El blog del periodista Txerra Cirbián, desde 2005

Etiqueta: Movistar+

La humildad de Pau Freixas

Pau Freixas, durante la entrevista con Txerra Cirbián, en 2017 (foto de Ricard Fadrique).

Este viernes, 28 de enero, Movistar+ estrena la nueva serie de Pau Freixas (1973), ‘Todos mienten‘, de la que dan buena cuenta mi antigua compañera y amiga Inés Álvarez en El Periódico y otros muchos colegas en sus respectivos medios. Son unos días de promoción de una producción presente, que yo no tocaré de momento.

Sí que viene a cuento para poder escribir esta entrada, que incide en la carrera en el cine y en la televisión de este cineasta. Un filón con joyas como ‘Héroes‘, ‘Pulseras rojas‘, ‘Citas‘ y ‘Sé quién eres‘. Para echar la vista atrás, reproduzco parte de la entrevista que le hice hace cinco años, el 15 de febrero de 2017, en El Periódico (la podéis leer entera aquí). También me habló de ‘Los misterios de Laura’, una serie que vuelve a estar de actualidad gracias a un reciente telefilme emitido por TVE.

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Las mejores series de 2021

Esto de elegir las series preferidas del año no me gusta mucho, porque ya se sabe que esa es una tarea que comienza a ser imposible. Hay tanta producción, que seguramente me dejo cosas en el tintero. Trabajos que a cualquier lector le podría parecer absurdo no haberlo nombrado.

Pero, como mi incansable amigo José López Pérez me ha pedido que me moje en Nosolocine.net, pues vamos allá, con un top ten aproximativo. Quizá alguna serie esté en la frontera del 2020, pero son las que yo he visto y disfrutado durante este 2021.

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Yo ya no voy al cine

Querían ustedes un titular llamativo. Pues ahí lo tienen: yo, un veterano periodista cultural, antiguo crítico de cine y hasta director de un cortometraje (pecados de juventud), ya no voy (casi) a las salas. Venga, admito ese ‘casi’ delante de la ‘boutade’. Y supongo que esta provocación será ‘castigada’ por buena parte de mis amigos y colegas, que empezarán a tirarme de todo (de forma figurada, espero). Y para añadir más leña al fuego les confesaré que lo mío, ahora, ya no es ‘Cinema Paradiso’, sino el ‘streaming’: ver películas y series a través de una pantalla conectada a internet.

Permítame el lector recordar unas palabras de Álex de la Iglesia cuando era presidente de la Academia del Cine, en la gala de los Premios Goya de 2011: “Hace 25 años, quienes se dedicaban a nuestro oficio jamás hubieran imaginado que algo llamado internet revolucionaría el mercado del cine de esta forma y que el que se vieran o no nuestras películas no iba a ser sólo cuestión de llevar al público a las salas. Internet no es el futuro, como algunos creen. Internet es el presente”.

Y seguía así: “Internet es la manera de comunicarse, de compartir información, entretenimiento y cultura que utilizan cientos de millones de personas. Es parte de nuestras vidas y la nueva ventana que nos abre la mente al mundo… (Los usuarios de Internet) son nuestro público. Ese público que hemos perdido y que no va al cine, porque está delante de una pantalla de ordenador. (…) No tenemos miedo a internet, porque internet es, precisamente, la salvación de nuestro cine”.

El director vasco, que acaba de estrenar su primera serie para una gran plataforma, ’30 monedas’, en HBO, fue clarividente. Hace casi 10 años de esas palabras y lo que dijo ya es una realidad. Recordemos que el vídeo bajo demanda (VOD) de Netflix para ordenadores empezó en el año 2007 y que el servicio de ‘streaming’ de HBO data de 2010 (como cadena de cable nació en 1966). Y ese mismo 2010 resurgió la catalana Filmin en la forma que ahora la conocemos, con una tarifa plana, aplicaciones para tabletas y la difusión en ‘streaming’ en alta definición.

Vuelvo al titular inicial. Siento confesar que ahora apenas voy a una sala de cine, y no es por ganas, porque siguen siendo el mejor lugar para ver una película, sin ninguna duda. Y no sólo superproducciones de estreno, sino los clásicos en blanco y negro que exhibe la Filmoteca.

