El blog del periodista Txerra Cirbian

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Entrevista con Eduard Jornet

“Viajar es barato si no te planteas dormir en hoteles de cuatro o cinco estrellas”, dice este montañero y autor de documentales, padre de Kilian Jornet, que estrena canal de Youtube

Eduard Jornet nació en vísperas de la Nochebuena de 1951, en Badalona, porque su padre, que era de Aitona (Segrià), empezó a trabajar en Ferrocarrils de Catalunya. Él fue el primero de su familia en convertirse en montañero, una afición que convirtió en profesión y que su hijo Kilian ha seguido y elevado a nivel de mito deportivo. Esta entrevista se publicó originalmente en el Catalunya Plural.

– ¿De dónde le viene esa afición a la montaña?
– Del ‘escoltisme’. Del grupo de ‘escoltes’ de La Floresta, que era donde vivíamos. Si me preguntas cuándo empecé a priorizar la afición a la montaña sobre otras cosas, fue hacia los 17 años. Y a los 25 rompí del todo con Barcelona y me fui a vivir a un refugio, al Mallafré, en Sant Maurici.

— ¿Dejó los estudios?¿El trabajo?
– No, no. Estudié el bachillerato y soy serigrafista de oficio desde los 14 años. A través de mi madrina, que era muy amiga de Ángel Camacho, que hacía los carteles de cine de Barcelona, logré entrar a trabajar en la sección de serigrafía de sus talleres. También hice una diplomatura en Marketing, pero lo dejé por la montaña. Evidentemente esos estudios me han servido para todo lo que he hecho luego, en los refugios y como pistero-socorrista en La Molina.

–¿Y eso de ser encargado de un refugio se consigue fácilmente?
– No. No te lo daban así como así. Te hablo ahora del año 1977 y yo solicité gestionar un refugio a la delegación catalana de la Federación Española de Montaña. Tuve que demostrar al comité encargado de esas concesiones que yo conocía la montaña, que había hecho travesías por el Pirineo, que había ascendido a varias cumbres… Y me dieron la gestión del Ernest Mallafré del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici.

–¿No le daba miedo la soledad?
– Nada. Aunque soy una persona muy sociable, me gusta estar solo y caminar por la montaña solo sin ningún problema.

– Usted es guía de montaña desde 1978, pero también puede tener un accidente…
– Has de asumir la parte de riesgo que tienes, pero has de controlar muy bien dónde vas, cómo vas y de qué manera. Tienes que conocer bien el terreno.

– ¿Y no es mejor ir acompañado?
– Sí, sí. Es mejor ir con alguien. Lo aconsejo siempre.

– A inicios de los años 80 encontró a su alma gemela, Núria Burgada, que decidió acompañarle…
– Ella también venía del mundo de la montaña y coincidimos en la Molina. Estuvimos varios años juntos y tuvimos a nuestros hijos, Kilian y Naila.

– Vamos, que de tal palo, tal astilla…
– No, no. Nosotros les dimos a elegir qué querían ser. Kilian escogió la montaña, como profesional, y Naila decidió ser fisioterapeuta, pero también vinculada a la montaña, porque a ella también le gusta, y escala, hace parapente… No se lo inculcamos, sino que salió de una forma natural. De pequeños íbamos a la montaña y hasta donde llegaran. No era cuestión de hacer cumbre porque sí, porque había que llegar a la cumbre, sino que vamos allí y si llegamos arriba, pues muy bien, y si no, no pasa nada. No les forzamos nunca a continuar.

– ¿No le da miedo cada aventura de Kilian?
– Claro que me preocupa, como a usted si su hijo sale de noche y ha de conducir por una carretera que no conoce para ir a una discoteca. La cuestión es conocer tus límites y conocer el terreno que pisas. Y en deportes de riesgo, hay que saber tomar la decisión correcta en el momento crítico. No pasa nada por no llegar a la cumbre. Lo importante es nuestro esfuerzo por intentarlo.

– ¿Cómo lleva no poder ver a Kilian, a Emelie y a su nieta, con esto de la pandemia?
– Es duro, porque tenía que haber ido a Noruega en marzo, cuando empezó todo, y tal como están las cosas no sé cuándo podré verles…

– Volvamos a su faceta de fotógrafo y documentalista. ¿Cuándo le entró ese gusanillo?
– Es una afición que me viene de mis primeras excursiones por el Pirineo con tres amigos ‘escoltes’ más. Debía tener 16 o 17 años cuando preparamos una travesía desde Setcases hacia La Molina y luego hacia Berga. Y le pedí a mi madre una cámara muy sencilla, con la que hice mis primeras fotos en blanco y negro.

