El blog del periodista Txerra Cirbian

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Candice Renoir, una poli francesa muy diferente

Les voy a confesar que estos días estoy enganchado a una serie francesa que emiten en el canal AXN a través de varias plataformas de pago. Se trata de ‘Candice Renoir‘ y lleva ya la friolera de nueve temporadas en antena, desde el año 2013. La protagonista es una peculiar oficial de policía (una comandante, en su escalafón, situada por encima del capitán de la brigada, ayudante directo suyo), la Candice del título, una mujer separada y con cuatro hijos, a quien da vida la actriz Cécile Bois. Este artículo lo publiqué originalmente en Nosolocine.net

Esta no es la única serie francesa protagonizada por una mujer policía, toda una tradición en el país vecino. Entre las últimas, destacan dos de ellas: ‘Los crímenes de Cassandre‘, con las peripecias de la seria comisaria Florence Cassandre (la actriz Gwendoline Hamon) en la zona de Annecy, al norte de los Alpes; e ‘Inspectora Marleau‘, con Corinne Masiero en el papel de esa excéntrica oficial de la gendarmería, una especie de Colombo con sempiterno gorro ruso en la cabeza. Ambas producciones echaron a andar en 2015 y siguen en antena con bastante éxito. Las tres intérpretes son actrices veteranas y han superado los 50 años.

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Queridos camaradas

Hace unos días se estrenaba en salas comerciales ‘Queridos camaradas’, la última película de Andréi Konchalovsky, hermano mayor del algo más famoso y premiado director ruso Nikita Mijalkov, que pasó con cierta discreción por Hollywood, donde rodó filmes como ‘El tren del infierno’ y ‘Tango y Cash’. El filme recrea con seca precisión, en un ascético blanco y negro y encuadre académico, la masacre de Novocherkassk (1961). Con el título de «El desencanto hacia el comunismo de Estado», escribí originalmente este artículo en Nosolocine.

Lo hace a través de la mirada de un cuadro del Partido Comunista local (una espléndida Yulia Vysotskaya, esposa del director), militante nostálgica de estalinismo pero que acaba desencantada cuando sus ideales (y la posible muerte de su hija) chocan con la cruda decisión del Gobierno soviético del ‘aperturista’ Nikita Jrushchov: disparar contra los trabajadores de una fábrica en huelga y eliminar todo rastro de esa masacre.

De ‘Queridos camaradas’ ya ha escrito aquí mismo, en Nosolocine, el amigo José López. Y coincido con él en la admiración hacia esta obra mayor de Konchalovsky, un cineasta que a sus 83 años muestra la otra cara del totalitarismo comunista, ese que los idealistas de izquierdas empezaron a ver años después de esa masacre con la Primavera de Praga y que ahora mismo ponen de relieve las insólitas manifestaciones que se están produciendo en Cuba por motivos bastante similares a los de ‘Queridos camaradas’: la escasez económica y la ceguera de las autoridades ante los deseos de libertad y de poder expresar su oposición al régimen, sin miedo a ser detenidos, apaleados o muertos. Y esto, aún reconociendo que el bloqueo de EEUU hacia la isla es el causante de gran parte de sus problemas.

Desde un punto de vista de los ideales de las izquierdas, en que la democracia popular es aquello a lo que se desea llegar, ¿cómo es posible que los militares que han de defendernos de los tiranos y poderosos, sean obligados a disparar contra el propio pueblo? ¿Por qué las nuevas élites comunistas utilizan el vocablo “contrarrevolucionario” para definir a quienes no comulgan con sus ideas?

La película de Konchalovski nos quita una vez más la venda de los ojos y nos descubre que el comunismo sin democracia ni libertad de expresión es otra forma de totalitarismo represivo. Es el desencanto hacia ese comunismo de Estado en que derivó la extinta Unión Soviética, un sistema político y administrativo que poco tiene que ver con los ideales que pretenden conseguir una sociedad más justa e igualitaria. Unas ideas en las creían los grandes pensadores italianos Antonio Gramsci, Palmiro Togliatti y Enrico Berlinguer, y los comunistas que lucharon contra el franquismo y por traer la democracia a España.

‘Caronte’, el mejor Roberto Álamo

Roberto Álamo, protagonista de la serie ‘Caronte’.

Seguro que el lector recuerda el físico potente del actor Roberto Álamo (Madrid, 1970), a quien estos días podemos ver en ‘Caronte’ (Cuatro), metido en la piel del abogado penalista Samuel Caronte, un expolicía que se pasó varios años en prisión. Hace ya un mes que la cadena de Mediaset empezó a emitir esta serie, que prolonga así su estancia primigenia en Amazon Prime Video, donde se estrenó hace ya un año. Este artículo lo publiqué originalmente en Nosolocine.

La serie ‘Caronte’ no sería lo que es sin la mirada y el gesto de este actor de cráneo rasurado y barba corta que logró la popularidad gracias a su personaje de Juan de Calatrava en la serie ‘Águila Roja’ (2009). Pero Álamo ya tenía una amplia carrera detrás, primero teatral con la compañía Animalario, la de sus amigos Alberto San Juan y Guillermo Toledo, donde triunfó con la premiada obra teatral ‘Urtain’.

El cine le descubrió gracias a David Serrano, que le incorporó a su comedia ‘Días de fútbol’ (2003), junto a San Juan y Fernando Tejero. Y luego intervino en ‘Gordos’ (2009), ‘Una hora más en Canarias’ (2010) y ‘La piel que habito’ (2011), donde Pedro Almodóvar le dio un pequeño, pero jugoso papel. Así, más tarde logró su primer Goya como actor de reparto en ‘La gran familia española’ (2013) y el segundo Goya como protagonista por ‘Que Dios nos perdone’ (2016), donde encarnaba a otro policía, junto a su amigo Antonio de la Torre. Los borda.

Belén López es Julia, la exmujer de Caronte, y Álex Villazán es Guille, el hijo de ambos.

Pero volvamos a ‘Caronte’, cuyo título evoca el mito griego del barquero de Hades, una producción de Big Bang Media, que mezcla intriga policial y casos judiciales. Inicialmente, su protagonista es un policía pasado de vueltas, toxicómano y con problemas familiares (divorciado y con un hijo, pequeño), que acaba penando ocho años en la cárcel por una muerte que no ha cometido. Un personaje que quizá anticipa el agente lleno de dudas que Álamo interpreta en la posterior ‘Antidisturbios’.

Pero ocho años son suficientes para que Caronte se haya reformado, haya dejado las drogas, estudiado Derecho, lograr demostrar su inocencia y lograr sacarse el título de abogado. Y siempre en esa cuerda floja que va de la responsabilidad a que le obliga su nuevo trabajo, intentando siempre frenar su carácter para contener su antigua violencia.

Tras salir de prisión, Caronte ha rehecho su vida, vive en Gijón y tiene nueva pareja, interpretada por la estupenda actriz gallega Marta Larralde (Vigo, 1981, ‘León y Olvido’ y ‘Gran Hotel’). Pero vuelve a Madrid para intentar ayudar a una antigua amiga cuyo hijo está acusado de haber matado a un hincha de un equipo rival, un joven que es íntimo del propio hijo del protagonista, Guille (Álex Villazán), un chaval de 17 años que después de tanto tiempo no quiere saber nada de su padre, alentado por Julia, su madre y exmujer de Caronte (Belén López). Paula (Itziar Atienza), la hermana de Caronte, tampoco tiene muy buena opinión del expolicía, entre otras cosas porque ha de cuidar de la madre de ambos (Julieta Serrano), que padece Alzheimer.

Itziar Atienza es Paula Caronte, y Miriam Giovanelli, la joven abogada Marta Pelayo,

En cada capítulo, Caronte se ve involucrado y va solucionando diferentes casos, no siempre de forma exitosa, junto a Marta Pelayo (Miriam Giovanelli), muy conocida gracias a la serie ‘Física o Química’), una joven letrada de buena familia que logra convencerle de formar equipo, ya que ella posee lo que el valiente expolicía no tiene: educación y contactos. Aurelio (Raúl Tejón), un inspector y antiguo compañero del expolicía, le echará una mano siempre que pueda.

La trama principal recorre los 13 capítulos de esta primera y por ahora única temporada: el protagonista busca pruebas contra quien cree culpable de su desgracia, el comisario Paniagua, inquietante personaje a quien da vida con aterradora ambigüedad el veterano Carlos Hipólito (Madrid, 1956). Como acostumbra a pasar últimamente, los mafiosos rusos y criminales procedentes de Europa del este son aquí los matones de turno.

Carlos Hipólito es el comisario Paniagua, el enemigo del protagonista.

En cada episodio se desarrolla un caso judicial, que Caronte y Marta suelen solucionar satisfactoriamente, aunque el éxito no sea siempre el deseado, como en el tercer capítulo, el de un antiguo compañero de celda del protagonista. Lo cierto es que la serie es entretenida. No en vano ha sido creada por Verónica Fernández, escritora y curtida guionista, cuyo nombre está detrás de series como ‘El Comisario’, ‘El Príncipe’ y ‘Velvet Colección’, entre otras muchas, así como de la reciente ‘Hache’ para Netflix. Y con ella, en el desarrollo de guión han colaborado guionistas como Natxo López (‘Hispania’, ‘Allí abajo’) y Antonio Hernández Centeno (‘Hermanos’, ‘Vivir sin permiso’), con quienes Fernández había trabajado en ‘Ciega a citas’.

Entre los realizadores de la producción se encuentran Joaquín Llamas (‘Antivicio’, ‘Tierra de lobos’), Sandra Gallego (‘Vis a vis’, ‘Los hombres de Paco’, ‘Cuenta atrás’), Alberto Ruiz Rojo (‘Apaches’, ‘La templanza’) y el catalán Jesús Font, bien conocido por series como ‘El comisario’, ‘Gran Nord’, ‘La sagrada família’, ‘Gavilanes’ y ‘R.I.S. Científica’.

En principio, el episodio número seis está previsto que se emita en abierto el lunes 19, en Cuatro. En este capítulo, Paula Caronte recibe una brutal paliza a manos de su marido, Rodrigo, que se da a la fuga. Caronte la acoge a ella y a su sobrina Irene en casa y les ayuda durante el proceso, frente a un juez muy poco sensible. Si el lector no desea esperar y tiene en casa la plataforma Prime Video de Amazon puede verla al completo, y sin cortes publicitarios, claro.

‘The Split’, abogadas y divorcios

El pasado 17 de noviembre, Filmin estrenó la serie británica ‘The Split’. Con el olfato que acostumbra y los datos de visionado de los usuarios, la plataforma española acaba de estrenar este mes de febrero la segunda temporada de esta producción, creada por Aby Morgan.

Esta escritora galesa de 52 años es la autora de una docena larga de obras de teatro y guionista de películas como ‘La Dama de Hierro’ (2011), ‘Shame’ (‘Vergüenza’, 2011), ‘La mujer invisible’ (2013) y ‘Las sufragistas’ (2015). Paralelamente, y desde el año 2000, también ha escrito para la televisión el libreto de filmes y series, entre estas la premiada ‘The Hour’ (2011), ‘Birdsong’ (2012) y ‘River’ (2015).

En 2018 creó para la BBC ‘The Split’ (podría traducirse como división o partición), un drama protagonizado por una familia de abogadas especializadas en casos de divorcio que la crítica inglesa quiso comparar con ‘The Good Wife’ y ‘The Good Fight’. Sin superar a estas dos excelentes ficciones estadounidenses, ‘The Split’ está a la altura, ofrece un buen entretenimiento a base de casos judiciales y tramas sentimentales de sus personajes, especialmente los femeninos, muy atractivos y bien dibujados.

La línea argumental sigue los pasos de Hannah Stern, una abogada especializada en Derecho de Familia, esa rama del Derecho Civil que incluye los contratos prenupciales, los casos de divorcio y la tutela de los hijos, entre otros temas que aparecen en los diferentes capítulos de la serie. El primer episodio muestra a Hannah en el nuevo bufete de abogados al que se ha incorporado, Noble & Hale, después de abandonar el despacho Defoe, liderado por su madre, Ruth, y su hermana Nina. A este trío de mujeres se suma la hermana menor, Rose, la única que no es abogada, que trabaja donde puede.