Una sala de cine sigue teniendo algo de comunitario y misterioso, y más cuando la gran pantalla blanca, antes, se descubría detrás de unas cortinas gigantescas, generalmente rojas, como solían serlo también las butacas y las alfombras rojas que poblaban pasillos y vestíbulos.

Hubo una época en que conocía y saludaba a casi todos los porteros de cine de Barcelona. Y ellos a todos los periodistas culturales que acudíamos a los pases de prensa matinales y, luego, a las proyecciones de tarde y noche. Eran otros tiempos.

En parte estoy de acuerdo con lo que decía el colega Toni Vall, hace unos días, con respecto a la iniciativa de algunas de las grandes ‘majors’ de estrenar sus películas en sus plataformas digitales: «No tengo ningún interés en ver películas sólo en mi casa, aunque la dinámica de las distribuidoras y las productoras va hacia aquí. Contenidos ‘on line’ para ser vistos en casa, inexorablemente (…) Me estoy sintiendo expulsado del cine. Y es una sensación terrible, muy dolorosa».

Yo tengo otras razones para quedarme en casa. Os las explico.

La primera, evidentemente, la pandemia. Los cines y teatros han hecho un gran esfuerzo para adecuarse a la situación sanitaria pero toda precaución es poca y, si uno es población de riesgo, prefiere abstenerse. Tengo muchos amigos que acuden cada día a las salas y ninguno de ellos ha pillado la enfermedad. Cuando he ido a ver una película me siento en silencio más seguro en una de sus butacas que en el súper de la esquina o el centro comercial más cercano.

Otra razón: me he vuelto comodón. Siempre había soñado con tener una pequeña sala de cine, como hacían los directores y actores de Hollywood en las películas. Algo sólo posible para ricachones con mucha pasta hasta hace poco. Eso ha cambiado con las nuevas y enormes pantallas de los televisores inteligentes, que convierten cada salón en una soñada sala de cine.

Unos meses antes de la pandemia decidí aprovechar una oferta y compré una tele de 55 pulgadas, que mi esposa vio muy por encima de las posibilidades del tamaño de mi sala de estar. Pero ahí está y ya no parece tan grande. Con mi colección de películas en DVD y Blu-ray, y con un trío de plataformas cuyo contenido no me lo acabaré nunca soy un poco más feliz.


Y una tercera razón: la económica. Una entrada de cine de estreno cuesta entre 4,9€ del día del espectador y los 9€ de un festivo, 6€ una matinal y 8€ un día laborable. Multipliquen ustedes por dos, si son una pareja, y añadan si van con niños. También hay un estupendo abono anual de la Filmoteca de Catalunya por 90€ (un talonario de 10 entradas sale por 20€).

Cualquier familia con niños que se apunte al Disney+ pagará 6,99€ al mes o 69,99€ al año. Yo mismo estoy suscrito a varias plataformas y comparto otras con familiares. La suscripción anual a Filmin, la única íntegramente española, es de 84€ al año (la mensual básica cuesta 7,99€), y luego se pueden ‘comprar’ estrenos por unos 4€, como hacen el resto de empresas de ‘streaming’ salvo Netflix, que lo hace sin coste adicional (su plan básico cuesta 7,99€). Evidentemente, con esta competencia, no hay color. La balanza familiar se decantará siempre hacia este lado.

¿Significa esto que nos encaminamos inexorablemente hacia la desaparición de las salas de cine? Espero que no. Hace unos años, cuando el mundo de la prensa escrita empezó a decaer frente a la naciente digital, muchos periodistas no queríamos creer que el papel pudiera desaparecer. Y vamos camino de ello, con algunas salvedades (diarios de fin de semana con sus suplementos; algunas revistas especializadas) por las que el lector aún está dispuesto a pagar un poco más.

Una cosa similar puede pasar con los cines, convertidos en refugio de cinéfilos militantes. Sobrevivirán un puñado de grandes salas para exhibir espectaculares ‘blockbusters’ y, también, si saben jugar sus cartas, pequeños locales donde se exhibirán producciones independientes (¿quizá bajando los precios de las entradas?). Un tipo de cine que está encontrando su refugio y mayor visibilidad en las plataformas digitales.