– ¿Aquellas de estilo Werlisa o reflex tipo Praktica?
– No recuerdo. Era muy sencilla, de plástico, tipo Instamatic de Kodak o Agfa. Con el tiempo, en cada salida, llevaba una cámara, que cada vez fue siendo más buena. La primera vez que fuimos a Benasque, mi hermano me dejó ¡una Yashica!

– Me hablaba del origen de su afición…
– Como le decía, cuando empecé como serigrafista hacía el revelado de las fotografías. Y el encargado, además, era aficionado a la fotografía y al cine, y eso me ayudó. Más tarde, un año que íbamos a estar de vacaciones en Benasque, alquilé una cámara de cine de 8 mm e hice una primera película, que no me salió muy bien, con veladuras y tal. Pero me gustó tanto, que me compré una de aquellas de tres objetivos, que me sirvió para filmar una excursión a los Alpes y la subida al Mont Blanc.

– ¿Qué edad tenía en esa ascensión?
– 20 años.

– Era muy joven…
– Sí. En aquella época éramos así. En la colla de Sant Cugat había otros tres chavales con 17 o 18 años. Y subimos todos juntos. Pues lo que te decía, que me aficioné al cine, y del 8mm pasé al Super 8mm, con una Sanyo. Y también una empalmadora, para cortar y montar planos. En realidad era más fotografía que cine. No tenía mucha idea.

– Bueno, como todos los aficionados cuando empezamos…
– Hacía mis pinitos e, incluso, grabé una de las clases de mi mujer, Núria, que estudiaba Magisterio, e incluyó la película en su trabajo de fin de carrera. Pero me faltaba algo. Veía los documentales de Jordi Pons y tenían una forma muy atractiva de explicar una historia. Y supe que necesitaba aprender un poco más.

– ¿De qué año me habla, más o menos?
– Hacia 1993 y 1994. Un día vi un anuncio del Centre d’Estudis Cinematogràfics de Catalunya (CECC) y decidí a apuntarme a unos cursos de montaje y fotografía.

– ¿Se apuntó a una escuela de cine con 40 años cumplidos?
– ¿Y por qué no? Habíamos dejado La Molina y me habían dado la gestión del refugio de Cap del Rec. Y en el CECC conocí a profesores estupendos, como el montador Manel Almiñana, con quien colaboré luego en varios cortometrajes, y el director de fotografía Gerard Gormezano. Y José Luis Guerín nos dio alguna clase de dirección. A partir de ahí hice varios cortometrajes más en super 8 mm y también me lié con una cámara de 16 mm.

– Esos son palabras mayores…
– Sí. Hice un par de cosas, ‘La Vall de la Llosa’ y ‘La procesó de Meranges’, pero el 16mm era carísmo y lo dejé. Volví a la fotografía analógica y en cuanto apareció la digital me pasé a ella. Luego, también, empecé con el vídeo digital. Así he rodado en HD ‘La Gran Volta al Toubkal’, ‘Aladaglar’, ‘Muntanyes de Llum’ y ‘La casa dels Esperits, 238 Km en solitari en territori
Mapuche’, sobre el volcán Rukapillan, en Chile. También he colaborado en algunos de los documentales de Kilian, como en ‘El contador de lagos’ [que puede verse en TV-3 a la carta].

– Además de efectuar grandes vueltas a la Cerdanya (con libro incluido), al Toubkal africano y al Rukapillan chileno, ahora está acabando otro documental.
– Yo grabo pequeños documentales que me sirven para ilustrar las conferencias que doy por todo el mundo. Pero es un proyecto muy chulo: la gran vuelta al Mongun-Taiga, un macizo montañoso en la zona oriental de Siberia, tocando a Mongolia. Estuve viviendo allí varios meses, antes de la pandemia. Ya tengo un primer montaje y sólo me faltan algunas voces y detalles.

– ¿Por qué Siberia?
– Es que fuimos con una idea doble: la ruta alrededor del Mongun-Taiga en sí, en la que también participaron un grupo de excursionistas catalanes, y un proyecto de una amiga, Anna Panchischeva, para elaborar queso a partir de leche de yak. Cuando lo explicamos, les pareció muy interesante a la gente de allí e, incluso, a las autoridades locales, que nos ayudaron con ambos temas.

– ¿Podremos ver el documental en alguna tele?
– No creo. Estoy muy desencantado con las televisiones. No las veo interesadas en lo que yo hago. Ahora mismo, en Filmin está ‘Amazigh’, un trabajo que codirigí con Alicia Almiñana, en Marruecos, sobre dos jóvenes bereberes que se preparan para participar por primera vez en una carrera ultra trail. Si alguna cadena o alguna plataforma quiere emitir el de Siberia, bien. Si no, se podrá ver en mi canal de Youtube.