A lo largo de los seis episodios de la primera temporada los casos que trata Hannah y sus colegas se centran en un cómico que pelea con su ex-mujer por la custodia de su hijo; un hombre que quiere dejar a su esposa después de 20 años de matrimonio; el contrato prenupcial de un jugador de fútbol; la disputa sobre unos óvulos congelados, y la publicación de una lista de hombres apuntados a una web de ligues y que afecta al esposo de una ministra del Gobierno. En la segunda temporada destaca, especialmente, el caso de una pareja de presentadores famosos, en el que ella desea el divorcio del hombre, un tipo deleznable.

En paralelo, la serie teje la red de historias personales de los personajes. Así, Hannah (Nicola Walker) se debate entre el amor a su marido, Nathan Stern (Stephen Mangan), con quien tiene dos hijas y un hijo, y Christie Carmichael (Barry Atsma), un colega del nuevo bufete a quien le une una antigua relación amorosa.

Sus hermanas también tienen sus problemas: Nina (Annabel Scholey) liga con diferentes hombres, mientras se debate entre la bebida y la cleptomanía, y la menor, Rose (Fiona Button), no encuentra su camino, salvo en su novio, James Cutler, un economista muy formal y religioso, llamado Rudi Dharmalingam, con el que planea casarse, aunque no lo tenga del todo claro.

Ruth Defoe (Deborah Findlay) es la madre y matriarca del clan, además de jefa del bufete, que las ha educado en solitario tras un tormentoso divorcio. Su ex marido y padre de las chicas (Anthony Head) reaparece tras años de misteriosa ausencia y desvela varios misterios. en la primera temporada.

Los protagonistas son sólidos actores de la escena y la televisión inglesa, aunque sus trabajos no han llegado a ser aún populares en España. Así, Nicola Walker (1970) es una veterana intérprete de belleza extraña y penetrantes ojos verdes, que ha intervenido en numerosas películas y series. Entre estas destaca la producción de espionaje ‘Spooks’, ‘Last tango in Halifax’ y ‘Unforgotten’.
Mucho menos conocido es su esposo en la ficción, Stephen Mangan (1972), intérprete de la serie de hospitales ‘Green Wing’ y la comedia de situación ‘I’m Alan Partridge’. Su oponente sentimental en ‘The Split’ es Barry Atsma (1972), un atractivo actor holandés, muy popular en los Países Bajos por la telecomedia ‘Rozengeur & Wodka Lime’, que saltó al cine internacional con la película británica ‘Hector y el secreto de la felicidad’ (2014) y de esta, a la serie de la que estamos escribiendo.

Lo cierto es que el conjunto funciona, especialmente los personajes femeninos, muy bien trazados por Aby Morgan y dirigidos con pericia por Jessica Hobbs, una premiada directora neozelandesa que ya había intervenido en la realización de las muy interesantes ‘Broadchurch’ y ‘River’ (ambas, en 2015), y muy especialmente en ‘Apple Tree Yard’ (2017), con Emily Watson y Ben Chaplin. Su buen trabajo al frente de la primera temporada de ‘The Split’ (2018) le valió para ser escogida para dirigir cinco episodios de la última entrega de ‘The Crown’ (2019-2020).

La segunda temporada de ‘The Split’ está dirigida por Joss Agnew y Paula van der Oest, que han filmado tres episodios cada uno. Y aunque se mantiene la mirada femenina de la primera etapa, quizá resulta algo más irregular y descompensada, donde la ambigüedad amorosa y sentimental da paso a opciones y decisiones más tradicionales y menos divertidas. Aún así, no se preocupe el fan, porque habrá tercera temporada de la serie.

Omar Sy, un moderno ‘Lupin’ negro

Entre las diferentes series y películas que ha estrenado estos días la plataforma Netflix, me lo estoy pasando en grande con la titulada ‘Lupin’. Hay varias razones: remite a un detective literario clásico, tiene al simpático actor negro Omar Sy como protagonista y es muy entretenida.

La trama se centra en las aventuras de Assane Diop, un tipo tan hábil a la hora de disfrazarse o camuflarse, que es capaz de planear y ejecutar el robo de un valioso collar del interior del Museo del Louvre sin que le pillen. Algunas escenas retrospectivas muestran la niñez del personaje y la razón que le ha llevado a convertirse en un ladrón de guante blanco, al mismo tiempo que vemos otras escenas domésticas con su hijo y la madre del niño, de la que parece estar separado.

A lo largo de los primeros cinco episodios en que Netflix ha querido dividir la primera temporada, que consta de 10, el espectador comprueba de forma explícita de dónde le viene la inspiración al protagonista, algo de lo que un inspector de la policía pronto empieza a sospechar: Arsène Lupin, el personaje creado por el novelista francés Maurice Leblanc (1864-1941), un escritor coetáneo de Arthur Conan Doyle (1859-1930), autor de las aventuras del famoso detective de ficción Sherlock Holmes.

Y si la primera novela de este último fue ‘Estudio en escarlata’ (1887), el debut del francés se produjo 20 años más tarde con ‘Arséne Lupin, caballero ladrón’ (1907), si bien el personaje ya había aparecido en una serie de relatos publicados en 1905. De hecho, Leblanc era un reconocido escritor de cuentos cortos desde 1890. La saga completa de novelas del Lupin de Leblanc consta de 20 volúmenes, más varias secuelas autorizadas escritas por Pierre Boileau y Thomas Narcejac.

Como el Lupin literario, una especie de Robin Hood que había estudiado Derecho y Medicina, experto en lenguas clásicas e ilusionismo, en boxeo y esgrima, el protagonista de la serie ha sido creado con elementos similares por el guionista George Kay, co-creador de ‘Criminal’, otra serie de Netflix, y previamente, de un par de episodios de la sensacional ‘Killing Eve’.

Así, Assane Diop es un hombre cultivado y experto en arte, que se mete en la piel de un adinerado coleccionista pero que también puede aparentar ser un trabajador de la limpieza e incluso un chorizo de poca monta, capaz también de desembarazarse de un malvado sin contemplaciones, entrar en una prisión y salir indemne de ella, además de mostrar la ternura de un padre con un niño de corta edad.

Un personaje así no podía ser adjudicado a cualquier actor francés. Y el gran acierto de los responsables de la serie ha sido cambiar de raza al Lupin de inicios del siglo XX para vestirle con los rasgos de Omar Sy, el coprotagonista del filme ‘Intocable’, junto François Cluzet, un papel que le proporcionó un César en 2012 y el salto a la fama, después de años en los que había formado dúo cómico con el también humorista Fred Testot.

El actor, de origen mauritano-senegalés, rasgos inconfundibles y metro noventa de estatura, aporta frescura y simpatía al personaje, con toques de acción, drama y comedia. Tras haber participado en pequeños papeles en filmes de producción internacional (‘X-Men: días del futuro pasado’, ‘Jurassic World’, ‘Inferno’), ahora se consagra con esta serie, de la que sale bien airoso. Ahora habrá que esperar a que Netflix estrene la segunda tanda de cinco episodios que completarán la primera temporada de las peripecias de este Lupin moderno.

‘Antidisturbios’ y ‘Gambito de dama’, las mejores series de 2020

Intente el lector el ejercicio de elaborar una lista de las series que más le han gustado este año y verá lo difícil que resulta ser ecuánime. Cada vez más resulta prácticamente inabarcable poder seguir la pista de lo que se produce anualmente en las televisiones tradicionales y, aún más, en las plataformas digitales de pago, donde la abundancia es tal que necesitas una buena brújula para orientar el rumbo y dar con la ficción adecuada a tus gustos.

Como siempre, elegir es optar por filias y fobias personales e intransferibles, aunque las del lector puedan coincidir con las propias. El cronista o el crítico, aporta además elementos de información que decantan esas preferencias hacia un lado u otro.

Para empezar, he hecho una división entre series españolas y extranjeras. Aunque las primeras son muchas menos que las segundas, también he querido incluir mi propio ‘top ten’. Quizá debería haber incluido algunas de las últimas producciones nacionales, como las ’30 monedas’ (HBO), de Álex de la Iglesia, o ‘Dime quién soy’ (Movistar+), con Irene Escolar, pero aún no he podido verlas. Originalmente, este texto lo publiqué en la web amiga de No solo cine.

Producciones españolas

  1. Antidisturbios‘ (Movistar+). Poco más se puede decir de esta magnífica serie policiaca con mucho de denuncia social por parte de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, su coguionista habitual. El primer episodio es una maravilla y el reparto al completo, con Vicky Luengo a la cabeza, está sensacional.
  2. HIT‘ (RTVE). El bombazo juvenil de este otoño. Las peripecias de un profesor atípico en un instituto con un grupo de alumnos de armas tomar. Los protagonistas son Daniel Grao, excelente, y unos jóvenes actores que darán mucho que hablar.
  3. Patria‘ (HBO). Sensible adaptación de la novela de Fernando Aramburu, con Elena Irureta y Loreto Mauleón encarnando a Bittori y Arantxa, las dos amigas enfrentadas por la muerte del marido de una de ellas a manos de ETA.
  4. El Ministerio del Tiempo‘ (RTVE). Sigue siendo la ficción más original del panorama audiovisual español, con sus vueltas de tuerca a la Historia. La esperada cuarta temporada no defraudó en su regreso a TVE en mayo, tras dos años y medio de ausencia, con todos sus principales intérpretes.
  5. Inés del alma mía‘ (RTVE y Amazon Prime Video). Apasionante adaptación de la novela de Isabel Allende. Ambientada en la conquista de Chile, recrea la vida de Inés Suárez de Plasencia, con una estupenda y apasionada Elena Rivera.
  6. La Unidad‘ (Movistar+). Más que interesante muestra del trabajo de la Policía Nacional contra el islamismo radical, de la mano de Dani de la Torre y con Nathalie Poza como la comisaria Carla Torres.
  7. Mira lo que has hecho‘ (Movistar+). La última entrega de la serie creada e interpretada por Berto Romero es la mejor de las tres que integran esta comedia en clave de autoficción, dirigida con habilidad (como la segunda temporada), por Javi Ruiz Caldera.
  8. La línea invisible‘ (Movistar+). Interesante retrato del nacimiento de ETA, de la mano de Mariano Barroso (excelente tambien su previa ‘El día de mañana’), y con Àlex Monner como el primer asesino y luego ‘mártir’ etarra Txabi Etxebarrieta.
  9. Caronte‘ (Telecinco y Amazon Prime Video). Las peripecias de un expolicía que pasó por prisión, reconvertido además en abogado penalista, merece la pena sólo por ver de nuevo en acción a Roberto Álamo (también, estupendo, en ‘Antidisturbios’).
  10. La casa de papel‘ (Netflix). La penúltima temporada de la serie de los atracadores de bancos vestidos de rojo y con careta de Dalí fue tan entretenida como frustrante: han alargado el chicle hasta la próxima y última entrega, según aseguran. Pero no la podíamos dejar fuera de este listado.

Producciones internacionales

https://youtu.be/w-fJaQitvS8
  1. Gambito de dama‘ (Netflix). Es la sorpresa de la temporada, creada por Scott Frank y Allan Scott y protagonizada por la fascinante Anya Taylor-Joy, todo un descubrimiento… y el deseo irrefrenable de volver a jugar al ajedrez.
  2. El colapso‘ (Filmin). Dura e impresionante miniserie francesa, creada por el colectivo Les Parasites (Jérémy Bernard y Guillaume Desjardins), que plantea un futuro distópico tan factible como próximo. Los ocho episodios, con historias independientes entre sí, aunque emperentadas, fueron rodadas en planos secuencia.
  3. Unorthodox‘ (Netflix). Otra miniserie imprescindible, como la anterior, basada en las memorias de Deborah Feldman, que narra la huida de una chica judía del interior de una asfixiante una comunidad jasídica de Brooklyn. El trabajo de la bajita protagonista, Shira Haas, es gigantesco.
  4. The Mandalorian‘ (Disney+). Las peripecias del guerrero de la máscara y un pequeño Yoda son el mejor regreso que se podía pedir al explotado universo de ‘Star Wars’ de la mano de Jon Favreau. Hasta el penúltimo episodio no hemos podido ver (por fin) la cara de Pedro Pascal.
  5. The Crown‘ (Netflix). La cuarta temporada de la vida de los Windsor ha supuesto la irrupción del personaje de Diana de Gales (estupenda Emma Corrin) a la familia real británica y de Margaret Thatcher (una Gillian Anderson un poco pasada de vueltas) como primera ministra.
  6. Todas las criaturas grandes y pequeñas‘ (Filmin). Una miniserie británica de la de buen rollo, con las historias de un trío de veterinarios de un bonito pueblo de la campiña inglesa. Basada en unos populares libros de James Herriot, la protagonizan Nicholas Ralph y Samuel West.
  7. Halt and catch fire‘ (Filmin). La apasionante historia de un grupo de informáticos que, a inicios de los años 80 del siglo pasado, transformó los pesados computadores empresariales en los ordenadores personales actuales.
  8. Little Fires Everywhere‘ (Amazon). De nuevo Reese Witherspoon, en su doble papel de productora e intérprete, sirve un potente drama familiar, con duelo actoral con Kerry Washington, una fotógrafa afroamericana que recorre EEUU con su hija adolescente y un misterio a sus espaldas.
  9. Adult Material‘ (Filmin). Una dramedia sobre el mundo del cine porno, centrado en la vida cotidiana de una ya veterana (¡treintañera!) estrella del cine X que ha de reconvertirse. Hayley Squires, a quien vimos en ‘Yo, Daniel Blake’ es la curiosa protagonista.
  10. La ruta del dinero‘ (Filmin). Estupendo ‘thriller’ financiero escandinavo, que cuenta con Jeppe Gjervig Gram, uno de los responsables de la prestigiosa ‘Borgen’, como cocreador de esta serie sobre los trapos sucios de los directivos de una empresa de energías renovables.