Quiero citar precisamente a Filmin, que no solo apoya y potencia nuestro cine, sino que ofrece películas y series europeas independientes de gran calidad, ha rescatado una maravillosa biblioteca de clásicos y, en estos tiempos difíciles de pandemia, ha exhibido ‘on-line’ los contenidos de numerosos festivales cuya programación presencial era imposible desarrollar. Esta solución provisional no significa que los muchos certámenes que existen vayan a desaparecer, pero son fórmulas que en un futuro quizá deberán coexistir.

Nota: originalmente, publiqué este artículo en la web de Nosolocine. También hablamos del tema con Jose López en su programa de radio Nosolocine en las ondas (hacia el minuto 15).

‘Antidisturbios’ y ‘Gambito de dama’, las mejores series de 2020

Intente el lector el ejercicio de elaborar una lista de las series que más le han gustado este año y verá lo difícil que resulta ser ecuánime. Cada vez más resulta prácticamente inabarcable poder seguir la pista de lo que se produce anualmente en las televisiones tradicionales y, aún más, en las plataformas digitales de pago, donde la abundancia es tal que necesitas una buena brújula para orientar el rumbo y dar con la ficción adecuada a tus gustos.

Como siempre, elegir es optar por filias y fobias personales e intransferibles, aunque las del lector puedan coincidir con las propias. El cronista o el crítico, aporta además elementos de información que decantan esas preferencias hacia un lado u otro.

Para empezar, he hecho una división entre series españolas y extranjeras. Aunque las primeras son muchas menos que las segundas, también he querido incluir mi propio ‘top ten’. Quizá debería haber incluido algunas de las últimas producciones nacionales, como las ’30 monedas’ (HBO), de Álex de la Iglesia, o ‘Dime quién soy’ (Movistar+), con Irene Escolar, pero aún no he podido verlas. Originalmente, este texto lo publiqué en la web amiga de No solo cine.

Producciones españolas

  1. Antidisturbios‘ (Movistar+). Poco más se puede decir de esta magnífica serie policiaca con mucho de denuncia social por parte de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, su coguionista habitual. El primer episodio es una maravilla y el reparto al completo, con Vicky Luengo a la cabeza, está sensacional.
  2. HIT‘ (RTVE). El bombazo juvenil de este otoño. Las peripecias de un profesor atípico en un instituto con un grupo de alumnos de armas tomar. Los protagonistas son Daniel Grao, excelente, y unos jóvenes actores que darán mucho que hablar.
  3. Patria‘ (HBO). Sensible adaptación de la novela de Fernando Aramburu, con Elena Irureta y Loreto Mauleón encarnando a Bittori y Arantxa, las dos amigas enfrentadas por la muerte del marido de una de ellas a manos de ETA.
  4. El Ministerio del Tiempo‘ (RTVE). Sigue siendo la ficción más original del panorama audiovisual español, con sus vueltas de tuerca a la Historia. La esperada cuarta temporada no defraudó en su regreso a TVE en mayo, tras dos años y medio de ausencia, con todos sus principales intérpretes.
  5. Inés del alma mía‘ (RTVE y Amazon Prime Video). Apasionante adaptación de la novela de Isabel Allende. Ambientada en la conquista de Chile, recrea la vida de Inés Suárez de Plasencia, con una estupenda y apasionada Elena Rivera.
  6. La Unidad‘ (Movistar+). Más que interesante muestra del trabajo de la Policía Nacional contra el islamismo radical, de la mano de Dani de la Torre y con Nathalie Poza como la comisaria Carla Torres.
  7. Mira lo que has hecho‘ (Movistar+). La última entrega de la serie creada e interpretada por Berto Romero es la mejor de las tres que integran esta comedia en clave de autoficción, dirigida con habilidad (como la segunda temporada), por Javi Ruiz Caldera.
  8. La línea invisible‘ (Movistar+). Interesante retrato del nacimiento de ETA, de la mano de Mariano Barroso (excelente tambien su previa ‘El día de mañana’), y con Àlex Monner como el primer asesino y luego ‘mártir’ etarra Txabi Etxebarrieta.
  9. Caronte‘ (Telecinco y Amazon Prime Video). Las peripecias de un expolicía que pasó por prisión, reconvertido además en abogado penalista, merece la pena sólo por ver de nuevo en acción a Roberto Álamo (también, estupendo, en ‘Antidisturbios’).
  10. La casa de papel‘ (Netflix). La penúltima temporada de la serie de los atracadores de bancos vestidos de rojo y con careta de Dalí fue tan entretenida como frustrante: han alargado el chicle hasta la próxima y última entrega, según aseguran. Pero no la podíamos dejar fuera de este listado.