– ¡En Youtube!
– Sí, sí. Unos amigos lo están preparando para que se puedan ver todos mis documentales en un canal propio de Youtube, probablemente vinculado a mi página web: EduardJornet.com

– Aunque usted está jubilado como guía de montaña, no para de viajar por cordilleras de todo el mundo descubriendo nuevos lugares. Y, además, colabora con la Fundación Itinerarium, una entidad que cumple ahora 10 años.
– Colaboro en el diseño de sus Circuitos Inclusivos, unos itinerarios que pueden ser recorridos por todas las personas, incluidas aquellas cuyas capacidades físicas o intelectuales estén mermadas. Son unas rutas señalizadas de forma permanente en diferentes ciudades y pueblos. El primero fue en Llívia y ya hay más de 40 en toda Catalunya, Madrid, Venecia, Chile y Estados Unidos. El próximo, antes de fin de año, será en Tiana.

– Vamos, que no se está quieto. Y seguro qué tiene algún proyecto más en mente.
– Teníamos previsto haber ido este año a Oceanía, a hacer la gran vuelta al Tarawera, un volcán activo en Nueva Zelanda, pero la pandemia lo ha parado todo.

– Dado que viaja continuamente, ¿cómo lo hace para vivir fuera varios meses sin arruinarse?
– Viajar es barato si no te planteas ir a dormir a hoteles de cuatro o cinco estrellas. Mira, yo tengo un presupuesto de 900 euros al mes y sé que no me puedo pasar. Hay jornadas que estoy de ruta y duermo en una tienda en la montaña y no gasto nada. Así, otro día puedo bajar a la ciudad más cercana y estar en un hotelito donde ducharme. Además, siempre hay amigos que te acogen en su casa y te dejan una cama donde dormir.

Fotógrafo y rockero ‘on the road’

Hace casi 40 años que Ferran Sendra (Barcelona, 1958) retrata a estrellas del rock en concierto. Ahora ha querido publicar un libro de fotografías, titulado ‘Rocks on the Road’, donde nos descubre pueblos, detalles y paisajes de Estados Unidos y el Reino Unido que han inspirado grandes canciones de ese estilo de música y portadas icónicas de discos de Pink Floyd, Eagles, Led Zeppelin, Deep Purple o Guns N’Roses.

En el libro podemos ver lugares como la Promised Land, el Cadillac Ranch y las Badlans de Bruce Springsteen; el Misisipí de Johnny Winter; el Memphis de B.B. King; el Nashville de Johnny Cash; la Nueva York de Bob Dylan; la California de los Eagles; los desiertos de Mojave y Death Valley de los U2; las carreteras de Texas de los ZZ Top; callejones que inspiraron a los Clash, a David Bowie y a Lou Reed, y hasta la prisión de Illinois de los Blues Brothers.

Además del vídeo que resume el espíritu del libro, Ferran nos ha respondido a algunas preguntas sobre su triple afición (fotografía, rock y viajes) para los amigos de Nosolocine.net (donde se ha publicado originalmente este texto) y nos muestra algunas de las imágenes que ilustran su libro.

– ¿Cuándo empezaste a hacer fotos de conciertos y por qué?
– Hace tanto que no recuerdo si primero fue hacer fotos y luego ir a conciertos, o al revés. Todo comenzó hacia 1976. Entré en el diario ‘Avui‘ con 17 años. Primero estuve en teletipos y luego en compaginación. Aún no había fotógrafos ni sección de Fotografía, pero con Jordi Garcia-Soler [fallecido el pasado 31 de mayo] empecé a ir y publicar fotos de los conciertos de la época. Básicamente cubríamos los de la Nova Cançó, pero pronto vi que los conciertos de rock internacional que llevaba Gay & Company eran los que a mí me interesaban, porque era el tipo de música que yo escuchaba. Aquellas primeras actuaciones de Lou Reed, Iggy Pop y Eric Clapton, entre otros, aún las recuerdo.

– ¿De qué fotos de músicos estás más contento?
– Es difícil elegir fotos, porque de las que estoy más contento no son las mejores. Las fotos que hice del primer concierto de Lou Reed en el Palacio de Deportes de Barcelona no valen nada, pero con tener una foto de esa noche ya tengo suficiente. Las fotos de los grandes del rock ya desaparecidos les tengo un cariño especial, como las de Frank Zappa, Rory Gallagher, Jerry Garcia, Bo Diddley, Pete Seeger… La lista es larga.

