Lo dicho: una joya”.

Sobre esta producción he escrito el texto del párrafo anterior y de los que siguen a continuación en la web amiga de Nosolocine.net, con el título de la propia serie y el subtítulo de ‘Historia de un acoso’.

Richard Gadd, guionista y protagonista de la serie.

Hay muchas más frases elogiosas estos días sobre ‘Baby Reindeer‘, el título original de esta miniserie de siete capítulos estrenada en Netflix el pasado día 11 de abril, casi de tapadillo. Frases de colegas como Álvaro Onieva, Javier Giner, Alejandro Rodera, Eneko Ruiz Giménez o José Fernández (de TVE): «Fascinado… aterrorizado… incómodo… perturbado… Así me ha dejado ‘Mi reno de peluche’… Menudo viaje al lado más chungo del ser humano… y menudos ACTORAZOS!».

Lo de tapadillo, es un decir, porque Netflix ha enviado material a todos los medios y hay notas y comentarios en buena parte de ellos, haciendo referencia a la historia real que hay detrás. Porque esta no es una típica dramedia: tiene más de drama que de comedia, aunque haya algunos toques de humor y tenga como protagonista, autor y guionista, a un joven aspirante a comediante: Richard Gadd, un actor escocés de 35 años que creó esta producción para Netflix a partir de un monólogo teatral basado es su propia experiencia vital.

Jessica Gunning es la desaforada Martha.

¿De qué va esta ficción basada en hechos reales? En pocas palabras: es la historia de un chico que intenta triunfar como humorista, aunque sus chistes no valen un pimiento; que trabaja en un bar como camarero y cuya vida cambia cuando atiende y se muestra simpático con una desconocida que, posteriormente, termina acosándole a él, a su novia y a sus padres. Lo interesante de la serie es cómo Gadd ha introducido una estupenda arquitectura dramática y ha ficcionado su historia para lograr conmovernos.

El chaval se llama aquí Donny, un cómico frustrado que se presenta a audiciones de todo tipo con su ridículo traje a cuadros y una maleta en la que guarda elementos de atrezzo. Para sobrevivir, trabaja de camarero en un pub y vive en una habitación que le cede la madre de su exnovia, que le trata mejor que su propia hija. No será hasta casi el final cuando la joven comprenda que su ruptura tuvo mucho que ver con la relación del chico con un exitosos guionista y productor televisivo (Tom Goodman-Hill) y cuyo trauma se desvela en un crudo ‘flash back’ del cuarto episodio.

Nava Mau encarna a Teri (derecha), en la ficción.

Volviendo al inicio, la vida de Donny cambia cuando una oronda mujer, llamada Martha (una magnífica Jessica Gunning, que me ha recordado a la Kathy Bates de ‘Misery‘), se sienta frente a el camarero en el pub donde trabaja y él se muestra simpático con ella. Una muestra de amabilidad que lleva a esa mujer a creerse enamorada de Donny, quien tampoco corta de raíz esa relación, dando lugar a un acoso que, en cifras, se concretó en unos 40.000 correos electrónicos e infinidad de mensajes de texto y de voz en su teléfono.

Un acoso que afecta progresivamente a Donny y también a quienes le rodean, en especial a Teri, una joven mujer trans con la que sale (interpretada por Nava Mau) y hacia la que Martha dirige gran parte de su violencia verbal y hasta física, y a los padres del chico, a quienes la acosadora molestaba continuamente. La forma en que todo ello deja anímicamente tocado a nuestro protagonista se observa en los sentimientos encontrados que Donny muestra en la secuencia final y que redondea esta serie que deja poso en el espectador.