Producciones internacionales

https://youtu.be/w-fJaQitvS8
  1. Gambito de dama‘ (Netflix). Es la sorpresa de la temporada, creada por Scott Frank y Allan Scott y protagonizada por la fascinante Anya Taylor-Joy, todo un descubrimiento… y el deseo irrefrenable de volver a jugar al ajedrez.
  2. El colapso‘ (Filmin). Dura e impresionante miniserie francesa, creada por el colectivo Les Parasites (Jérémy Bernard y Guillaume Desjardins), que plantea un futuro distópico tan factible como próximo. Los ocho episodios, con historias independientes entre sí, aunque emperentadas, fueron rodadas en planos secuencia.
  3. Unorthodox‘ (Netflix). Otra miniserie imprescindible, como la anterior, basada en las memorias de Deborah Feldman, que narra la huida de una chica judía del interior de una asfixiante una comunidad jasídica de Brooklyn. El trabajo de la bajita protagonista, Shira Haas, es gigantesco.
  4. The Mandalorian‘ (Disney+). Las peripecias del guerrero de la máscara y un pequeño Yoda son el mejor regreso que se podía pedir al explotado universo de ‘Star Wars’ de la mano de Jon Favreau. Hasta el penúltimo episodio no hemos podido ver (por fin) la cara de Pedro Pascal.
  5. The Crown‘ (Netflix). La cuarta temporada de la vida de los Windsor ha supuesto la irrupción del personaje de Diana de Gales (estupenda Emma Corrin) a la familia real británica y de Margaret Thatcher (una Gillian Anderson un poco pasada de vueltas) como primera ministra.
  6. Todas las criaturas grandes y pequeñas‘ (Filmin). Una miniserie británica de la de buen rollo, con las historias de un trío de veterinarios de un bonito pueblo de la campiña inglesa. Basada en unos populares libros de James Herriot, la protagonizan Nicholas Ralph y Samuel West.
  7. Halt and catch fire‘ (Filmin). La apasionante historia de un grupo de informáticos que, a inicios de los años 80 del siglo pasado, transformó los pesados computadores empresariales en los ordenadores personales actuales.
  8. Little Fires Everywhere‘ (Amazon). De nuevo Reese Witherspoon, en su doble papel de productora e intérprete, sirve un potente drama familiar, con duelo actoral con Kerry Washington, una fotógrafa afroamericana que recorre EEUU con su hija adolescente y un misterio a sus espaldas.
  9. Adult Material‘ (Filmin). Una dramedia sobre el mundo del cine porno, centrado en la vida cotidiana de una ya veterana (¡treintañera!) estrella del cine X que ha de reconvertirse. Hayley Squires, a quien vimos en ‘Yo, Daniel Blake’ es la curiosa protagonista.
  10. La ruta del dinero‘ (Filmin). Estupendo ‘thriller’ financiero escandinavo, que cuenta con Jeppe Gjervig Gram, uno de los responsables de la prestigiosa ‘Borgen’, como cocreador de esta serie sobre los trapos sucios de los directivos de una empresa de energías renovables.

Ignacio Martínez de Pisón

Hace unos días, la Fundació Periodisme Plural, y más en concreto su responsable, Josep Carles Rius, me invitó a escribir en la web de Catalunya Plural de vez en cuando. Es una colaboración altruista que he iniciado con esta entrevista al escritor Ignacio Martínez de Pisón, con quien hemos hablado de la magnífica serie ‘El día de mañana’ (Movistar Plus), basada en su novela homónima.