Cineastas españoles en Venecia

Estos días en que siento la nostalgia viajera y en que los cines siguen cerrados en Barcelona, he querido volver a arrimar el ascua cinéfila a la sardina viajera y volveros a hablar de Venecia. Hay varias razones. La primera, el fallecimiento, ayer de Jan Morris, la mejor escritora de viajes, cuyo libro sobre Venecia es todo un referente (podéis leer aquí lo que ha escrito el colega Jacinto Antón, que la entrevistó hace unos años). La otra es que dos directores españoles (¡dos, y en plena pandemia!), Álex de la Iglesia y Paula Ortiz, están rodando en la ciudad de los canales. Una buena noticia que me permite recordar a un tercero, el pionero, hace unos años: Jordi Torrent. Este artículo se publicó originalmente en Nosolocine.net

Vamos por el primero: Álex de la Iglesia está filmando ‘Veneciafrenia‘. Es la primera entrega del sello ‘The Fear Collection‘, una serie de películas de terror impulsadas por el director vasco con su productora, Pokeepsie Films, apadrinado por Sony Pictures España y Amazon Studios. Eso le augura una buena distribución en cines (si la pandemia lo permite) y en la conocida plataforma digital de pago.

Al parecer, la historia se centra en un grupo de turistas españoles que viajan a Venecia con la intención de divertirse y acaban metidos en una pesadilla y luchando por salvar la vida. Ingrid García Jonsson encabeza un reparto que incluye a Silvia Alonso, Goize Blanco, Alberto Bang, Cosimo Fusco, Enrico lo Verso, Caterina Murino y Nico Romero, entre otros actores.

La primera vuelta de manivela (usando terminología analógica) se dio el pasado 5 de octubre en la ciudad italiana y se prolongarán durante siete semanas en localizaciones venecianas (callejuelas estrechas, plazoletas no demasiado transitadas, el mercado de Rialto y algunas paradas de vaporetto del Gran Canal) y en Madrid (básicamente en estudio). El propio De la Iglesia se despedía esta semana de esos exteriores con un tuit en que decía “últimos días en Venecia”.

Lo original de este filme es que los exteriores se han rodado en la capital del Véneto, algo inusual en la cinematografía española. De hecho, únicamente un director español lo había hecho antes: Jordi Torrent, un realizador catalán afincado en Nueva York que rodó en la ciudad, en 2014, ‘La redempció dels peixos‘. Enseguida me centraré en ella. Lo digo, porque, curiosamente, la realizadora zaragozana Paula Ortiz está filmando allí otro proyecto internacional.

La directora de ‘De tu ventana a la mía’ (2011) y de la premiada ‘La novia’ (2015) está en Venecia rodando una adaptación de ‘Across the river and into the trees (Al otro lado del río y entre los árboles)’, una de las últimas novelas de Ernest Hemingway. El gran Javier Aguirresarobe es el encargado de la dirección de fotografía.

Ortiz buscó las localizaciones para esta película a inicios de 2020 y la epidemia que empezó a llegar al norte de Italia hizo que volviera para casa. El rodaje se inició en octubre, hace unas semanas, y el equipo está lidiando con la situación, que volvía a estar complicada en Italia por culpa de la pandemia. La directora lo comentaba así en su Instagram: “lockdown / quarantine / venice / todos quietos hasta ver / standby / seguimos remando desde casa / across the river and into the trees / hemingway”.

El protagonista masculino es el actor estadounidense Liev Schreiber, quien también ha dejado constancia en Instagram de que le encanta la ciudad (“la más bella del mundo, además de Nueva York”) y sus gentes. Medios locales le han fotografiado comiendo pizza y fumando en el balcón de su apartamento.

El digital Deadline fue el primero en anunciar este proyecto durante el Festival de Venecia y citó como otros miembros del reparto a Matilda De Angelis, Laura Morante, Giancarlo Giannini y nuestro Javier Camara, que en enero de 2019 estuvo filmando algunas escenas de la serie ‘The New Pope’ en Roma y en Venecia.

Publicado en 1950, el libro narra las peripecias de un veterano coronel del ejército de EEUU, con problemas de salud, que acude a Venecia a cazar patos y para encontrarse con su joven y aristocrática amante veneciana. La novela incluye claros elementos autobiográficos, ya que Hemingway, cincuentón como su personaje, vivió una temporada en la ciudad de los canales junto con su cuarta esposa, Mary Welsh, y se enamoró (dicen que de forma platónica) durante una partida de caza de Adriana Ivancich, una jovencísima condesa de sólo 18 primaveras.

Además de este filme, Paula Ortiz tenía entre manos un guion sobre santa Teresa de Jesús, coescrito con Juan Mayorga que adaptaba la obra de este último ‘La lengua en pedazos’. El proyecto ha sufrido un traspiés, al habérsele denegado la subvención del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales, ya que se ha «agotado la dotación presupuestaria» de que disponía el ICAA para este año. Un problema que ha afectado a otros muchos conocidos realizadores. No hay dinero.

Pero volvamos al pionero, al primer cineasta español que se atrevió a ir a rodar a la ciudad de los canales: Jordi Torrent, que filmó ‘La redempció dels peixos (La redención de los peces)’ durante el verano de 2013 en Venecia. La película narra el viaje “laberíntico” de un hijo para conocer a su padre, que le abandonó cuando era un niño. Miquel Quer y Lluís Soler, encabezaban el reparto, lleno de actores venecianos. Jose López comentó el filme en su día en Nosolocine.

Torrent, que reside en Nueva York, respondió amablemente a mis preguntas por videoconferencia, cuando le indiqué que deseaba incluirle en una nueva edición de mi guía ‘Venecia de cine’ (2015). Me explicó que había usado como telón de fondo la caótica y laberíntica trama urbana de la ciudad de los canales para describir el proceso interno del joven tras descubrir la identidad de su padre, que oculta aspectos poco claros de su pasado y presente.

En la decisión del director pesó también su amor por la capital veneciana, al hecho de que su esposa, Flavia Galuppo, fuera neoyorquina de ascendencia italiana (además de directora artística de la película) y a que ambos tienen muchos amigos en la región. También me explicó algunos detalles más, que dejo para incluir en el libro y que podréis leer en cuanto se publique.

CODA. Después de publicado este texto, Jordi me ha dejado un amable texto en el apartado de comentarios, que también añado aquí. Dice lo siguiente: «Gracias, Txerra, por incluirme en este bonito artículo. Cómo nota a pie de página te hará gracia saber que la escena del estudio de artista que se ve en ‘La Redención de los Peces’ la rodamos en el estudio del pintor veneciano Bobo Ivancich, sobrino de la Ivancich que enamoró a Hemingway«.

Lo cierto es que Venecia sigue siendo un imán para el cine. Recuerdo que a la hora de afrontar mi ‘Venecia de cine‘ llegué a contar más de un centenar de películas allí rodadas. De ellas, decidí eliminar de la lista inicial más de la mitad que únicamente tenían algún plano puramente veneciano, y me decanté finalmente por una treintena larga. La mayoría corresponden a producciones filmadas ampliamente en la ciudad o cuya importancia a nivel internacional me ‘obligaba’ a incluirlas.

Cuando acabé de redactar el texto, decidí finalizarlo con ‘Effie Gray’ (2014), el melodrama de época rodado por Richard Laxton, con Dakota Fanning, Emma Thompson, Tom Sturridge y Greg Wise. En aquel momento, mis editores me sugirieron un límite de páginas, pero ahora me veré obligado a superarlo, porque no puedo dejar de incluir a estos directores españoles en una próxima edición del libro: Jordi Torrent, Álex de la Iglesia y Paula Ortiz.

‘Todas las criaturas grandes y pequeñas’, una serie de buen rollo

Entre las nuevas series que llegan a nuestras casas a través de la televisión tradicional en abierto o mediante las plataformas de pago vía internet (‘streaming’), hoy les escribo de una serie de las de buen rollo, de las que te hacen disfrutar con sus personajes e historias y acabar cada capítulo con una sonrisa. Se titula ‘Todas las criaturas grandes y pequeñas’ y la acaba de estrenar la plataforma española Filmin.

Se trata de una ficción inglesa actual, ambientada a finales de los años 30 del siglo XX y con todas las características de las mejores producciones británicas: buenos guiones, realizaciones más que correctas, estupenda recreación de la época y con un puñado de actores que saben sacar jugo a sus personajes. Además, les puedo asegurar que hará las delicias de los amantes de los animales, grandes y pequeños, como reza el título. También tiene ese tono agradable y cálido que ya poseía Los Durrell’, que también acoge Filmin.

De izquierda a derecha, AnnaMadeley, Samuel West, Nicholas Ralph, Rachel Shenton y Callum Woodhouse.

Pero vayamos por partes. Primero, la trama, que es una nueva adaptación de los libros de James Herriot (1916-1995), seudónimo del escritor James Alfred Wight, que ejerció durante décadas como veterinario rural en el condado de Yorkshire del Norte, en mitad de Inglaterra.

Se tratan de historias semiautobiográficas que el autor escribió en una docena de libros a partir del año 1969. Fueron tan populares, que lograron incrementar el número de jóvenes estudiantes de Veterinaria, además de dar lugar a un par de telefilmes y una teleserie.

El protagonista es el mismo James Herriot joven, recién salido de la Universidad y que vive en Glasgow con sus padres. Un día le llega una oferta de trabajo en la zona del parque nacional de Yorkshire Dales por parte de un, más bien excéntrico, veterinario llamado Siegfried Farnon. Este vive en un caseron, Skeldale House, con una ama de llaves, la señora Hall, y posteriormente el hermano menor de Farnon, llamado Tristan, un bala perdida.

Las peripecias de todos ellos y sus relaciones con los vecinos, granjeros y ganaderos del condado, más los cuidados que proporcionan desde gatos y perros domésticos a caballos y vacas a punto de parir, conforman el simpático núcleo argumental.

Los veterinarios y el ama de llaves.

La primera adaptación de los libros de Herriot fue una película para la televisión, rodada en 1975, sólo seis años después de la publicación de la obra literaria original. Fue dirigida por Claude Whatham e interpretada por Simon Ward (como James) y Anthony Hopkins (como Siegfried), acompañados de Lisa Harrow, Brian Stirner y Freddie Jones. Su secuela, con otros actores, fue menos interesante, pero la BBC decidió impulsar una serie, que se mantuvo en pantalla de 1978 a 1990, a lo largo de siete temporadas y 90 episodios, con Christopher Timothy, Robert Hardy y Peter Davison al frente del reparto.

La miniserie actual de seis capítulos que llega ahora a Filmin parte del mismo material, pero con nueva savia, con un reparto encabezado por el joven actor escocés Nicholas Ralph (1990), como el joven, ingenuo pero eficaz James Herriot, su primer papel de importancia.

El veterano Samuel West (1966) encarna a Siegfried Farnon, cuya dura apariencia esconde a un tipo noble y generoso. West es hijo del legendario Timothy West y un rostro muy popular en el cine y la televisión inglesa, con trabajos que van desde ‘Regreso a Howards End’ a ‘The Crown’. El tercero en concordia es Callum Woodhouse, que ya interpretó a Leslie Durrell, el hermano aficionado a las armas en la serie de ‘Los Durrell’, le proporciona el toque juerguista a Tristan Farnon.

Callum Woodhouse, el Leslie de ‘Los Durrell’, es aquí el juerguista a Tristan Farnon.