– ¿Cómo se te ocurrió la idea de viajar a los lugares del rock?
– Todo viene de un primer viaje a Londres en 1980. Al ver la Battersea Station de la portada de ‘Animals‘, de los Pink Floyd. Hice aquella foto y empecé a buscar lugares y paisajes relacionados con los artistas y bandas que me gustan. Pero no me he limitado a las portadas. De los videoclips, documentales o biografías sacas mucha información. En el libro hay cosas tan diferentes como la portada ‘Hotel California‘ de los Eagles en Los Ángeles; la estatua de Willie Nelson en Austin (Texas); las ‘Badlands‘ de Bruce Springsteen en Dakota; la tumba de Jim Morrison en París y las casas de los cuatro Beatles en Liverpool. De hecho no es un libro de portadas de discos (aunque hay más de 50), ni de fotos de conciertos. Las fotos de conciertos son la base que hace que todo tenga sentido, pero no son lo más importante.

– ¿Cómo planificastes esos viajes?
– Tengo una libreta donde me he ido apuntando todas las localizaciones que he encontrado. En cuanto tengo unas cuantas, de Chicago, por ejemplo, voy y trato de hacerlas. A veces, con un solo viaje no lo encuentras todo. Nueva York es un caso aparte, no te lo acabas nunca. Esto lo he hecho muy poco a poco. Prácticamente todas las localizaciones son de Inglaterra y Estados Unidos.

– ¿Qué imágenes destacarías?
– Me gustan las que pueden pertenecer a más de un disco o una canción, esas que no tienen una referencia concreta y clara, que se pueden asociar a muchas canciones: imágenes del Misisipí, de Tennessee, los paisajes inhóspitos de la Gran América, aquellas carreteras interminables, desiertos, coches, trenes…

– Para acabar, veo que tienes grandes colaboraciones en los textos…
– Era importante que los textos reflejaran el espíritu que yo quería dar a todo, y necesitaba gente que entendiera el proyecto desde el primer momento, amigos con los que he trabajado y pasado muchas horas. Manel Fuentes, David Castillo, Jordi Vidal y Jordi Bianciotto me conocen bien, han captado lo que quería enseñar y lo han clavado. Sus introducciones ayudan mucho a entender lo que yo he querido contar con imágenes.

Lobsang Rampa, ¿lama reencarnado o ‘fake’ literario?

Esta mañana, mientras intentaba ordenar mi biblioteca por enésima vez, he descubierto algún libro repetido. No son muchos, la verdad.
‘El tercer ojo’, de T. Lobsang Rampa, es uno de ellos. Le hago una foto y se lo comento a mi esposa.

-Mira, tengo este libro de Lobsang Rampa, comprado en 1979, y el mismo, de 1999.

-¿Quién es ese señor?

-¿No sabes quién es Lobsang Rampa? Imposible… Si fue el tipo más famoso en los años 70 a la hora de divulgar historias de espiritualidad budista escribiendo una serie de novelas en las que se hacía pasar por un lama tibetano huido a occidente tras la invasión china del Tíbet.

-Ah. Vale.

La frase, dicha así, sin más interés, mientras vuelve la vista a las páginas del periódico, me da un poco de rabia y me obliga a buscar más información sobre el tema para defender su interés.

De repente veo que el prestigioso diario británico ‘The Guardian’ publicó hace una semana un artículo firmado por David Bramwell, y titulado ‘El lama tibetano que era realmente un fontanero de Devon’.

En resumen, lo que explica el reportaje y también otras fuentes es que ‘The Third Eye’ fue un libro publicado por Secker & Warburg por primera vez en noviembre de 1956, después de que el manuscrito fuera rechazado por otras editoriales que no se fiaban de quien decía ser un monje tibetano llamado Tuesday (‘martes’) Lobsang Rampa.
El famoso expedicionario austriaco Heinrich Harrer, autor de ‘Siete años en el Tíbet’ (1952) (adaptado al cine por Jean-Jacques Annaud y con Brad Pitt como protagonista), pagó a un detective para que investigara quién era Rampa y descubrió que se trataba de Cyril Henry Hoskin (1910-1981), el hijo de un fontanero británico de Plympton (Devonshire), que no llegó a acabar la escuela secundaria. La noticia se publicó en la prensa, pero en lugar de desmentirlo, cuando se le preguntó al interesado, Hoskin no negó ser Hoskin, pero explicó que su cuerpo había sido ocupado por el espíritu de un lama llamado precisamente Lobsang Rampa. Vamos, que se había reencarnado en él.

La familia del interesado asegura que el abuelo de Hoskins fue ingeniero jefe de las obras hidráulicas de Plympton, que sus padres tuvieron un negocio de electricidad y que él fue un niño débil, enfermo de tuberculosis. Por esta razón, dicen, no fue apto para el servicio militar y pasó mucho tiempo desempleado. Tenía ya más de 40 años cuando se ‘destapó’ como escritor.

¿Y de qué iba el libro? La historia, escrita en forma de autobiografía, comienza en el Tíbet durante el reinado del 13º Dalai Lama, cuando Rampa es un niño, hijo de un miembro del gobierno. A lo largo de las páginas, escribe de cómo crece, estudia y aprende tanto las bases del budismo como una serie de habilidades extrasensoriales, especialmente a partir de la ‘inserción’ de un tercer ojo en su frente, que le permite ver auras humanas y saber cómo son en realidad las personas con las que trata.