Estrenada en medio del Mundial de Fútbol por Movistar+, la miniserie ‘El día de mañana’ se ha ganado, sin demasiada publicidad, el fervor de la crítica y, en menor medida, de un público cada vez más diversificado. Dirigida por Mariano Barroso a partir de un guion escrito por Alejandro Hernández y basado en la novela homónima de Ignacio Martínez de Pisón, la ficción narra la vida y milagros de un chaval de pueblo que llega a Barcelona a mediados de los años 60 acompañado de su madre enferma. Sus relaciones, especialmente con una joven y un inspector de policía, así como con diversos miembros de la burguesía catalana y la ultraderecha durante la Transición, retratan a un personaje que es mucho más que el chivato al que le reducen algunas sinopsis. El magnífico elenco de actores viene encabezado por Oriol Pla, Aura Garrido, Jesús Carroza y Karra Elejalde, entre otros.

He acudido a la biblioteca de mi barrio y no quedan ejemplares de ‘El día de mañana’.

¡No me diga!

He tenido que apuntarme a una lista de espera. Le confieso también que he intentado mirar si había alguna forma de leerlo por internet.

Ya, ya sé que hay webs piratas donde aparecen mis libros.

No se crea. Están cerrando muchas. Solo he visto un fragmento de su libro en un sitio. Pero ha sido más fácil: la novela está a la venta en la mayoría de librerías digitales y a un precio razonable.

Menos mal. Ya estoy acostumbrado a recibir alertas digitales sobre el tema.

Volvamos a ‘El día de mañana’, si le parece. ¿Ha visto la serie?

Sí, sí, claro.

¿Y qué le parece?

Yo creo que han construido una buena historia, que tiene ritmo, que los personajes funcionan, mantienen su complejidad. A veces te caen mal y a veces te caen bien, pero siempre te interesan..

Teniendo en cuenta su experiencia previa (‘Carreteras secundarias’, ‘Las 13 rosas’, ‘Chico & Rita’), por qué no ha participado en el guion de la serie?

Cuando me contactaron los productores Fernando Bovaira y Guillem Vidal-Folch, yo estaba liado con otras historias y ni me propuse yo ni me propusieron ellos redactar el guion. Además, cuando me dijeron que tenían a Mariano Barroso y que el guionista era Alejandro Hernández, no tuve dudas. Es un escritor cubano que lleva ya tiempo en España y que ya había hecho con Barroso ‘Todas las mujeres’. También ha escrito ‘Caníbal’ y ha adaptado la novela de Javier Cercas ‘El autor’. No le conozco personalmente, pero por lo que he visto es un muy buen profesional. El mérito de que la serie funcione es que el guion está muy bien construido.

¿Cree que han respetado el espíritu de su novela?

Yo no hablaría tanto de respetarla, sino de que han hecho suya la historia. Algunas de las tramas las han suprimido, porque no cabían, y otras las han modificado y enriquecido, porque era necesario tener dos hilos narrativos fuertes. Y lo han conseguido a través de la relación de Justo Gil con la chica, Carme Román, y con el policía, Mateo Moreno. En la novela son muchas las personas que hablan y que, al mismo tiempo que explican sus vidas, están contando la historia de ese que nunca habla, que es Justo. Es una visión plural con muchas perspectivas sobre el personaje. En la serie han tenido que reducirlas a una perspectiva central. Pero han logrado sacar de una novela bastante desperdigada dos hilos narrativos centrales que se siguen muy bien. Yo creo que es un guion estupendo.

Volviendo a la novela, ¿cual es su origen?