A destacar que esta nueva adaptación ofrece notables toques de igualdad de género y un mayor peso de los personajes femeninos de la trama, empezando por Anna Madeley, como la señora Hall, la ama de llaves, y Rachel Shenton, como la atractiva granjera Helen Alderson.

Como casi siempre en las producciones inglesas, el puñado de actores secundarios ofrece recitales notables que aportan brillantez a sus personajes, aunque sean de corta duración. Y aquí destaca con luz propia la gran Diana Rigg, fallecida el pasado mes de septiembre: aquí hizo uno de sus últimos trabajos, encarnando a la señora Pumphrey, una adinerada dama a cuyo regordete y enfurruñado perro pequinés ha de tratar el joven veterinario Herriot.

Diana Rigg, como señora Pumphrey, y su glotón pequinés.

Finalmente, en el apartado técnico, hay que señalar que los dos primeros episodios están dirigidos por el británico Brian Percival, conocido por su trabajo en la serie ‘Downton Abbey’, la miniserie ‘Norte y Sur’ y las películas ‘A boy called dad’ y ‘La ladrona de libros’.

Ah… y no se pierdan los bonitos títulos de crédito, unos dibujos o pinturas animadas que recuerdan algunas de las portadas de los libros originales y también a estilo de los créditos de la serie ‘Los Durrell’, si bien en este caso fueron diseñados por Alex Maclean mientras que en las ‘criaturas’ la dirección de arte se debe a Thomas Goodwin.

Las aventuras del veterinario inglés ya tienen continuación: el Channel 5 británico estrenará la segunda temporada de la serie el próximo mes de enero. Filmin la emitirá en octubre de 2021, según ha avanzado su director editorial, Jaume Ripoll.

Marianne Sägebrecht, Percy Adlon y los 35 años de ‘Sugarbaby’

El otro día, revolviendo y tirando buena parte de antiguo material de prensa que tenía arrinconado en la casa del pueblo descubrí el referido a ‘Sugarbaby’ (1985), la película que reunió por primera vez al director alemán Percy Adlon y a la simpática y rellenita actriz Marianne Sägebrecht, que cumplió 75 años en agosto. La película, un curioso cuento de hadas romántico moderno, se estrenó en nuestro país hace ahora 35 años.

Nacida en Starnberg (Alemania), ella provenía del mundo del cabaret y del café-teatro, mientras que Adlon (Múnich, 85 años) era coetáneo de directores alemanes tan famosos como Herzog, Fassbinder y Wenders, pero nunca se alineó con ninguno de ellos. Procedente de una familia de hoteleros, no había asistido a ninguna escuela de cine, sino que empezó como actor y luego fue realizador de numerosos documentales para la tele.

En los años 70 conoció a una joven productora que sería su esposa, Eleonore (79 años) y con la que fundó en 1978 una compañía con la que realizaría varios telefilmes y su primer largo de ficción, Céleste (1981), sobre una sirvienta de Marcel Proust que se vería en el Festival de Cannes.

Pero, de hecho, fue la feliz confluencia de Adlon y Sägebrecht la que daría lugar a una exitosa y fugaz trilogía que lanzó a la escena internacional a ambos. El director explicó en su día que ‘Sugarbaby’ nació de dos imágenes relacionadas con su actriz: un día la vio flotando en una piscina con su enorme humanidad, y decidió que sería la apertura del filme; y una noche la vio bailando animadamente un rock en una discoteca, y convirtió la escena en el colofón de la historia.

Entre medio, una simpática trama: la oronda empleada de una funeraria se enamora de un guapo maquinista del metro, interpretado por Eisi Gulp (Múnich, 64 años), un actor callejero, bailarín y artista de circo. Ambos eran debutantes en el mundo del cine. Aprovechándose de que la rubia, elegante y flaca esposa del hombre se ha de ausentar unos días, la sensual y sexi Marianne planea una seducción en toda regla y logra llevarse al chico a la cama.

La comedia se llevó la Espiga de Plata del Festival de Valladolid de 1985 y se estrenó en el Cine Casablanca de Barcelona de la mano del Círculo A, empresa especializada exhibir películas en versión original, subtituladas, y que tenía como programadores a Jaume Figueras y Àlex Gorina, dos grandes de la crónica y la crítica cinematográfica.

Desconozco si se puede ver en alguna plataforma de pago, actualmente. Existe una versión subida a Youtube con subtítulos en portugués y un par de tráilers en alemán.

Pero lo bueno de ‘Sugarbaby’ fue que propició la siguiente película del tándem Adlon-Sägebrecht, un par de años más tarde: ‘Out of Rosenheim’ (1987) que fue afortunadamente rebautizada como ‘Bagdad Café‘, que sería todo un éxito internacional, en parte gracias a la pegadiza canción ‘Calling You‘, interpretada por Jevetta Steele. Los lectores pueden ver la película en Filmin.

La historia, coescrita por Adlon y su esposa Eleonore, narra la odisea de Jasmin (Sägebrecht), una infeliz y gruesa señora alemana, cuyo indeseable marido deja tirada junto a un motel y gasolinera situados en un paraje desértico del medio oeste de EEUU. Para poder pagarse la estancia, Jasmin se ofrece a trabajar para Brenda (CCH Pounder), la malhumorada dueña del lugar, a la que poco a poco se irá ganando con su afabilidad. Al mismo tiempo, descubre el amor en Rudi, un maduro artista alojado en el motel, interpretado genialmente por el gran Jack Palance, en un papel romántico nada habitual en este actor.

El Círculo A de Figueras y Gorina logró que la película se estrenara en el Cine Casablanca, de nuevo en VOSE, con presencia de la actriz protagonista. El éxito fue tal, que la comedia se mantuvo en cartel año y medio. De rebote, el corto que se exhibía antes, ‘Quizá no sea demasiado tarde’, dirigido por quien firma estas líneas, logró la lotería de mantenerse ese mismo periodo de tiempo, siendo el cortometraje más visto en la historia de las salas de cine catalanas.

Posteriormente, ‘Bagdad Café’ se convirtió en 1990 en una serie de televisión interpretada por Whoopi Goldberg y Jean Stapleton, y dirigida inicialmente por el efectivo Paul Bogart. Pero no tuvo tanta suerte, pese a sus estrellas. Les falló el guión y la gracia del filme original.

Pero como no hay dos sin tres, Adlon volvió a contar con Sägebrecht para ‘Rosalie va de compras’ (1988), una crítica a la fiebre del consumo desaforado en forma de sátira, que resultó fallida. Ambientada en un pueblecito de Arkansas, la actriz interpreta a una alemana casada con un americano (Brad Davis), madre de familia numerosa y empeñada en vivir un tren de vida y de compras que durarán hasta que su tarjeta de crédito tenga fondos.

Fue la última vez que colaboraron actriz y director, que luego se distanciaron. Ella empezó a aparecer como secundaria en algunas películas de Hollywood, como ‘Presidente por accidente’ (1988), de Paul Mazursky, y ‘La guerra de los Rose’ (1989), de Danny DeVito, pero no quiso quedarse en EEUU. Prefirió volver a Europa para rodar ‘Marta y yo’ (1991), de Jirí Weiss, e incluso la patata frita de ‘La vida láctea’ (1992), a las órdenes de Juan Estelrich Jr., un horror pese a contar con intérpretes como Mickey Rooney, Emma Suárez, Jack Taylor y Feodor Atkine.

Desde entonces, Marianne ya no abandonaría el continente europeo e intervendría en filmes tan dispares como ‘El ogro’ (1996), de Volker Schlöndorff; ‘Corazones enfrentados’ (1998), de Jeroen Krabbé; ‘Astérix y Obélix contra César (1999), de Claude Zidi, seguida de varias series, miniseries y filmes para televisión como ‘Lilalu im Schepperland’ y las películas infantiles ‘Pettersson y Findus’, donde es la vecina del primer protagonista. También ha sido la decidida cocinera de la saga ‘Marga Engel’ y una secundaria habitual de la policiaca ‘SOKO München’. La actriz no ha parado de trabajar, ha recibido diversos premios en su país natal, pero no ha vuelto a tener el protagonismo ni el éxito de ‘Bagdad Café’.

A su director le pasó tres cuartos de lo mismo. Percy Adlon optó por la senda del cine independiente y los documentales. Tras el relativo fracaso de ‘Rosalie va de compras’ filmó ‘Salmonberries’ (1991), una curiosa historia de amor protagonizda por K.D. Lang. La trama, centrada en la peripecia de una joven esquimal, huérfana y andrógina que trabaja como minero en Alaska, fue coescrita por Adlon y su hijo Felix. La cantante canadiense le pidió a Adlon que le escribiera un guión a su medida, después de que el realizador la dirigiera en el videoclip de ‘So in love’.

Posteriormente, ‘Younger and Younger’ (1993), ‘Hawaiian Gardens’ (2001) y ‘Mahler auf der Couch’ (2010), han sido sus posteriores filmes de ficción más notables. La tercera, codirigida con su hijo Felix, ha sido su último trabajo. Desde hace años vive retirado con su esposa en California.

En cuanto a Felix Adlon, este es más conocido por ser el exmarido de Pamela Adlon, la cómica que ha escrito e interpreta la serie ‘Better Things’, donde encarna a una mujer madura y divorciada que vive entregada a la educación de sus tres hijas mientras intenta seguir adelante con su carrera de actriz. Vamos, como la vida misma.

Retrato de tres amigas ‘millennials’

Ya están en Amazon Prime Video tres de las cuatro temporadas de ‘The Bold Type‘, una de las series que fue toda una sorpresa hace tres años, bien calificada por la crítica y situada entre las mejores del 2017, pero de la que yo no había oído hablar hasta que… Bueno, mejor os lo cuento desde el principio, porque esta producción del canal Freeform no parece la más idónea para mi ‘target’, pero la estoy disfrutando en familia.

La cosa empezó con una charla entre amigos sobre la lista de series que le han gustado más a José López estos últimos meses y siguió con el comentario de la hija treintañera de uno de nosotros, que estaba enganchada a ‘The Bold Type’.

Lo primero que se me vino a la mente fue la palabra ‘bold’ usada en tipografía, que no es sino la ‘negrita’ de toda la vida, con la que se resaltan términos y se destacan frases y párrafos.

La chica nos explicó de qué iba la trama: la vida personal y laboral y las relaciones de tres amigas veinteañeras (‘millennials’) que viven en Nueva York y trabajan para una revista femenina ficticia de tirada mundial, llamada ‘Scarlet’.

Con cierta desconfianza no exenta de curiosidad, pensando que me iba a enfrentar a una versión renovada de ‘Sexo en Nueva York’, empecé a ver el capítulo piloto junto a la parte femenina de la familia que, reconozco, se enganchó a la serie a los pocos minutos.

La trama sigue los pasos de Jane Sloan (Katie Stevens), Kat Edison (Aisha Dee) y Sutton Brady (Meghann Fahy), aunque también se incide en la vida de la directora de la revista, Jacqueline Carlyle (Melora Hardin), una presencia notable a lo largo de la ficción.

Tiene su razón de ser: esta ‘dramedia’ (comedia dramática) está creada por Sarah Watson, la guionista de ‘Parenthood’, inspirada en la vida y carrera de la premiada periodista Joanna Coles, que fue responsable de la revista Cosmopolitan (2012-2016) y directora de contenidos de la compañía Hearts. Como curiosidad, el marido de Melora Hardin en la realidad, Gildart Jackson, encarna esporádicamente al esposo de ficción de Jacqueline.

Filmada en Toronto, Montreal y en Nueva York, la historia se inicia con las tres amigas vestidas de fiesta y a punto de gritar como locas al paso de un metro para desahogarse. Un ‘flashback’ explica que Jane acaba de pasar de ayudante de redacción a redactora de la revista; que Sutton es la secretaria de una ejecutiva que aspira a trabajar en el departamento de moda; y que Kat es la responsable de redes sociales de la publicación.

Las tres actrices principales, que también son estupendas cantantes según sus currículos, tienen 27, 26 y 30 años respectivamente. Stevens tan solo había rodado una serie previa, ‘Faking It’, mientras que la australiana Dee protagonizado algunas más, destacando en ‘Chasing Life’. Fahy, la mayor, ha pasado por Broadway y ha intervenido en papeles episódicos de diferentes series y telefilmes, con ‘One Life to Live’ como la más larga, hasta llegar a ‘The Bold Type’, donde su personaje es quizá el más complejo.