Es evidente que en esa época, después de la Segunda Guerra Mundial, las enseñanzas del budismo y su ideal pacifista empezaban a calar en occidente.

Al margen de la imagen folclórica de los monjes con túnicas de color azafrán y los cráneos rasurados, el budismo tiene unos 400 millones de fieles en todo el mundo, especialmente desde India y el sureste asiático hasta China y Japón. Una de sus ramas más conocidas es la del budismo tibetano, famosa gracias a la figura del Dalai Lama, que tanto predicamento tiene entre gente famosa, con el actor Richard Gere al frente.

Y parece más que probable que las enseñanzas de Siddharta Gautama, más conocido como Buda, influyeran en el primitivo cristianismo, dado que el nepalí vivió cuatro o cinco siglos antes que Jesucristo (y evito aquí cualquier elemento relativo a la divinidad del segundo).

Los años 50 y 60 fueron muy receptivos a las enseñanzas de las filosofías orientales, que calaron a fondo en el movimiento hippy, por ejemplo. En esa tesitura, ¿qué más daba que Rampa fuera un impostor o no, cuando lo que contaba era lo que la gente quería leer?

Hoy en día podríamos definirlo como literatura de autoficción y nos quedaríamos tan panchos. Y sus lectores, encantados, siguieron sus peripecias en varios libros más: ‘El médico de Lhasa’ (1959), ‘Historia de Rampa’ (1960), ‘La caverna de los antepasados’ (1963), ‘La túnica azafrán’ (1966) y ‘El ermitaño’ (1971). A estos se suman otros textos en los que Rampa mezclaba elementos religiosos, clarividencia y fenómenos paranormales. Hubo, uno, ‘Mi vida con el lama’ (1964), del que aseguró le había dictado telepáticamente su gata siamesa. En total, escribió 19 libros.

Pese al éxito popular, la prensa británica no dejó de acusarle de ser un farsante, lo que hizo que el escritor se mudara con su esposa, San Ra’ab, primero a Irlanda, luego a Uruguay y, a final de los años 1960, a Canadá, donde obtuvo la ciudadanía canadiense en 1973. Rampa murió en Calgary el 25 de enero de 1981. Tenía 70 años.

Tanto si fue un lama falso como si no, sus libros influyeron en animar a otras muchas personas a estudiar y divulgar de forma seria y apasionada el budismo tibetano, las filosofías orientales y otras formas de espiritualidad. Recuerdo una reciente charla con Francesc Miralles, uno de nuestros escritores más versados en el tema, en la que comentó: “Es que la gente quería creer en la existencia de Lobsang Rampa no de Henry Hoskin. Por eso le siguieron comprando libros”.

Quizá porque aún nos fascina el personaje ‘The Guardian’ publicó el artículo de David Bramwell y quizá por eso escribo yo estas líneas. Ah… Y casi 40 años después de su muerte, una web mantiene la llama viva del personaje ¡en 36 idiomas!: https://www.lobsangrampa.org/es/index.html

Con posterioridad a la publicación del artículo original, mi amigo Gabriel Jaraba, experto en el tema, me comentó un par de frases, que quisiera añadir. Son estas:

“Mientras Lobsang Rampa escribía sus imaginaciones, ya era sobradamente conocida la figura de Alexandra David-Neel, la gran viajera francesa que fue la pionera en el descubrimiento occidental del Tíbet, que aprendió lo más central y auténtico del budismo tibetano de fuentes originales, pues conoció al XIII Dalai Lama en el monasterio de Kalimpong, ¡en 1912! A su vez, un alemán, Ernst Lothar Hoffmann, recorriendo Asia desde Sri Lanka hasta Tibet, en los años 30, se convirtió en un lama auténtico, conocido como Lama Anagarika Govinda, por transmisión auténtica recibida de su maestro Tomo Geshe Rimpoché. Y en los años 50, el primer estadounidense en ser ordenado monje tibetano fue Bob Thurman, padre de la actriz Uma Thurman y prestigioso profesor de la universidad de Columbia, conocido como Robert A. Thurman, a quien he tenido el honor de conocer».

«Además, recomiendo vivamente la obra de Anagarika Govinda ‘El camino de las nubes blancas’, recientemente reeditada por Atalanta, que muestra los avatares de una búsqueda espiritual auténtica en pos del budismo tibetano”.

Sólo puedo agradecerle a Gabriel, una vez más, sus conocimientos y amabilidad.

Un mago en el tren

A la izquierda, el gandul maleducado. A la derecha, el joven mago.

