El blog del periodista Txerra Cirbian

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Fernando Trueba… y Óscar Ladoire

Fernando Trueba y Óscar Ladoire, en el año 1981 (foto cedida por los autores, en 1982).

He de reconocer una afinidad personal hacia Fernando Trueba. El cineasta, que acaba de cumplir 67 años, prepara el rodaje de una nueva película animada junto a su amigo Javier Mariscal, con quien parió la premiada ‘Chico y Rita‘, una de las historias más bonitas y tristes que ha dado a luz el cine de animación en España.

Pero esa simpatía que tengo hacia Trueba no es de ahora, ni proviene del hecho de que sea un director con una carrera de 18 títulos a sus espaldas, ni de que ganara el Oscar (el segundo español, tras el de Garci) por la magnifica ‘Belle Époque‘ (1993) ni por la reciente y estupenda ‘El olvido que seremos’ (2021). Viene del año 1982. Os lo explico.

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El poeta de la covid y del universo

Silvano Andrés de la Morena, con ejemplares de sus dos últimos poemarios.

Llega Sant Jordi, 23 de abril, día del libro, y las calles (especialmente de Barcelona) se llenan de gentes en busca de un libro y una rosa. Es entonces cuando los autores más populares se aprestan a firmar ejemplares para lectores devotos. No es la poesía el género más vendido, ni los poetas, los escritores más famosos. Y si me apuran, los poetas que escriben en castellano, aún son menos conocidos que sus colegas que lo hacen en lengua catalana.

Pero me gustaría que conocieran al soriano Silvano Andrés de la Morena (Cuevas de Ayllón, 1953) básicamente por dos razones: una, por cumplirse 20 años de su primer libro de poemas, ‘Aquietando luz‘ (2001), y otra, porque acaba de publicar ‘El universo en octosílabos‘ (2021), su décimo poemario, en el que ha sido capaz de explicar en verso la historia del universo, una hazaña única. También aprovechó el confinamiento para escribir su novena obra, ‘Poeta en la covid‘ (2020).

Andrés de la Morena tiene, además, algunos trazos biográficos muy interesantes. Joven estudiante antifranquista en Soria, se licenció en Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona, ciudad donde conocería a la que es su esposa, donde nacieron sus dos hijos y donde aún reside, ya jubilado. Fue profesor de los institutos Terra Roja de Santa Coloma de Gramenet y Ernest Lluch de Barcelona, ha escrito numerosos trabajos teóricos sobre docencia. Durante más de una década escribió dos veces a la semana la columna ‘Caleidoscopio‘ del periódico Heraldo de Soria.

Le he querido sorprender con una pregunta de ignorante, pero Andrés de la Morena saca a relucir la paciencia didáctica de quien ha pasado 40 años dando clase a adolescentes. Ah… y podéis oír la entrevista, justo aquí debajo.

– Silvano, ¿qué es un octosílabo?
– La explicación es muy fácil. Es un verso que tiene ocho sílabas. ¿Por qué ocho? Cada lengua tiene un sistema fónico peculiar. En castellano, el octosílabo es el periodo fónico completo que uno pronuncia sin necesidad de pararse a respirar. Cada ocho sílabas, aproximadamente (no siempre es así, pero generalmente sí), hacemos una pequeña pausa inconsciente para tomar aire y seguir hablando. De ahí que el octosílabo es el verso que sale espontáneamente, el de toda la poesía tradicional popular, la de la calle, la del cantar y recitar, y del romancero.

– Y en muchas canciones actuales, claro. Pero ¿cómo se le ocurrió explicar el universo en octosílabos?
– Es un tema que viene de lejos. En lo que llamo exordio del libro, que es una especie de prólogo personal, está explicado. Yo nací en un pueblo de Soria donde había una tradición cancioneril muy fuerte y diversa, donde se han encontrado manuscritos de recogida de canción tradicional de hace tiempo. Afortunadamente, mi padre, de joven, escribió un cuaderno completo con toda la tradición cancioneril, especialmente de rondas nocturnas del pueblo. De ahí que yo, desde pequeño, siempre he oído canción romance, en octosílabos. Y después, por mi propia formación universitaria y literaria, el romance es uno de los grandes capítulos de la literatura española.

Algunos de los libros del autor, como los poemarios ‘Aquietando luz’ y ‘Poeta en la Covid’.

– Perdone el inciso. Su primer libro, ‘Aquietando luz‘, se publicó justo ahora hace 20 años, cuando usted tenía 46 o 47 años. ¿Cómo llegó tan tarde a la poesía?
– Fue el primer libro publicado, pero no el primer poema que escribí, naturalmente. Yo ya había escrito antes muchas cosas, algunas aún están pululando por ahí. A veces las quiero buscar y prefiero no encontrarlas, porque no sé con qué sorpresa me encontraré. La escritura me venía ya de antes. Si me permites la ironía, Cervantes escribió ‘El Quijote’ tardísimo, en su etapa de madurez absoluta. En cuanto a la edad, a la cronología vital y personal se refiere, yo estoy entre lo tardío de la escritura del Quijote y lo temprano de Rimbaud, que escribió toda su obra a los 20 años, uno de los grandes poetas del siglo XIX y de la modernidad, sin duda.