Producción de buen rollo, de esas que no dejan mal sabor de boca, en la que las tres amigas se ayudan sin competir, puede engañar de entrada: sus protagonistas son guapas y viven bien gracias a su trabajo en un entorno laboral sofisticado, pero toca todo tipo de temas, desde los problemas laborales y de desigualdad salarial, hasta las reivindicaciones feministas sin complejos (el tema del cáncer de mama está muy bien tratado) y el acoso sexual, que se desarrolla en el sensible décimo y último episodio de la primera temporada.

La sexualidad está tocada desde el punto de vista de las chicas: ellas son las que aman, mandan, dudan, toman y dejan a sus parejas. Mientras una inicialmente apocada Jane empieza una apasionada relación con un colega, Sutton mantiene un idilio en secreto con Richard Hunter (Sam Page), un abogado de la revista. A su vez, Kat conoce a Adena El-Amin (Nikohl Boosheri), una fotógrafa árabe que le plantea dudas sobre su propia identidad sexual. Que la primera sea mulata y la segunda sea musulmana y lesbiana al mismo tiempo (no recuerdo un personaje así en una serie americana) facilita (ligeras) referencias la racismo en EEUU y los problemas de los inmigrantes.

Estamos pues ante una entretenida serie que agradará a la parte femenina y más joven de las familias, y que puede hacer pensar y reflexionar a la parte masculina. Es muy entretenida, algo a tener en cuenta, pero menos superficial de lo que podría parecer… Y al estar ambientada en el mundo de la prensa (la de papel y la digital) supone un ‘bonus track’ para quienes profesamos el oficio del periodismo.

El cine que le gustaba a Woody Allen

Desde mediados de mayo, los aficionados al cine pueden encontrar en las librerías, y en castellano, ‘A propósito de nada’, la autobiografía de Woody Allen. Seguramente, hay pocos cinéfilos que no la hayan leído y disfrutado ya, y pocos colegas que no hayan hecho su crítica, con la palabra “polémicas” incrustada en casi todos los titulares que he visto.
Pues bien: aquí NO voy a referirme al TEMA del que todo el mundo ha hablado o escrito, sus relaciones con Mia Farrow. No me da la gana.

‘Annie Hall’

Estas memorias son tan amplias (y dispersas), abarcan tantas parcelas de la vida y carrera del pequeño cómico judío, que resulta difícil realizar un comentario poco extenso. Seguro que mis amigos de Nosolocine escribirán sobre el libro en algún momento, porque sé que les ha gustado tanto como a mi. Hay tal la infinidad de datos, personajes y anécdotas (no dejen de leer lo que explica sobre Diane Keaton, ‘Annie Hall’ y los premios Oscar), que resulta casi inabarcable.

Por esa razón, me quiero centrar en algo muy cinéfilo, algo que muchas veces nos intriga y que los periodistas solemos preguntar a los cineastas cuando les entrevistamos: qué directores y películas les han influido a ellos a la hora de ponerse detrás de la cámara.

Así, en los primeros capítulos del libro hay una página en la que Woody Allen cita los filmes que ha visto y los que no, los que le gustan y los que no. Y lo que escribe no deja de sorprenderme…

‘Armas al hombro’

“No he visto ‘¡Armas al hombro!’ ni ‘El circo’, de Chaplin; tampoco ‘El navegante’, de Buster Keaton. Jamás he visto ninguna de las versiones de ‘Ha nacido una estrella’ (…), ni ‘¡Qué verde era mi valle!’, ‘Cumbres borrascosas’, ‘Margarita Gautier’, ‘La dama de las camelias’, ‘Ben-Hur’, ‘El secreto de vivir’, ‘Caballero sin espada’, ni muchas otras”, asegura el realizador. Y añade: “No es mi intención menospreciar ninguna de esas obras, sino poner de manifiesto mi ignorancia y el hecho de que llevar gafas no convierte a nadie en una persona especialmente culta, ni mucho menos en un intelectual”.

Y de la misma manera, también dice haber visto “una buena cantidad de películas” y bastantes filmes extranjeros, aunque sigue creyendo que su gusto “os sorprendería”. Por ejemplo: “Prefiero Chaplin a Keaton. Eso no encaja con las preferencias de la mayoría de los críticos y estudiantes de cine, pero a mí Chaplin me parece más gracioso, aunque Keaton era mejor director”. Y para él, Chaplin es más gracioso que Harold Lloyd: “Este ejecutaba grandes gags visuales de forma brillante, pero nunca consiguió entusiasmarme”.

‘Vértigo (De entre los muertos)’

No se considera un fan del famoso Lenny Bruce ni tampoco le gustaba en exceso Katharine Hepburn: “Estaba estupenda en ‘Larga jornada hacia la noche’ y en ‘De repente, el último verano’, pero muchas veces me resultaba demasiado artificial. Cuando se veía en apuros siempre recurría al llanto. En cambio, adoraba a Irene Dunne y a Jean Arthur. Spencer Tracy siempre me parecía muy creíble, salvo en ‘La impetuosa’”, con Hepburn, precisamente.

Y Allen añade poco después: “Me limito a señalar unos pocos productos culturales icónicos que sorprendentemente no representaron tanto para mí como para el público en general. Como ‘Con faldas y a lo loco’ o ‘La fiera de mi niña’, que no me hicieron gracia. Tampoco me gusta ‘¡Qué bello es vivir!’ Francamente, me encantaría estrangular a ese cursi ángel de la guarda. Jamás pude creerme ‘Tú y yo’. Adoraba a Hitchcock, pero no hay manera de que pueda ver ‘Vértigo’. Estoy loco por Lubitsch, pero ‘Ser o no ser’ no me parece nada divertida. Sin embargo, ‘Un ladrón en la alcoba’ me parece una maravilla, un huevo de Fabergé”.

El cineasta confiesa que le encantan los musicales, pero no le gusta ‘Un americano en París’. “Nunca me reí con Eddie Bracken, Laurel & Hardy ni con, Dios no lo permita, Red Skelton. Por supuesto que los hermanos Marx y W. C. Fields son lo mejor de lo mejor (…). ‘El gran dictador’ y ‘Monsieur Verdoux’ no me parecen ni remotamente graciosas. Desde luego que ver a Chaplin pateando ese globo terráqueo por el aire no me parece de ninguna manera un ejemplo de genialidad cómica. Pero a quién le importa lo que yo piense: todo es cuestión de gustos”.

Hay quien se llevará las manos a la cabeza, pero yo entiendo a Woody Allen: a todos no nos gusta lo mismo. Muchas veces, los críticos nos esforzamos por animar a la gente a ver ciertas películas que nos entusiasman, pero a las el público apenas va a ver. En cambio, tendemos a destrozar aquellas que suman éxitos de taquilla, como ocurre con las de Santiago Segura. Recuerde el lector, que la crítica (cinematográfica, teatral, literaria) es un género de opinión con elementos informativos.

No quiero acabar este artículo sin referirme a una reflexión que hace Woody Allen sobre el hecho de rodar, de dirigir, elogiando siempre a sus colaboradores, que –asegura– salvaron más de una vez alguna de sus películas: “Cuando miro a través de la cámara, sé si estoy viendo lo que había previsto. Si no, corrijo algo (…) Si el personaje que estoy filmando camina en dirección a algún sitio, lo seguimos con la cámara, ya que tiene ruedas. Pongo a un sustituto en mi lugar y, cuando el iluminador termina de preparar los focos, ya estamos listos para rodar. Le digo al sustituto que se vaya a tomar una cerveza y me pongo en su lugar. Interpreto la escena que he escrito y la digo como quiero oírla. La cámara rueda y yo grito: «Bien, ¿lo tenemos?». Si no estoy contento con algo, lo repito”, escribe.

Lo que dice parece de sentido común. Parece sencillo de hacer, pero este señor bajito y con gafas ha rodado medio centenar de películas. Alguna es floja, pero ninguna se puede considerar un fracaso en taquilla y entre ellas hay un puñado de obras maestras. ¿Qué más se le puede pedir?

‘Oh My Goig!’, una serie juvenil rompedora de Betevé

Con todo esto de la pandemia, se me había olvidado comentar por aquí el estreno de la cuarta temporada de una de esas series que molan a los más jóvenes y nos escandalizan a (algunos de) los más mayores.

Se trata de ‘Oh My Goig!’, de la productora Camille Zonca de Barcelona, que se emite en el canal Betevé de la capital catalana, pero que podéis ver en Youtube.

Aunque hay muy buenos ejemplos de este tipo de series (Netflix está llena y en PlayZ de RTVE está la excelente ‘Drama’), ‘Oh My Goig!’  «fue pionera en la tele pública a la hora de tratar la educación sexual para jóvenes y adolescentes con una mirada feminista, que combina ficción, contenido pedagógico y debates entre jóvenes», como explican sus responsables.

Entre otros premios, el Festival Zoom de Igualada les galardonó el año pasado. ¿Y de qué van los temas? Pues del poliamor, el embarazo no deseado, la violencia machista en la pareja, el mundo ‘queer’, la transfobia, la precariedad laboral o el fenómeno de las influencers.

A tener en cuenta, además, que sus creadores cuentan con el asesoramiento de psicólogos y terapeutas de entidades como el Casal Lambda, el BCN Checkpoint, la Fundació Althaia o el centro SPOTT de la Diputació de Barcelona.

Entre los más de 30 actores y actrices, destacan los jóvenes Ricard Balada, Jingjing Zhu, Berta Cascante, Enrique Martín, Iker Montero, Tania Tor, Laura Solé, Lara Oliete, Clara Moraleda, Soribah Cessay y los recién llegados Lídice Gura y Abdi Cherbou.

Aída Torrent ha dirigido buena parte de la serie, escrita por Pau Serracant y Camilo Villaverde.

En el canal de Youtube de Betevé tenéis todas las temporadas.

‘Halt & catch fire’, mucho más que una serie de informáticos

El confinamiento a causa del virus de las narices no ha supuesto en mi caso un incremento excesivo de horas de televisión tradicional o streaming, vía internet. Pero el rato que le dedico intento picotear y descubrir cosas. Ayer empecé a ver ‘La línea invisible’, de Mariano Barroso, y tiene una pinta increíble: actores, equipo técnico… Pero la historia del origen de ETA la he tenido a pocos kilómetros de mi casa, en el País Vasco. Y es muy compleja. Esperaré a acabarla. Seguro que José López o alguno de los colaboradores de este Nosolocine os hablarán muy pronto de ella.

Pero, a lo que iba. He descubierto ahora, gracias a Filmin, la serie ‘Halt and catch fire’ , título que hace referencia a un supuesto comando informático que haría que un ordenador dejara de funcionar.

Podría decirse en dos palabras que es una historia de informáticos, pero me quedaría corto. Os la resumo en unas líneas: a inicios de los años 80, un grupo de personas transformó las computadoras, que eran puras herramientas empresariales, en los ordenadores personales que conocemos hoy en día, primero con los PC ‘clónicos’ de los de IBM, luego con los chats, los juegos en línea e internet.

Personalmente, yo he vivido esa época y me han apasionado los primeros ‘trastos’ que llegaron a España: los Commodore, ZX Spectrum, Amstrad, primeros clónicos… Los ‘apple’ eran muy caros (como ahora) y les chiflaban a los diseñadores (como ahora). Y los primeros juegos, desde los marcianitos hasta las primeras aventuras gráficas. Pues todo eso aparece en la serie.

Pero, si a esa trama básica y con referencias históricas, que quizá sólo le podría gustar a un friki de los ordenadores, le añades elementos similares a los de ‘Mad men’, por ejemplo, y colocas un puñado de personajes con fuerza, tendrás un producto de calidad y, además, todo un éxito.

Eso es lo que ha pasado con esta ficción, emitida por la cadena AMC entre 2014 y 2017, y que posee un potente toque femenino (‘empoderamiento’ le llaman ahora) que la hace especialmente atractiva a partir de la segunda temporada, especialmente para las chicas. Los chicos de esta ficción no son ni los mejores, ni los más listos, ni los más adultos. Ellas ganan en peso.

Los personajes principales son Joe (Lee Pace, altísimo y guapo actor, a quien no le favorece el doblaje que le han puesto), un tipo arrogante y engreído, que después de trabajar en IBM, acude a una pequeña empresa para proponerles la idea de esos nuevos PC; Cameron (Mackenzie Davis), una joven prodigio de la informática con un aire inicial a lo Lisbeth Salander (corte de pelo, delgadez, libertad sexual), que es todo un coco de la programación y de primitivos chats y videojuegos; Gordon (Scoot McNairy), un ingeniero informático que fracasó en su día en la creación de un ordenador, pero todo un genio del hardware, y su esposa Donna (Kerry Bishé), que es tan buena como él aunque, por la época, se vea relegada a un segundo plano, que luego cambia.