Estos días estoy yendo y viniendo en tren desde una población situada a unos 70 kilómetros de Barcelona. Me apetece hacerlo así, en lugar de ir en coche, por varias razones: es más barato, ecológico y casi igual de rápido, y encima puedo ir leyendo.
Hoy ha sido un viaje peculiar. De entrada, un gandul como un armario de grande, con camiseta y pantalones cortos, se ha situado una fila por delante y ha colocado sus enormes zapatillas deportivas en el asiento situado enfrente. Ahí tenéis la foto como prueba.
Una señora le ha afeado su conducta en voz alta, pero el elemento ha hecho caso omiso y, como quien oye llover, ha seguido jugueteando con su móvil, sin levantar la vista.
La mujer ha buscado comprensión en los viajeros cercanos, como yo mismo, que hemos atendido a sus palabras, pero sin ir más allá. El individuo me pasaba un par de cabezas, ya comprenderán. Sólo los ha bajado ocasionalmente cuando los agentes de seguridad de Renfe le han obligado. Pero en cuanto marchaban, volvía a las andadas.
Pero lo feo de los pies del tipo en el asiento (algo que parece ser habitual en Cercanías) se trocó en magia por obra y gracia de un ilusionista.
El joven se sentó con su chica en un asiento situado en la fila opuesta y por detrás del mío. Sacó una baraja inglesa y le hizo un juego de cartas a su pareja. Muy pronto, la baraja empezó a cobrar vida y a circular por la zona, asombrando a los espectadores accidentales que estábamos al lado.
Cuatro jóvenes situados a mi izquierda entraron también en el improvisado show. Y una de las chicas (eran tres y un joven) comentó que era actriz y resultó que la pareja del mago y este mismo también lo eran y habían estudiado en la misma escuela de interpretación. Casualidades mágicas.
Yo, que soy curioso por naturaleza, pregunté: «¿Te quieres dedicar a la magia?«. Y el joven: «Ya me dedico. Actúo estos días en el Teatreneu de Gràcia«. «¿Y cómo te llamas?«, inquirí. «Sergi Armentano«, dijo. «Es un apellido de origen italiano», aclaró.
Os aseguro que, por lo que vi en el tren, por su amabilidad y desparpajo, merece la pena ir a verle (aquí, su videobook). Estará en esa sala de Gràcia los domingos del mes de junio.

Fin de una etapa

De izquierda a derecha, Josep Carles Rius, un servidor, Mariàngel Alcázar, Àngels Gallardo, Enric González, Assumpta Sòria y Josep Maria Huertas, redactor jefe de las secciones de Gran Barcelona y Sociedad. La imagen corresponde a la redacción de El Periódico, en  la calle Urgell, en 1984.

Es víspera del 1 de mayo, un día muy apropiado para dejar constancia aquí de este punto y aparte.
En efecto: después de 36 años dejo El Periódico de Catalunya.
Al estar incluido dentro del expediente de regulación de empleo (ERE) que ha llevado a cabo el diario, me toca pasar a la reserva…
Una situación en la que deseo hacer cosas que hacía tiempo que no podía: leer, ir al cine, ver una obra de teatro, escuchar un concierto, exposiciones…
El ritmo actual impuesto por nuestros directivos se acerca bastante al esclavismo y a mi edad yo no daba para más.

Mi amiga Elisenda Pons fotografió la sección de El Día por Delante, de la que fui jefe. Era el año 2003 y aparezco flanqueado por Blanca Espacio y Júlia Barrio (derecha), con José Expósito de blanco (izquierda). Los dos últimos fueron de los mejores becarios que tuve el honor de enseñar, y José aún sigue en el diario.

Pero los jóvenes tampoco lo tienen nada fácil. En parte, también por ellos, por esos chicos y chicas que han sido mis becarios y ahora trabajan allí, he decidido dar este paso a un lado…
Eso no significa que deje el periodismo, ni mucho menos, ni la escritura, a la que me gustaría dedicarme sin las urgencias que imponen actualmente las empresas periodísticas.

Junto al colega Félix Flores, de La Vanguardia, charlando con Steven Spielberg, en la Alhambra de Granada, en 1988, preparando ‘Indiana Jones 3’. Un reportaje y una entrevista que, quizá, hubiera sido imposible si no hubiera trabajado para ‘El Periódico’. 

Tengo varios libros en mente, y una guía de viajes que acabé hace unos días y que os presentaré muy pronto.
Ojo: no dará un euro, como no me da mi ‘Venecia de cine’, pero he disfrutado escribiéndola, y eso me satisface.

Por ahora descarto volver a enrolarme en ningún sitio, aunque es probable que eche una mano a gente maja que lo necesita. Voluntariado, sencillamente.
A los compañeros que han marchado al mismo tiempo les deseo lo mejor, y a los que se quedan en el diario, toda la suerte del mundo. La van a necesitar. Yo seguiré leyéndoles, porque es lo mejor que tiene ‘El Periodico’: su gente.