– Volviendo a su último libro…
– La segunda razón del porqué ese extenso poema es porque el año pasado, en 2020, escribí un romance sobre un hecho peculiar de mi pueblo, una cuestión muy interesante, que se convierte también en una obra. Después de publicarlo en la misma editorial que este, Huerga & Fierro, un día se me ocurre que, si ya había escrito sobre lo micro, que era mi pueblo, por qué no me lanzaba a escribir sobre lo macro, que es el universo.

– No hay muchas obras poéticas sobre este tema…
– Yo diría que no hay ninguna, descriptiva, sobre el universo. Esta obra empieza con el Big Bang, analiza lo que pasa en los primeros minutos, en los 380.000 primeros años, en la formación de estrellas, galaxias y cúmulos de galaxias, en la aparición de la vida y la vida humana… En este sentido y escrito en verso narrativo, diría que no hay otra obra igual. Poemas sobre el universo, estrictamente líricos, sí. No muchos, pero sí hay dedicadas a las estrellas, al sol, a la luna… que siempre ha atraído al espíritu romántico, la atracción de lo misterioso, de la inmensidad.

Portada de último libro del poeta.

– Usted ha acudido a varios especialistas para que comprobaran si lo que usted había escrito correspondía a la realidad científica.
– Uno de mis miedos era si acertar o no acertar, a pesar de que esto fuera poesía, con lo que los conocimientos actuales o las hipótesis más plausibles nos dicen que las cosas son. En este sentido, después de escribirlo, envié el manuscrito a varios especialistas de diferentes ciencias, desde Física y Astrofísica, Química o Biología.

– De hecho, su prologuista es Pablo G. Pérez-González, investigador del Centro de Astrobiología, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (CAB/CSIC-INTA).
– En efecto.

Y en el prólogo escribe: “Tanto el poeta como el astrofísico dan un paso atrás para ver con perspectiva la realidad y los dos puntos de vista se juntan en esta obra de Silvano Andrés de la Morena. Los nexos entre la poesía y la cosmología física se exploran en un poema que habla de las eternas preguntas sobre nuestros orígenes y sobre nuestro destino, con el rigor científico exigido y con la belleza de la palabra.
– Nunca podré estar más agradecido de lo que estoy por las palabras que me ha dedicado el prologuista, que sin duda es un gran especialista en su campo. Es un hombre al que conozco por su obra y, en especial, por la subsección de ciencia que publica en el diario ‘El País’. Me puse en contacto con él, le envié mi libro, le gustó y tuvo la amabilidad de hacerme este prólogo, que eleva muchísimo mi obra.

– ¿Hay algún fragmento o pliego, como ha dividido usted su libro, que quisiera destacar?
– No sabría decir. Es complicado para un autor elegir una parte de un libro, pero podría resultar interesante algunos de los fragmentos del penúltimo pliego, el cuarto, donde hablo de la vida humana. En un momento determinado, surge la chispa, que es el lenguaje verbal. Y a partir de este, que es inseparable de la autoconciencia humana, todo cambia absolutamente, porque el lenguaje nos permite encontrarnos con la realidad y con los otros, distinguir el ayer del hoy y el hoy del mañana, y sobre todo no sólo comunicarnos, sino construir el arte, el conocimiento, la ciencia. Creo que algunos párrafos de ese pliego a mucha gente le resultarán especialmente atractivos.

– “Es el lenguaje verbal / que nos ha hecho, de verdad, / muy humanos por hablar, / por hablar y vocear, / (pum, bip, grrr, ploff, crac) / también por saber callar”, leo en ese apartado de su libro.
– Exactamente.

El poeta, en la puerta del IES Ernest Lluch, de Barcelona, donde ha ejercido hasta su jubilación.

– Una curiosidad. ¿De dónde procede su nombre?
– Etimológicamente, la palabra Silvano viene del latín: Silvanus es el dios de la selva, nombre que proviene del latín, pero procedente del indoeuropeo y del griego, ‘hile’, que significa bosque, arbusto, selva… En cuanto a mi nombre, me lo pusieron en honor a mi padrino, que era mi tío Silvano. Pero además, curiosamente, si miras el calendario, el 18 de febrero, que es mi cumpleaños, pone San Silvano. Una doble coincidencia total.

– ¿Qué le llevó a estudiar Filología?
– En Bachillerato, yo era un chico de Ciencias, pero tuve una excelente profesora de Literatura y un excelente profesor de Filosofía, que me llevaron a hacer el cambio a Letras. Y después de hacer tres años de universidad en Soria, hubo un encuentro que me llevó a acabar la carrera en Barcelona.

– Explique, explique.
– Pues porque un magnifico comunicador, escritor y profesor catalán, que sin duda conocerás, llamado Sebastià Serrano, trabamos una gran amistad en Soria. Y como al acabar tercero tenía que salir de Soria, entre ir a Madrid o venir a Barcelona, que geográficamente estaba más lejos, opté por esta última, porque Serrano iba a ser mi profesor.

– ¿No tuvo problemas con el catalán?
– En Catalunya me encontré con una realidad diferente a la de Soria, básicamente la lengua, pero, aprendí catalán en seguida y ya está. Sin duda, el saber latín y el griego, que me apasionaba, facilitaron el aprendizaje. Además, conocí a una compañera en la universidad, que sigue siendo mi mujer, que hizo que acabara quedándome en Barcelona. Y hasta ahora.

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