Aunque la novela la publiqué en el 2012, yo ya tenía antes en la cabeza contar algo sobre la Brigada Político Social (BPS) desde el punto de vista policial. Existen muchos libros de personas que fueron torturadas por [el comisario Antonio Juan] Creix y su gente en la Via Laietana [sede de la Jefatura Superior de Policía, en Barcelona] o por policías de la Puerta del Sol, en Madrid. Me faltaba el punto de vista de esta otra gente. A través de Pedro Costa me puse en contacto con Xavier Vinader y este me facilitó el contacto con un policía jubilado de la BPS, que fue quien me contó cómo eran las cosas en Via Laietana en los años 60. Eso era lo que me interesaba, porque nadie de esa brigada te explicará abiertamente todo lo que hicieron. Ese hombre, que vivía en Murcia, y al que vi varias veces y hablé luego mucho por teléfono, me ayudó mucho. Así, junto al testimonio que nunca ha faltado de gente que fue torturada durante el franquismo, pude incorporar este personaje de Mateo Moreno, que interpreta Jesús Carroza.

¿Qué le contó ese policía?

Que a partir de 1968, cuando Creix fue destinado al País Vasco, después del asesinato de Melitón Manzanas, y aquí –según esa fuente que yo tenía- la cosa se suavizó un poco. Y aunque seguía habiendo malos tratos, la represión parece que no era fue fuerte como los años previos. Pero bueno, él me contaba algunas cosas que demuestran que el respeto hacia el ser humano era mínimo o nulo.

¿Recuerda alguna anécdota en especial?

Me acuerdo de una historia que yo metí en la novela y en la serie sale un poco cambiada: cómo hacen desaparecer un cadáver en El Garraf. Me contó que había una manifestación contra la guerra de Vietnam cerca del Consulado Norteamericano y que estaba tomando algo en un bar. Cuando salió, chocó contra un manifestante, y a este se le cayeron unas octavillas que llevaba ocultas. Total, que le detuvo, le llevó a Via Laietana, le esposó a un radiador y volvió a salir de Jefatura para vigilar la manifestación. Cuando volvió, al cabo de un par de horas, se encontró con que el chico se había muerto. Como no habían hablado con él, nadie sabía quién era, no sabían si era español o extranjero, y no llevaba documentación, pues decidieron despachar el cadáver por un acantilado del Garraf. Y por allí deben estar aún sus huesos. Quizá fuera cierto lo que decía: que empezaban a suavizarse las cosas, ya no que estaba Creix. Y probablemente se olían que se estaba acercando un cambio en España. Pero, al mismo tiempo, seguían comportándose como la policía de una dictadura.

En la novela, el protagonista, Justo Gil, sale peor parado que en la serie…

La historia de Justo es la de un tío que se degrada moralmente desde el momento en que se ofrece a hacer de confidente, porque una cosa es comerciar con objetos y otra, hacerlo con las personas que le rodean. El único objetivo de cada amistad que tiene es vendérsela a la policía. Y lo que logra la serie es que el tipo te caiga bien aunque sepas que las cosas que hace están mal. En la novela, en cambio, no necesariamente se produce esa identificación y hay momentos en que detestamos al personaje.

¿Justo reacciona así porque previamente le han maltratado?

Él en el fondo cree que los méritos que hace le pueden abrir camino. Y lo que estamos viendo es que estamos en una España donde los méritos no te abren ninguna puerta. El chico al que conoce y que es hijo de un empresario franquista ese sí que tiene todas las puertas abiertas. Pero él, que viene de un pueblecito aragonés, con una madre enferma a cuestas, él será quien reciba todas las tortas. Además también tiene una visión muy mercantilista de la vida que, en cierto momento, traspasa una barrera moral: pasa de vender productos por catálogo a vender a sus amigos y a las personas que te rodean. Y, además, a la policía, en una dictadura, donde las informaciones afectan a gente que están ejerciendo lo que ahora son derechos, pero que en aquella época eran delitos y eran perseguidos.

¿Qué opina del actor que lo interpreta?

Oriol Pla lo hace muy bien. Es muy buen actor. El personaje está muy bien construido. Han conseguido darle muchos matices y complejidad, y él los capta y los expresa muy bien. Y tiene la complicidad del espectador, que se identifica con él aún sabiendo que las cosas le van a ir mal.

En la década que acontece la trama, se ve cómo se pasa de la dictadura a una democracia incipiente.