Albert Bertran captó esta cariñosa imagen mía en la despedida de Antonio Franco, en mayo del 2006, cuando le sustituyó Rafael Nadal. Dos directores que sí pisaban la Redacción.

Os dejos algunas fotos: la primera, arriba, corresponde al año 1984 y en ella aparecen compañeros de primera hora y mi primer jefe, mentor y maestro: Josep Maria Huertas Claveria. Y le cito como mi primer jefe, porque lo fue en el diario Tele/eXprés, en 1979. En ‘El Periódico’ mi primera jefa fue Margarita Rivière. Ambos ya no están entre nosotros y de ambos añoro sus (muy diferentes) formas de hacer periodismo y de ejercer éticamente la profesión.

Fueron mis maestros.

Profesionales así faltan ahora en las redacciones.

José Luis Martín y su ‘Quico jubilata’

Entrevista con el dibujante Jose Luis Martin que vuelve a la viñeta con ‘Quico jubilata’.
La fotografía es de JOAN CORTADELLAS para EL PERIÓDICO

Hace unos días, gracias a Facebook y al colega Ángel Sánchez descubrí que José Luis Martín, admirado dibujante de El Periódico y editor durante muchos años de la revista El Jueves, había rescatado a su ‘Quico el progre‘ en un divertido abuelete, ‘Quico jubilata‘.
Estuvimos charlando un par de horas y, de su amabilidad, salió esta entrevista, que publiqué precisamente en El Periódico.

Los lectores más veteranos de este diario seguro que recuerdan a Quico el progre. Fue el protagonista de la tira diaria que José Luis Martín dibujó para EL PERIÓDICO durante años y que incluso se convirtió en serie de televisión. Quico era un reflejo en clave de humor de la generación que tenía entre 20 y 30 años durante la transición y que ahora se sitúa ya entre los 60 y 70. Como Quico, ahora jubilata.

«Pero yo no estoy jubilado», rechaza Martín. «Durante 30 años he sido editor de ‘El Jueves’: eso quiere decir que he sido dibujante, pero también empresario. O sea, que me he encargado de números, de imprentas y de personal. En el 2011, cuando dejé de serlo, tenía la sensación de que había dibujado poco. Y a mí me gusta mucho dibujar, me lo he pasado estupendamente dibujando. Así que, hace cinco años, me propuse que solo haría cosas creativas: dibujar, pintar, escribir… Y he seguido como colaborador de la revista hasta el pasado mes junio [del 2016], en que me he desvinculado totalmente».
«Estaba cansado del humor de actualidad, pero tenía muchas ganas de hacer humor costumbrista, amable, divertido…»

También, «estaba muy cansado del humor de actualidad, que te obliga a seguirla» reconoce el padre de Quico y también de El Dios. «La he seguido durante muchos años por vocación profesional y personal, pero tenía muchas ganas de hacer humor costumbrista, amable, divertido…».

La desvinculación profesional, por un lado, y la libertad que le da el tener sus dos hijos ya crecidos y la economía doméstica saneada, le llevó a pensar en hacer una tira de un iaio, un abuelete: «Es que mis amigos y yo estamos en esa etapa de los 60 y pocos años, en la que ya tienes algún nieto, con unos hijos treintañeros que van agobiados todo el día, que se están haciendo un hueco en esta sociedad y que trabajan todas las horas del mundo… Seguramente como hacíamos nosotros a esa edad».

Lo dicho. Personas de entre 60 y 70 años, lectores de EL PERIÓDICO desde el primer día, en 1978, con pequeños o grandes problemas de salud, su relación con las esposas… «Todo ese mundo me parecía susceptible de convertirlo en una tira. Y un día se me encendió la bombilla. ¿Por qué no Quico, que había dejado un buen recuerdo, y había tenido muy buena difusión. Esa fue la idea».

LA VIDA DE QUICO

Pero, ¿qué le ha pasado a Quico todos estos años? «Después de dejar EL PERIÓDICO tuvo su propia empresa de publicidad. Le fue bastante bien y llegó a tener 40 o 50 empleados, en aquel momento en que la publicidad funcionaba muy bien. Los hijos se fueron haciendo mayores. Diana, la chica, le salió un poco más progre y antisistema. Mientras que su hermano, Albert, se ha hecho más del establishment, es un alto funcionario, separado y con inquietudes políticas que, como ya iremos viendo, le gusta el poder y ese tipo de cosas.Quico se divorció y se volvió a casar, hace 11 años, con María, que es una mujer que también provenía de una pequeña empresa familiar, un laboratorio. Ya está jubilada y es de ese tipo de mujeres dedicada a temas de crecimiento personal, dietas sanas, la salud, el yoga y esas cosas…»