Todos ellos se ven arropados por excelentes actores secundarios, que completan el magnífico retrato de una época y un sector hoy imprescindible. Hoy hablamos mediantes notas de texto o de voz, y podemos realizar una videoconferencia con nuestras familias y amigos gracias a aplicaciones que personajes reales inspiraron a los creadores de la serie, los guionistas Chris Rogers y Christopher Cantwell (también director de la película ‘The parts you lose’).

Pero hay un toque más: al frente de la dirección de la serie, en cada uno de los inicios de temporada, está nada menos que Juan José Campanella, director y guionista de ‘El mismo amor, la misma lluvia’ (1999), ‘El hijo de la novia’ (2001), ‘Luna de Avellaneda’ (2004) y ‘El secreto de sus ojos’ (2009). Luego, él cede el testigo a otros realizadoras y realizadores, como Karyn Kusama, Johan Renck, Ed Bianchi, Larysa Kondracki, Jon Amiel, Daisy von Scherler Mayer y Terry McDonough. Les puedo asegurar que este equipo le aporta un toque de calidad indudable. Espero que les guste.

Historia de un corto

Esta es la historia de un cortometraje titulado ‘Quizá no sea demasiado tarde’, del que se cumplen 30 años de su exhibición en cines de Barcelona. Lo rodó el autor de este blog y quien firma estas líneas. El texto se ha publicado originalmente en Nosolocine.net

Esta mañana, el amigo José López Pérez me ha tendido una emboscada, aprovechando el asunto este del confinamiento: “¿Por qué no nos escribes lo de tu cortometraje?” ¡Cielos! Es que no sé ni dónde tengo una copia, maldita sea, le aseguro.
Pero Jose, que de vez en cuando me pide ver el corto de marras, insiste: “Sí, hombre. Lo que recuerdes del rodaje y los actores y tal y tal”.

Me deja con el lío en la cabeza y empiezo a rebuscar entre viejos papeles y archivadores. La mayor parte del material utilizado está en la casa del pueblo, donde incluso guardo una copia en Betamax y otra en VHS, más algunos folletos… En alguna parte conservo un CD o un DVD, pero vete a saber. Una copia en 35 mm está guardada en los sótanos de la Filmoteca, y supongo que TV-3 debe conservar otra copia, que en su día usó para emitirlo por televisión.

De repente, entre los cinco o seis discos duros en los que guardo cosas (imágenes, programas y archivos, muchas veces repetidos), encuentro una carpeta con algunas fotos y recortes de prensa escaneados. Y qué sorpresa: ¡hace 30 años mi corto ‘Quizá no sea demasiado tarde’ se despedía del Cine Casablanca de Barcelona, después de haber estado 15 meses en cartel, todo un récord!

Tampoco os quiero engañar: la que estuvo todo ese tiempo era la película de la que mi corto era un simple telonero, pero eso os lo cuento luego. Me pongo pues a rebuscar en la memoria para escribir esta pequeña historia.
Desde que tengo uso de razón me ha fascinado el cine. Y recuerdo las sesiones matinales en Portugalete (Bizkaia), mi pueblo, y los pases dobles en cines de Barcelona cuando vine a estudiar Periodismo con 20 años.

Durante esa década, además de acabar la carrera y trabajar de periodista, fui estudiando cursos de cine donde y como podía. El encuentro con un buen amigo, Armand Rodríguez, fotógrafo y laboratorista, nos llevó a plantearnos escribir un guion de un cortometraje, uno de los pocos métodos que, a mediados de los años 80, tenían los jóvenes cinéfilos de pasar a la industria. Aún faltaban unos cuantos años para que naciera la ESCAC No saben sus alumnos la suerte que tienen.

Entre aquellos aspirantes coetáneos estaba Jesús Font, que rodaba ‘Per molts anys’, un corto con Ramoncín, y Javier Arazola, que hacía lo propio con ‘Un asesinato’. Javier estaría luego en mi equipo, como ayudante de dirección.

Al cabo de varias semanas de dar vueltas al guión, nos pusimos a la tarea de buscar dinero para rodarlo. La historia era sencilla, e incluía un ‘flash back’, una vuelta al pasado de los protagonistas que podía encarecer la producción: un guionista cuarentón, casado y con hijas, recibe la llamada inesperada de una mujer recién divorciada, que fue su amor de juventud, aunque ella nunca lo supiera. Tenía un cierto tono nostálgico y romántico, teñido con un ligero toque de humor.

Con la ayuda desinteresada de mucha gente, especialmente Norberto Rebecchi (1949-1994), crítico del diario que asumió la dirección artística, pusimos en pie un equipo técnico con profesionales como Mitxel Casado (fotografía), Mamen Boué (producción), Fina Sensada (script), Joan Benet (cámara) y Jordi Puig (montaje), entre otros.

Pedí consejo a mi compañero Gonçal Pérez de Olaguer, crítico teatral de El Periódico, que me sugirió varios nombres. Después de algunos contactos, escogimos a Mercè Managuerra y a Jaume Sorribas como protagonistas adultos. Ambos fueron absolutamente amables: no sólo no quisieron cobrar nada sino que aceptaron acudir a un par de ensayos antes del rodaje y a utilizar su propio vestuario.

Para elegir a los protagonistas cuando eran unos jóvenes estudiantes y a sus amigos, habíamos puesto un cartel pidiendo actores en el Institut del Teatre y en algunas academias de interpretación privadas. Hicimos unas pruebas de selección en la casa de Norberto a la que acudieron unas 60 chicas y chicos.

Finalmente, escogimos a los que se ven en la fotografía de grupo: Núria Badia y Marc Cases eran los ‘protas’, mientras los hoy bien conocidos Ágata Roca y Jordi Mollà eran sus amigos. Si sus papeles se hubieran invertido quizá el corto también sería diferente. En aquel momento yo no supe ver sus posibilidades, aunque Jordi ya prometía en su papel de pillo.

Y junto a ellos, algunos actores que aún veo de vez en cuando, como Sergi Calleja, Pepa Lavilla, Emilià Carrilla, María Tresaco, Lamin Cham, Marc Montserrat y Robert Govern, hasta completar el reparto de 19 intérpretes, más unas 30 niñas del colegio del Sagrado Corazón de Sarrià, que nos cedió el patio de la escuela. Entre las pequeñas, Laia Rodríguez, hija menor de mi coguionista.

Jaume Figueras y Àlex Gorina, magníficos periodistas de cine y programadores del legendario Círculo A, nos cedieron amablemente su despacho. Un chiringuito de la playa de Castelldefels sería, además, escenario y zona de cátering.

Todo estuvo listo para los primeros meses de 1988. Contábamos con la ayuda prometida de un conocido director y productor, que aquellos días también iba a filmar un largometraje. Él lo haría entre semana y nos prestaría una cámara y colas de negativo para poder rodar el cortometraje en fin de semana, que es cuando todo el mundo podía currar gratis en la peli.

Y de repente, cinco días antes de empezar, el productor se descolgó. Un drama. ¿Qué hacer? Parábamos todo, cuando todo estaba a punto para el sábado siguiente. Con mi mujer decidimos fundir los ahorros y tirar para adelante.

Rodamos horas y horas durante dos fines de semana, con algunas dificultades añadidas en exteriores: un día de sol espléndido la primera jornada y totalmente nublado la siguiente. Director de fotografía y cámara ajustaron filtros para que no se notara.

Los actores estuvieron sensacionales, y los chicos aguantaron el frío de una mañana soleada de invierno en la escena en que juegan un partidillo de fútbol en la playa.

Pasaron semanas desde el rodaje, montaje de negativo con la veterana Mercè Casas y dejarlo todo a punto para poder presentar el corto en el festival de referencia, el de Alcalà de Henares, y luego en Barcelona e incluso en una sección muy alternativa de San Sebastián. No obtuve ningún premio. Mecachis.

Tocaba intentar estrenar la película y acudí de nuevo al maestro Jaume Figueras. Me facilitó un hueco a finales de diciembre, para acompañar a uno de los dos largometrajes que se iban a estrenar por Navidad en el Casablanca, legendario cine de arte y ensayo de los Jardinets de Gràcia.

Entre los dos títulos, me cayó bien el de Marianne Sägebrecht, una actriz alemana regordeta, de quien había visto una comedia previa, titulada ‘Sugarbaby’ (1985), del mismo director, Percy Adlon. Y aposté por aquel nuevo filme de esta pareja: Bagdad Cafe (1987).

El 21 de diciembre de 1988 se estrenó esta película que, más tarde, llegaría a ser una serie en EEUU sin Marianne ni el gran Jack Palance, que también intervenía, pero con la coprotagonista negra, CCH Pounder. La comedia tuvo tanto éxito, que aguantó nada menos que 15 meses en cartel (algo impensable en la actualidad). La retiraron de cartel con todos los honores el 18 de marzo de 1990, hace ahora 30 años. Y mi cortometraje, aguantó con ella.

Más tarde logré que TV-3 la emitiera un par de veces. No me hice rico, pero pude cubrir la mitad de las deudas generadas, pero no seguí en el cine. Continué haciendo lo que, creo, mejor sabía: periodismo. Y escribir de cine cuando me dejaban.

The end.

Entrevista con Mercè Managuerra

Es una de las actrices más respetadas de la profesión y, al mismo tiempo, menos conocida por el gran público, quizá porque no se ha prodigado en la tele o el cine. Ha pisado muchos escenarios, ha sido profesora del Institut del Teatre durante tres décadas, es productora y acaba de meterse en la piel del judío Shylock en ‘El mercader de Venecia’.

Ahora que podría estar jubilada, Mercè Managuerra ha iniciado la arriesgada aventura de abrir y dirigir un nuevo teatro, el Dau al Sec, donde acoge a compañías jóvenes con ambición y rigor. Es la primera actriz que ha sido capaz de interpretar a Shylock en una reciente versión para cuatro actores de ‘El mercader de Venecia’ y, por ello, recibió el 45º Premio de Teatro Memorial Margarida Xirgu, el galardón de teatro más antiguo de España. Quien esto escribe la dirigió en el cortometraje ‘Quizá no sea demasiado tarde’ hace más de 30 años. Entonces, como ahora, que me recibe en su propia casa, fue muy generosa: “Si lo podía hacer, no tenía un ‘no’ para casi nada”, asegura humilde en esta entrevista, que publiqué originalmente en el diario Catalunya Plural. .

-Como quizá algunos de nuestros lectores no la conozcan, explique cómo llegó usted a ser actriz.

-Siempre me gustó mucho el teatro, desde muy jovencita. Y la literatura catalana. Mi padre me leía poemas de Josep Carné, Joan Maragall, Joan Salvat-Papasseit. Después, estudié Románicas en la Central [Universitat de Barcelona], porque quería conocer también la literatura castellana. Acabé la carrera en 1975, justo el año de la muerte de Franco. También frecuentaba a los Tarot de Quinze, un grupo de jóvenes poetas, como Vicenç Altaió y Jaume Creus. Un día, por casualidad, me encontré a Rosa Novell y a Isona Passola, que había hecho teatro aficionado conmigo, y me dijeron que les faltaba un actriz en la obra ‘Las troyanas’, que iban a representar en la Universitat Catalana d’Estiu de Prada de Conflent. Y así empecé.

-Buen inicio…

-Sí, porque por allí estaban Joan Lluís Bozzo, Anna Rosa Cisquella y gente así. Poco después, Fabià Puigserver nos dijo si queríamos ir con su grupo a hacer ‘Terra Baixa’, de Ángel Guimerà, y más tarde el ‘Quiriquibú’, de Joan Brossa. Era antes del Teatre Lliure, donde yo no estuve. En cambio, fui al Romea, a la tele…

-¿Estudió para actriz en algún sitio?

-Sí, fui al Institut del Teatre a estudiar mimo y pantomima. Quería aprender a trabajar primero el cuerpo y, luego, la voz. Solicité una beca Fulbright y pude ir a estudiar interpretación a EEUU, durante dos años, con la famosa Uta Hagen, que era muy buena maestra.

-Creo recordar que el regreso no le fue fácil.

-Es que yo tenía 35 años cuando me fui y volví con 37. No había muchos papeles para mi edad: aún era joven para hacer de madre y ya era algo mayor para hacer de jovencita. Se me complicó la cosa y se me cortó la carrera. Quizá daba un poco de miedo que hubiera estado en EEUU y que tal vez pidiera más dinero o fuera a preguntar demasiado.