Y el inicio de un antifranquismo que empezó a sacudir las conciencias a partir del Proceso de Burgos, en 1970. Estamos hablando de que aún le quedan cinco años de vida a Francisco Franco, pero que van a ser muy duros y de gran regresión, precisamente porque empieza a haber una mayor organización obrera y estudiantil. Por eso, el régimen, que en apariencia pretendía hacer un esfuerzo aperturista, se bunqueriza y se protege mucho más. Lo cual es realmente llamativo, porque si en los años 60 había habido pocas condenas a muerte, en cambio, en los últimos años de Franco hay un rebrote violento y empieza a haber muchas más y culminan en 1975 cuando matan a cinco activistas solo unos meses antes de la muerte del dictador.

La novela acaba casi con la legalización del Partido Comunista.

Un poco más tarde, en la época en que la ultraderecha era muy fuerte en Barcelona, cuando pusieron la bomba en ‘El Papus’ [septiembre de 1977].

Los primeros años de la Transición…

Sí, una época, y siempre se ha dicho y creo que es verdad, en la que desde Gobierno Civil se alentaban esas actividades. Y una parte de ese terrorismo y activismo de la ultraderecha estaba protegido o auspiciado por la Policía, como forma de contratacar y hacer frente al activismo revolucionario, de izquierdas. Ese terrorismo ultra gozaba de cierta protección, como me dio a entender Xavier Vinader. No sé si sabes que Vinader llegó a tener un carnet de Fuerza Nueva para colarse en la reuniones de aquel grupo, a las que acudían policías. Al principio, cuando aún no era muy conocido, se colaba en todas partes. Luego tuvo que marcharse para evitar que le encarcelaran por aquellos reportajes de Interviu. Más adelante, a la Policía ya no le interesó proteger a esa gente, cerró el grifo y ahí se acabaron los atentados de ultraderecha.

De hecho, el personaje de Mateo Moreno acaba saliéndose de la policía, montando un bar y en el PSOE…

Es que pertenece a ese grupo de policías que no tienen ideología, que igual trabajan para el Régimen de Franco que para el partido que gobierne en la democracia. Ellos trabajan para el Estado, con sumisión al poder, que en un momento dado es una dictadura y luego una democracia, con Martín Villa y luego con Felipe González. No tienen ideología, pero tampoco escrúpulos… En efecto: si tienen que zurrar en nombre de la dictadura, zurran, y si tienen que hacerlo en el de la democracia, también.

Pero eso también pasa con los Mossos, que el 15-M desalojaron a los indignados de la plaza de Catalunya…

Hicieron lo que les dijera el ‘conseller’ de turno. Si les ordena evacuar la plaza de Catalunya, la evacúan, claro.

¿Ve usted algún paralelismo entre la situación actual y la que acontece en la novela y la serie?

Aunque nos parezca que estos momentos son muy convulsos, y el otoño pasado nos pareciera muy caliente, hay que tener un poco de memoria para recordar lo convulsos que eran los años posteriores a la muerte de Franco. Realmente allí había muertos en las manifestaciones, había mucha violencia, existía la sensación de que en cualquier momento los militares podían, como de hecho lo intentaron en 1981, volver a tomar el timón de la situación. En aquellos momentos, el terrorismo, de diferentes signos, mataba a cientos de personas cada año. Nos hemos acomodado en una realidad tan confortable, como es la de la democracia y la Unión Europea, que ya nos hemos olvidado de lo agitados y convulsos que fueron los años de la Transición. Moría mucha gente y las manifestaciones y la represión eran muy duras, y la tortura seguía existiendo durante mucho tiempo en los calabozos. Y las condiciones de los presos en las cárceles eran terroríficas. Por eso, cualquier paralelismo es siempre forzado, porque las circunstancias son muy diferentes.

¿Cómo vive un escritor como usted, que escribe en castellano, en esta sociedad que prima tanto a los autores en catalán?

La sociedad catalana sabe que tiene un patrimonio tremendo con la lengua y la literatura castellana y creo nadie en sus cabales va a renunciar a eso. Habría que ser muy fanático para renunciar a esa otra parte que es muy enriquecedora. Sería absurdo. Es cierto, por otro lado, que existe una ultraprotección de lo catalán que hace que los escritores en castellano pues estemos un poco ‘marginados’… vamos, que no tengamos la protección que tienen los otros. Tampoco es que me parezca mal: la obligación de las autoridades de aquí es proteger esa cultura, que es más débil.