Y nietos, naturalmente: «Diana tiene dos gemelas, Lluna y Ona. Y Albert, a Gebey, un niño adoptado. María tiene un hija de su primer marido, Alicia, una ejecutiva agresiva y madre de Pol, un adolescente, un ni-ni de los que les cuesta moverse del sofá, y al que veremos con su monopatín. Con esta familia y estos cuatro nietos puedo hacer un retrato divertido de la sociedad que me rodea, y que es lo que intenté en su día con Quico. Observar y sacar punta a la vida cotidiana», explica Martín.
«Publicaré una tira al día en internet, los días laborables, durante un año, para probar»

Y desde el 9 de enero, no para: «Publicaré una tira al día, los días laborables, durante un año, para probar. A ver si yo acabo de encontrar al personaje y si la gente lo acaba aceptando. De momento, solo en internet (Quicojubilata.com), pero con la ilusión puesta en volver al papel». Las tiras también se venden para financiar Humoristán, el museo digital del humor gráfico.

Y para acabar…

«Aquí nos gusta el humor ‘heavy’, duro»

¿Humor y corrección política? Lo que antes era tabú, ahora no lo es (monarquía, militares, religión), pero hay otros temas que sí lo son: marcas comerciales, colectivos, minorías. Es una contradicción, porque en este país nos gusta el humor heavy, el de trinchera. El de este lado quiere que machaques al de enfrente. Y se tiende a hacer un humor corrosivo.

Antes ya lo eran Perich, Ivà… Sí. Eran ácidos, corrosivos y no se caracterizaban por las buenas formas. Eran brutales. Era humor extremo. Como el del Charlie Hebdo, por ejemplo. El humor se basa en la complicidad. Tú dibujas cosas que tus lectores interpretan y comprenden. El problema es que lo que tú haces ahora, rápidamente corre por las redes y lo interpreta todo el mundo.

¿No teme al pirateo en internet? Eso es una epidemia nacional que ni siquiera está observada como problema. Es un desastre. Pero parece que eso solo lo pensamos los autores. Es una muestra más del poco aprecio que se tiene hacia el trabajo de los creadores, que para ellos no tiene ningún valor. Y los políticos no se atreven a legislar, porque les resta votos.

Son baratos

Hace unos días, escribí en el diario lo que ahora os dejo aquí debajo.

«La estrategia de Tele 5, consensuada con la productora Zeppelin, que elabora el concurso de telerrealidad, ha vuelto a dar sus frutos: ‘Gran hermano VIP’ se colocó como líder de los espacios más vistos en la noche del jueves, con 4.343.000 espectadores de media a lo largo de tres horas y pico de programa, sin contar el resumen previo ‘GH vip express’, de algo menos de una hora, que también fue lo segundo más visto.

Y de pura estrategia se puede hablar cuando se monta un escándalo sobre el tono racista, homófobo y machista de dos concursantes, los hermanos Juan y José Salazar, más conocidos como Los Chunguitos, se proclama a los cuatro vientos su expulsión y en un plisplás, tras pedir perdón (lógico) fueron inmediatamente invitados por Jordi González, presentador del ‘reality’, a incorporarse a las tareas de comentaristas de las correrías de sus compañeros, aún en la casa.

Es evidente que Los Chunguitos querían salir de la jaula de Guadalix de la Sierra y lo han logrado. Pero sea por tesón propio o por la labor de los guionistas, sus expulsión hizo aumentar la expectación (a la que no fueron ajenos, de manera involuntaria, los medios que se hicieron eco de las quejas de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales y las Juventudes Socialistas) y la audiencia del concurso.

Naturalmente, la entrada de Paquirrín, la fiesta sorpresa a Víctor Sandoval, las peloteras entre Belén Esteban y Olvido Hormigos y el cambio de señores por criados, entre otras cosas, animaron un poco más el cotarro, pero no se puede hablar más que de estrategia de un espacio que había perdido fuelle frente a otras opciones.

Fue un nuevo triunfo para Mediaset».

Y sigue siendo una fórmula que le sale bien a Telecinco. Y barata: paga una pasta gansa a estos señores que le llenan horas y horas de televisión que mucha gente ve. Ahora el pobre Kiko Rivera ha decidido abandonar. No sabéis la pena, penita, pena que me da, por dios.

Porque, aunque nos os lo creáis, aunque a mi personalmente no me guste, ese tipo de programas son líderes de audiencia. Si no, que le tosan al resumen diario que presenta Raquel Sánchez Silva, que está barriendo al resto de competidores con un montaje, bien editado, de las tonterías que han hecho los habitantes de esa casa durante las 24 horas previas.

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