-Pero usted había hecho bastante televisión.

-Sí, sobre todo obras de teatro para el circuito catalán de TVE. Y hasta había producido y dirigido la serie de TV3 ‘En escena: 100 anys de teatre català’. Tuvo 16 capítulos y, en origen, era diferente. Tomaba obras conocidas del teatro universal y director y actores hablaban sobre ellas y las ensayaban. Al final, cosas de TV3, tuve que centrarme solo en autores catalanes.

-¿Volvió a la tele?

-No como actriz. Estuve como directora de actores en ‘La granja’, la telenovela de Joaquim Maria Puyal que antecedía a ‘La vida en un xip’. Hice papeles de reparto en un par de películas (‘El amor es extraño y ‘Una sombra en el jardín) y en tu corto (‘Quizá no sea demasiado tarde’).

-Entonces, ¿dejó de actuar?

-Fue cuando me propusieron entrar a dar clase en el Institut del Teatre. Yo venía de una didáctica, de una formación pedagógica estructurada. La de Uta Hagen, la de Lee Strasberg, con quien había estudiado en París. Y Jordi Coca, el director del centro, me llamó para dar asignaturas como Técnicas de Improvisación, Técnicas de Interpretación, Talleres, Interpretación delante de la Cámara… He estado 30 años de profesora.

-¿Es ese contacto con jóvenes actores lo que le ha llevado a comprar un teatro para ellos?

-Sí, para ellos, y para compañías que quieran investigar y hacer un teatro social y artesanal. Mi primer intento fue en el Teatre Akadèmia. Nuestro ‘star system’ tiene una forma de hacer entrar a los jóvenes actores en el mundo profesional, que era y es TV3. Cuando alguno empieza a despuntar en las telenovelas de la tarde, pronto salta al Teatre Nacional o al Lliure. Son caras que la gente conoce y ponerles en un reparto te asegura un poquito más de éxito. Eso lo hemos notado también nosotros.

-¿En qué forma?

-Bueno… Los chicos de ‘Quëstió d’honor’ [una obra del alemán Lutz Hübner, dirigida por Carla Torres Danés e interpretada por, entre otros, Candela Antón, una de las jóvenes actrices de la serie ‘Merlí’], que han estado en el Dau al Sec, han hecho cuatro veces más taquilla que nosotros, los adultos que hacíamos ‘El mercader de Venecia’ en el Versus Glòries.

-Usted es, creo, la primera actriz que interpreta al judío de ‘El mercader de Venecia’. ¿Cómo se le ocurrió?

-Fue Konrad Zchiedrich, el director de la obra, quien apostó por mí. Había trabajado con él en, al menos, seis montajes a lo largo de 30 años. Me quería rescatar del realismo psicológico que yo había estudiado en EEUU. No le gustaba Uta Hagen. En EEUU no tienen teatro clásico y educan para hacer papeles muy situacionales. En Europa, en cambio, la realidad es diferente, hay teatro clásico y películas de autor. Konrad decía que allí siempre están con el ‘sentimentito’ en un mundo pequeño que no representa la realidad humana.

-¿Cuando le conoció?

-Cuando me convertí en productora. Hubo una época en que, como nadie me llamaba ni contrataba, empecé a producir e interpretar aquellas obras que me gustaban, con directores que a mí me interesaban. Le conocí gracias al actor Jaume Valls. Ambos habíamos estado en Nueva York estudiando con Uta. Yo había hecho ‘El camí de la Meca’, que tuvo mucho éxito, y después nos pusimos a buscar una obra con la idea estúpida de que pudiera gustar al público y por primera vez en mi vida produje una obra así, que fue ‘Anuncis classificats’, una comedia simpática de bulevar. Y Konrad la dirigió. Al cabo de varias colaboraciones juntos, cuando surgió la idea del ‘Mercader’, me insistió para que hiciera el Shylock. Siguió con nosotros hasta que estuvo muy enfermo (falleció en agosto) y seguimos solos, con la ayuda de Mingo Ràfols.

-¿Y cómo afrontó el personaje?

-Bueno, hay actores que tienen la habilidad de copiar muy bien lo externo e imitan a un policía, un carnicero o un carpintero. Yo no la tengo. Me tengo que organizar internamente: es mi dinámica, mi aprendizaje. Pero con Shakespeare tienes solo las palabras y me estaba resultando muy difícil componer el personaje hasta que, un día, Konrad, que me veía ensayar, me dijo que pensara en alguien que tiene los pies planos, que eso quizá me ayudaría. Con esta inspiración, poco a poco, empecé a mover los pies de esa forma, luego las piernas, encorvar la columna… Y después de perder el miedo, fue cosa de lanzarme con el texto para descubrir qué salía.

-El esfuerzo ha valido la pena, ¿no? Le han dado el premio Margarida Xirgu.

-Es genial, pero no te cambia nada la vida. Es un reconocimiento, no como un Oscar y todo el mundo te quiere contratar y sube tu cotización. Pero me he alegrado también por Konrad, porque insistió tanto y tanto, que debe estar contento, allá donde se encuentre.

-Me hablaba antes del Teatre Akadèmia…

-Sí, sí. Como yo veía que en las clases del Institut del Teatre había tan buenos alumnos, pensé que era necesario hacer visible su trabajo. Por eso, cuando entré a dirigir el Teatre Akadèmia en el 2007, uno de mis objetivos principales era dar a conocer a estos actores jóvenes con talento, pero invisibles y desconocidos, en obras de autores que les permitieran trabajar el lenguaje y con directores que fueran también pedagogos. Esa fue una de mis primeras apuestas. Programamos laboratorios de interpretación con maestros internacionales (Anatoly Vasilev, Marie de Clerk, Zaedine Zadeck, Philipe Nguyen y Thomas Richards), además de producir una decena de espectáculos: varias obras de Shakespeare (‘Romeu i Julieta’, ‘Com us plagui’, ‘Falstaff’); ‘Electra’, de Sófocles; ‘Ritter, dene voss’, de Bernhard; ‘La gavina’, de Chejov, y ‘La vida perdurable’, de Comadira, entre otras.

-Usted ha adquirido un teatro, el Dau al Sec. Debe tener una hipoteca enorme…

-Jajaja. Pues no. Lo he podido comprar con los ahorros de toda la vida y 10 años de Teatre Akadèmia. En el 2007, Elsa Peretti, una gran amante del teatro que me admiraba mucho, decidió comprar el Akadèmia y me ofreció dirigirlo. Tuve una libertad total, hasta los dos últimos años. Fue el momento de marchar y que cada una siguiera su camino.

-Menos mal.

-Sí. Tuve la suerte de que en aquel momento los Vol Ras decidieron vender su teatro, en el Poble Sec. Y como tenía ganas de seguir haciendo teatro independiente, decidí dar el paso.

-¿Que está produciendo ahora?

-Bueno, ahora no puedo producir casi nada. Tengo varios proyectos en la cabeza, pero se han de dosificar. Después del ‘Mercader’ me he quedado sin dinero para producir. Ahora facilito la sala a aquellos grupos que no tienen teatro para ensayar y estrenar, como hemos hecho con ‘Questió d’honor’.

-Me decía que tiene varios proyectos entre manos.

-Me gustaría crear un Premi Dau al Sec para compañías que intentan funcionar de forma menos piramidal (autor, director, actor). Tener alguna subvención nos ayudaría, claro. El ‘Mercader’, tal y como la hemos montado, nos ha costado 8.000 euros, pero porque no hemos cobrado ninguno de nosotros. Lo haremos ahora, cuando hayamos acabado las funciones y bolos. Pero eso también les pasa a los jóvenes actores de ‘Qüestió d’honor’, que llevan cuatro meses entre ensayos y representaciones, y cobrarán un poco ahora, al acabar.

-Pero usted podría estar jubilada y vivir tranquilamente.

-Estoy jubilada del Institut del Teatre, y no cobro de ningún otro sitio. Pero mi futuro pasa por el Dau, donde hacemos muchas cosas, incluso un curso de filosofía y teatro sobre Shakespeare y su visión del mundo, a cargo de Jordi Feixas. Y también me gustaría hacer inclusión social en el barrio, ver cómo puedo ayudar mejor. Este verano hicimos un taller de cine con chavalitos que no tenían dinero para pagarse colonias de verano. Y también me gustaría hacer una coral con niños y gente mayor.

-Vamos, que usted no para.

-No paro, no [y sonríe].

Ignacio Martínez de Pisón

Hace unos días, la Fundació Periodisme Plural, y más en concreto su responsable, Josep Carles Rius, me invitó a escribir en la web de Catalunya Plural de vez en cuando. Es una colaboración altruista que he iniciado con esta entrevista al escritor Ignacio Martínez de Pisón, con quien hemos hablado de la magnífica serie ‘El día de mañana’ (Movistar Plus), basada en su novela homónima.

Estrenada en medio del Mundial de Fútbol por Movistar+, la miniserie ‘El día de mañana’ se ha ganado, sin demasiada publicidad, el fervor de la crítica y, en menor medida, de un público cada vez más diversificado. Dirigida por Mariano Barroso a partir de un guion escrito por Alejandro Hernández y basado en la novela homónima de Ignacio Martínez de Pisón, la ficción narra la vida y milagros de un chaval de pueblo que llega a Barcelona a mediados de los años 60 acompañado de su madre enferma. Sus relaciones, especialmente con una joven y un inspector de policía, así como con diversos miembros de la burguesía catalana y la ultraderecha durante la Transición, retratan a un personaje que es mucho más que el chivato al que le reducen algunas sinopsis. El magnífico elenco de actores viene encabezado por Oriol Pla, Aura Garrido, Jesús Carroza y Karra Elejalde, entre otros.

He acudido a la biblioteca de mi barrio y no quedan ejemplares de ‘El día de mañana’.

¡No me diga!

He tenido que apuntarme a una lista de espera. Le confieso también que he intentado mirar si había alguna forma de leerlo por internet.

Ya, ya sé que hay webs piratas donde aparecen mis libros.

No se crea. Están cerrando muchas. Solo he visto un fragmento de su libro en un sitio. Pero ha sido más fácil: la novela está a la venta en la mayoría de librerías digitales y a un precio razonable.

Menos mal. Ya estoy acostumbrado a recibir alertas digitales sobre el tema.

Volvamos a ‘El día de mañana’, si le parece. ¿Ha visto la serie?

Sí, sí, claro.

¿Y qué le parece?

Yo creo que han construido una buena historia, que tiene ritmo, que los personajes funcionan, mantienen su complejidad. A veces te caen mal y a veces te caen bien, pero siempre te interesan..

Teniendo en cuenta su experiencia previa (‘Carreteras secundarias’, ‘Las 13 rosas’, ‘Chico & Rita’), por qué no ha participado en el guion de la serie?

Cuando me contactaron los productores Fernando Bovaira y Guillem Vidal-Folch, yo estaba liado con otras historias y ni me propuse yo ni me propusieron ellos redactar el guion. Además, cuando me dijeron que tenían a Mariano Barroso y que el guionista era Alejandro Hernández, no tuve dudas. Es un escritor cubano que lleva ya tiempo en España y que ya había hecho con Barroso ‘Todas las mujeres’. También ha escrito ‘Caníbal’ y ha adaptado la novela de Javier Cercas ‘El autor’. No le conozco personalmente, pero por lo que he visto es un muy buen profesional. El mérito de que la serie funcione es que el guion está muy bien construido.

¿Cree que han respetado el espíritu de su novela?

Yo no hablaría tanto de respetarla, sino de que han hecho suya la historia. Algunas de las tramas las han suprimido, porque no cabían, y otras las han modificado y enriquecido, porque era necesario tener dos hilos narrativos fuertes. Y lo han conseguido a través de la relación de Justo Gil con la chica, Carme Román, y con el policía, Mateo Moreno. En la novela son muchas las personas que hablan y que, al mismo tiempo que explican sus vidas, están contando la historia de ese que nunca habla, que es Justo. Es una visión plural con muchas perspectivas sobre el personaje. En la serie han tenido que reducirlas a una perspectiva central. Pero han logrado sacar de una novela bastante desperdigada dos hilos narrativos centrales que se siguen muy bien. Yo creo que es un guion estupendo.

Volviendo a la novela, ¿cual es su origen?