¿Apoya usted esas políticas proteccionistas?

Desde un punto de vista estrictamente cultural, me parece bien que se apoye la literatura y el cine en catalán, porque tienen que existir y, además, porque se están haciendo cosas muy buenas. No ha habido un momento tan bueno del cine en catalán como ahora. Y lo mismo pasa con la literatura en catalán, donde varias generaciones de autores en catalán conviven y escriben buenos libros. Y al final, en definitiva, ese apoyo está muy bien. Lo que pasa es que a veces ese apoyo se ha politizado y parece como si, a cambio de ese apoyo, a esos autores se les hubiera pedido una lealtad a una cierta idea, al procés o a lo que sea.

¿Saldremos del callejón político actual?

Yo creo que sí. Hemos tenido mucha suerte con esta extraña jugada de Pedro Sánchez que, creo, va a tranquilizar bastante las cosas. Espero que ni Puigdemont ni Torra vayan a bunquerizarse. La sociedad está deseando que las cosas se arreglen. Hemos vivido con gran tensión estos últimos meses, pero se ha de recordar que no ha habido ningún muerto, ningún estallido de violencia. No ha habido grandes heridas que no se puedan cicatrizar. La sociedad está deseando tranquilidad. Cuando una revolución funciona, lo hace porque las cosas están muy mal, porque la gente de muere de hambre, porque hay una opresión muy seria. Las revoluciones las protagonizan gente desesperada y yo creo que ahora no hay tanta gente desesperada en Catalunya. Vivimos en un estado de derecho y en uno de los núcleos más prósperos de la Unión Europea.

Radio Gaga visita la Casa dels Xuklis

Uno de los jóvenes protagonistas del ‘Radio Gaga’ del jueves, 10.

Mi última entrevista para el suplemento ‘TeleTodo’ de ‘El Periódico’ fue con Manuel Burque y Quique Peinado, copresentadores de ‘Radio Gaga’, un programa de televisión del canal #0 de Movistar+, en el que charlan con personas anónimas. Lo hacen con sensibilidad, pero sin sensiblería, a bordo de una pequeña caravana con la que viajan de un lugar a otro y que instalan en donde haya un colectivo al que merece la pena retratar.

‘TeleTodo’ del 21 de abril, con Manuel Burque y Quique Peinado en portada.

Este jueves, 10 de mayo, a las 22.00 horas, plantan su original radio en el exterior de la Casa dels Xuklis de la Afanoc, en el Vall d’Hebron de Barcelona, donde se alojan familiares de niños con cáncer.

Sobre este programa les pregunté en la conversación que tuve con ellos. Esto es lo que me explicaron.

Manuel Burque: «Es el programa más doloroso que hemos hecho. Era increíble ver como los niños estaban mejor que los padres. El dolor desgarrador real es de los padres. Los niños tienen un sufrimiento físico, de agotamiento, pero donde tú empatizabas y sufrías más era con los padres. Y aún así creo que el programa destaca por lo positivo y constructivo que es su enfoque. Para todas las familias que venían a hablar con nosotros, y que están en medio de un proceso de este estilo, para ellos el objetivo principal era que otros padres que se encuentren con este problema tengan información y caminos que seguir, porque todos ellos decían: “Cuando a mí me pasó caí en un pozo y no sabía qué hacer. Yo les quiero dar herramientas a otros padres que se vean en la situación que yo me vi”. El objetivo siempre es siempre constructivo, educativo y de ayudar, en general. Por eso nos daban las entrevistas».

Quique Peinado con uno de los niños entrevistados.

Quique Peinado: «A mí es un programa que me desmontó y que me costó mucho hacerlo por cosas mías personales, por familiares que han padecido cáncer y porque tengo dos niños pequeños. Fue muy difícil. Pero estas personas que se ven en esa situación es una gente con una fuerza tal que, cuando tú no has pasado por algo así, solo puedes admirarlos».

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