Aunque la novela la publiqué en el 2012, yo ya tenía antes en la cabeza contar algo sobre la Brigada Político Social (BPS) desde el punto de vista policial. Existen muchos libros de personas que fueron torturadas por [el comisario Antonio Juan] Creix y su gente en la Via Laietana [sede de la Jefatura Superior de Policía, en Barcelona] o por policías de la Puerta del Sol, en Madrid. Me faltaba el punto de vista de esta otra gente. A través de Pedro Costa me puse en contacto con Xavier Vinader y este me facilitó el contacto con un policía jubilado de la BPS, que fue quien me contó cómo eran las cosas en Via Laietana en los años 60. Eso era lo que me interesaba, porque nadie de esa brigada te explicará abiertamente todo lo que hicieron. Ese hombre, que vivía en Murcia, y al que vi varias veces y hablé luego mucho por teléfono, me ayudó mucho. Así, junto al testimonio que nunca ha faltado de gente que fue torturada durante el franquismo, pude incorporar este personaje de Mateo Moreno, que interpreta Jesús Carroza.

¿Qué le contó ese policía?

Que a partir de 1968, cuando Creix fue destinado al País Vasco, después del asesinato de Melitón Manzanas, y aquí –según esa fuente que yo tenía- la cosa se suavizó un poco. Y aunque seguía habiendo malos tratos, la represión parece que no era fue fuerte como los años previos. Pero bueno, él me contaba algunas cosas que demuestran que el respeto hacia el ser humano era mínimo o nulo.

¿Recuerda alguna anécdota en especial?

Me acuerdo de una historia que yo metí en la novela y en la serie sale un poco cambiada: cómo hacen desaparecer un cadáver en El Garraf. Me contó que había una manifestación contra la guerra de Vietnam cerca del Consulado Norteamericano y que estaba tomando algo en un bar. Cuando salió, chocó contra un manifestante, y a este se le cayeron unas octavillas que llevaba ocultas. Total, que le detuvo, le llevó a Via Laietana, le esposó a un radiador y volvió a salir de Jefatura para vigilar la manifestación. Cuando volvió, al cabo de un par de horas, se encontró con que el chico se había muerto. Como no habían hablado con él, nadie sabía quién era, no sabían si era español o extranjero, y no llevaba documentación, pues decidieron despachar el cadáver por un acantilado del Garraf. Y por allí deben estar aún sus huesos. Quizá fuera cierto lo que decía: que empezaban a suavizarse las cosas, ya no que estaba Creix. Y probablemente se olían que se estaba acercando un cambio en España. Pero, al mismo tiempo, seguían comportándose como la policía de una dictadura.

En la novela, el protagonista, Justo Gil, sale peor parado que en la serie…

La historia de Justo es la de un tío que se degrada moralmente desde el momento en que se ofrece a hacer de confidente, porque una cosa es comerciar con objetos y otra, hacerlo con las personas que le rodean. El único objetivo de cada amistad que tiene es vendérsela a la policía. Y lo que logra la serie es que el tipo te caiga bien aunque sepas que las cosas que hace están mal. En la novela, en cambio, no necesariamente se produce esa identificación y hay momentos en que detestamos al personaje.

¿Justo reacciona así porque previamente le han maltratado?

Él en el fondo cree que los méritos que hace le pueden abrir camino. Y lo que estamos viendo es que estamos en una España donde los méritos no te abren ninguna puerta. El chico al que conoce y que es hijo de un empresario franquista ese sí que tiene todas las puertas abiertas. Pero él, que viene de un pueblecito aragonés, con una madre enferma a cuestas, él será quien reciba todas las tortas. Además también tiene una visión muy mercantilista de la vida que, en cierto momento, traspasa una barrera moral: pasa de vender productos por catálogo a vender a sus amigos y a las personas que te rodean. Y, además, a la policía, en una dictadura, donde las informaciones afectan a gente que están ejerciendo lo que ahora son derechos, pero que en aquella época eran delitos y eran perseguidos.

¿Qué opina del actor que lo interpreta?

Oriol Pla lo hace muy bien. Es muy buen actor. El personaje está muy bien construido. Han conseguido darle muchos matices y complejidad, y él los capta y los expresa muy bien. Y tiene la complicidad del espectador, que se identifica con él aún sabiendo que las cosas le van a ir mal.

En la década que acontece la trama, se ve cómo se pasa de la dictadura a una democracia incipiente.

Y el inicio de un antifranquismo que empezó a sacudir las conciencias a partir del Proceso de Burgos, en 1970. Estamos hablando de que aún le quedan cinco años de vida a Francisco Franco, pero que van a ser muy duros y de gran regresión, precisamente porque empieza a haber una mayor organización obrera y estudiantil. Por eso, el régimen, que en apariencia pretendía hacer un esfuerzo aperturista, se bunqueriza y se protege mucho más. Lo cual es realmente llamativo, porque si en los años 60 había habido pocas condenas a muerte, en cambio, en los últimos años de Franco hay un rebrote violento y empieza a haber muchas más y culminan en 1975 cuando matan a cinco activistas solo unos meses antes de la muerte del dictador.

La novela acaba casi con la legalización del Partido Comunista.

Un poco más tarde, en la época en que la ultraderecha era muy fuerte en Barcelona, cuando pusieron la bomba en ‘El Papus’ [septiembre de 1977].

Los primeros años de la Transición…

Sí, una época, y siempre se ha dicho y creo que es verdad, en la que desde Gobierno Civil se alentaban esas actividades. Y una parte de ese terrorismo y activismo de la ultraderecha estaba protegido o auspiciado por la Policía, como forma de contratacar y hacer frente al activismo revolucionario, de izquierdas. Ese terrorismo ultra gozaba de cierta protección, como me dio a entender Xavier Vinader. No sé si sabes que Vinader llegó a tener un carnet de Fuerza Nueva para colarse en la reuniones de aquel grupo, a las que acudían policías. Al principio, cuando aún no era muy conocido, se colaba en todas partes. Luego tuvo que marcharse para evitar que le encarcelaran por aquellos reportajes de Interviu. Más adelante, a la Policía ya no le interesó proteger a esa gente, cerró el grifo y ahí se acabaron los atentados de ultraderecha.

De hecho, el personaje de Mateo Moreno acaba saliéndose de la policía, montando un bar y en el PSOE…

Es que pertenece a ese grupo de policías que no tienen ideología, que igual trabajan para el Régimen de Franco que para el partido que gobierne en la democracia. Ellos trabajan para el Estado, con sumisión al poder, que en un momento dado es una dictadura y luego una democracia, con Martín Villa y luego con Felipe González. No tienen ideología, pero tampoco escrúpulos… En efecto: si tienen que zurrar en nombre de la dictadura, zurran, y si tienen que hacerlo en el de la democracia, también.

Pero eso también pasa con los Mossos, que el 15-M desalojaron a los indignados de la plaza de Catalunya…

Hicieron lo que les dijera el ‘conseller’ de turno. Si les ordena evacuar la plaza de Catalunya, la evacúan, claro.

¿Ve usted algún paralelismo entre la situación actual y la que acontece en la novela y la serie?

Aunque nos parezca que estos momentos son muy convulsos, y el otoño pasado nos pareciera muy caliente, hay que tener un poco de memoria para recordar lo convulsos que eran los años posteriores a la muerte de Franco. Realmente allí había muertos en las manifestaciones, había mucha violencia, existía la sensación de que en cualquier momento los militares podían, como de hecho lo intentaron en 1981, volver a tomar el timón de la situación. En aquellos momentos, el terrorismo, de diferentes signos, mataba a cientos de personas cada año. Nos hemos acomodado en una realidad tan confortable, como es la de la democracia y la Unión Europea, que ya nos hemos olvidado de lo agitados y convulsos que fueron los años de la Transición. Moría mucha gente y las manifestaciones y la represión eran muy duras, y la tortura seguía existiendo durante mucho tiempo en los calabozos. Y las condiciones de los presos en las cárceles eran terroríficas. Por eso, cualquier paralelismo es siempre forzado, porque las circunstancias son muy diferentes.

¿Cómo vive un escritor como usted, que escribe en castellano, en esta sociedad que prima tanto a los autores en catalán?

La sociedad catalana sabe que tiene un patrimonio tremendo con la lengua y la literatura castellana y creo nadie en sus cabales va a renunciar a eso. Habría que ser muy fanático para renunciar a esa otra parte que es muy enriquecedora. Sería absurdo. Es cierto, por otro lado, que existe una ultraprotección de lo catalán que hace que los escritores en castellano pues estemos un poco ‘marginados’… vamos, que no tengamos la protección que tienen los otros. Tampoco es que me parezca mal: la obligación de las autoridades de aquí es proteger esa cultura, que es más débil.

¿Apoya usted esas políticas proteccionistas?

Desde un punto de vista estrictamente cultural, me parece bien que se apoye la literatura y el cine en catalán, porque tienen que existir y, además, porque se están haciendo cosas muy buenas. No ha habido un momento tan bueno del cine en catalán como ahora. Y lo mismo pasa con la literatura en catalán, donde varias generaciones de autores en catalán conviven y escriben buenos libros. Y al final, en definitiva, ese apoyo está muy bien. Lo que pasa es que a veces ese apoyo se ha politizado y parece como si, a cambio de ese apoyo, a esos autores se les hubiera pedido una lealtad a una cierta idea, al procés o a lo que sea.

¿Saldremos del callejón político actual?

Yo creo que sí. Hemos tenido mucha suerte con esta extraña jugada de Pedro Sánchez que, creo, va a tranquilizar bastante las cosas. Espero que ni Puigdemont ni Torra vayan a bunquerizarse. La sociedad está deseando que las cosas se arreglen. Hemos vivido con gran tensión estos últimos meses, pero se ha de recordar que no ha habido ningún muerto, ningún estallido de violencia. No ha habido grandes heridas que no se puedan cicatrizar. La sociedad está deseando tranquilidad. Cuando una revolución funciona, lo hace porque las cosas están muy mal, porque la gente de muere de hambre, porque hay una opresión muy seria. Las revoluciones las protagonizan gente desesperada y yo creo que ahora no hay tanta gente desesperada en Catalunya. Vivimos en un estado de derecho y en uno de los núcleos más prósperos de la Unión Europea.

Un mago en el tren

A la izquierda, el gandul maleducado. A la derecha, el joven mago.

Estos días estoy yendo y viniendo en tren desde una población situada a unos 70 kilómetros de Barcelona. Me apetece hacerlo así, en lugar de ir en coche, por varias razones: es más barato, ecológico y casi igual de rápido, y encima puedo ir leyendo.
Hoy ha sido un viaje peculiar. De entrada, un gandul como un armario de grande, con camiseta y pantalones cortos, se ha situado una fila por delante y ha colocado sus enormes zapatillas deportivas en el asiento situado enfrente. Ahí tenéis la foto como prueba.
Una señora le ha afeado su conducta en voz alta, pero el elemento ha hecho caso omiso y, como quien oye llover, ha seguido jugueteando con su móvil, sin levantar la vista.
La mujer ha buscado comprensión en los viajeros cercanos, como yo mismo, que hemos atendido a sus palabras, pero sin ir más allá. El individuo me pasaba un par de cabezas, ya comprenderán. Sólo los ha bajado ocasionalmente cuando los agentes de seguridad de Renfe le han obligado. Pero en cuanto marchaban, volvía a las andadas.
Pero lo feo de los pies del tipo en el asiento (algo que parece ser habitual en Cercanías) se trocó en magia por obra y gracia de un ilusionista.
El joven se sentó con su chica en un asiento situado en la fila opuesta y por detrás del mío. Sacó una baraja inglesa y le hizo un juego de cartas a su pareja. Muy pronto, la baraja empezó a cobrar vida y a circular por la zona, asombrando a los espectadores accidentales que estábamos al lado.
Cuatro jóvenes situados a mi izquierda entraron también en el improvisado show. Y una de las chicas (eran tres y un joven) comentó que era actriz y resultó que la pareja del mago y este mismo también lo eran y habían estudiado en la misma escuela de interpretación. Casualidades mágicas.
Yo, que soy curioso por naturaleza, pregunté: «¿Te quieres dedicar a la magia?«. Y el joven: «Ya me dedico. Actúo estos días en el Teatreneu de Gràcia«. «¿Y cómo te llamas?«, inquirí. «Sergi Armentano«, dijo. «Es un apellido de origen italiano», aclaró.
Os aseguro que, por lo que vi en el tren, por su amabilidad y desparpajo, merece la pena ir a verle (aquí, su videobook). Estará en esa sala de Gràcia los domingos del mes de junio.

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