El blog del periodista Txerra Cirbián, desde 2005

Categoría: Cinema (Página 1 de 5)

Los ‘Robots de cine’ de Jordi Ojeda

Jordi Ojeda, en la Facultat d’Economia i Empresa de la UB.

Estamos rodeados de robótica y no nos damos cuenta”, explica este conocido ingeniero catalán, experto en cómics, robótica y ciencia ficción. Aquí le entrevistamos para hablar de seres artificiales, reales e imaginarios, a raíz de la reciente publicación de su libro ‘Robots de cine. De María a Alita‘ (Diábolo Ediciones). Este texto ha sido publicado primeramente en el diario digital Catalunya Plural.

Jordi Ojeda (Barcelona, 1966) es de los pocos especialistas en ciencia ficción que sabe realmente de qué habla y escribe: es ingeniero industrial con un Máster en Producción Automatizada y Robótica por la Universitat Politècnica de Catalunya. Hace una década creó la empresa Rational Time, centrada en algo tan actual como la organización del tiempo de trabajo, que mantiene en standby. Responsable desde hace años del proyecto ‘Cómic, Ciencia y Tecnología‘, en el que usa la historieta como instrumento pedagógico y divulgativo, también es profesor del Departamento de Empresa de la Universitat de Barcelona y ha comisariado diversas exposiciones, las más populares, en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona y el Sitges-Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya.

-Usted es una rareza: ingeniero, experto en gestión del tiempo y comiquero de pro. ¿De dónde sale?
-Soy hijo de emigrantes andaluces. Mi padre era albañil y mi madre, ama de casa. Currantes que han trabajado toda la vida para que sus hijos pudieran estudiar y vivir bien. De pequeño era muy buen estudiante y un día descubrí que existía la carrera de Ingeniería Industrial, una formación que me permitía dedicarme a casi cualquier cosa.

-¿La descubrió, así, sin más?
-Me gustaba la ciencia. De pequeño decía que quería ser físico. Cuando estaba en el instituto, daba clases particulares de Matemáticas y Física a otros chicos, incluso de clases superiores, lo cual suponía una pequeña fuente de ingresos. Los profesores se enteraron y mi profe de Física, con el que con el que me llevaba muy bien, me propuso acudir a unos seminarios nocturnos que él daba en la Universidad.

-¿Y eso, con sólo 15 o 16 años?
-Sí, pero aunque me esforzaba mucho, no me enteraba de nada, porque eran temas muy avanzados: Física cuántica, Teoría de la Relatividad y similares. Un día, el profe me preguntó si me lo estaba pasando bien. Le respondí que me estaba costando mucho seguirle, pero que no se preocupara, porque me iba a esforzar, con la idea de ser físico como él. Y él, que ya empezaba a ser amigo mío, me miró y me dijo que muchas gracias, pero que él no era físico, sino ingeniero industrial.

Jordi Ojeda es profesor de la Facultat d’Economia de la UB.

-¡Vaya chasco!
-Sí. Casi me dejó hecho polvo. Pero me explicó bien en qué consistía la carrera y donde estudiarla, y decidí que eso era lo que quería hacer. La Ingeniería Industrial de hace 30 años te permitía formarte para muchas cosas. Allí se daban las Matemáticas más difíciles después de Exactas, la Química más difícil después de Químicas y la Física más difícil después de Físicas. Te formabas de manera más generalista y te preparabas para todo lo que vendría después: ¡yo estudié Informática con cartulinas perforadas!

-No me diga…
-Yo entré en la Universidad en 1984 y me convertí en becario de la Escuela de Ingenieros en 1987, con 20 años. Anécdota: ¡yo fui quien sacó de las cajas y montó los primeros ordenadores personales que se compraron en la Universitat Politècnica (UPC)! Ahora puede parecer ridículo, pero en aquel momento, casi nadie sabía lo que era un ordenador. Incluso organizamos visitas de profesores para enseñarles qué era un PC. Pero yo tengo correo electrónico desde 1988, uno de los primeros.

-¿Cómo entraron los robots en su vida?
-En aquella época asistí a un máster de robótica que dirigía Gabriel Ferraté, que era el rector de la UPC. Entonces era el Instituto de Cibernética, que luego cambiaría de nombre. Era todo muy novedoso, con los primeros robots, las primeras computadoras industriales… Y como yo destacaba mucho, me pidieron que coordinara el máster al año siguiente. Yo soy ingeniero, especializado en organización industrial. De ahí que me interesaran los grandes proyectos de esa parcela, la automatización en general, más que la robótica.

-¿Qué leía de pequeño?
-Soy el tercero de cuatro hermanos. Mi hermana es un año menor que yo pero mis hermanos son más mayores: cuando yo tenía 10 años, ellos ya eran unos jóvenes de 18 y 23 años. De ahí que yo crecí con los cómics y libros que leían ellos y con la música que escuchaban, nos llevaban al cine… Así que toda mi vida he visto, leído y escuchado cosas que no eran las propias de mi edad. Y de todas ellas, a mí me interesaba mucho la ciencia ficción, no sólo la tecnológica, sino la sociológica, la que reflexionaba sobre sociedades del futuro, de escritores como Aldous Huxley o H. G. Wells. Entre los 12 y los 15 años, los viernes y sábados iba de ‘caza’ por las bibliotecas de Barcelona en busca de libros raros. Si me hablaban de un libro de Isaac Asimov, por ejemplo, miraba qué otros libros había escrito y dónde los podía consultar.

Portada y contraportada del libro

-¿Y su afición por los tebeos?
-Como le decía, leía muchos cómics gracias a mis hermanos, ya que no tenía dinero para comprarlos. En especial, gracias a uno de mis hermanos, que se casó muy joven, a los 20 años. Sus suegros tenían un quiosco y durante muchos años nos pasábamos la noche del viernes al sábado leyendo todas las novedades de la semana. Eso sí, a las 6 de la mañana, volvíamos a dejar todo el material bien colocado y en perfecto estado.

-¡Qué suerte!
-Pues sí. Hasta que fui a la Universidad y ya no lo podía hacer, porque tenía que estudiar. Pero yo, con 18 años, estaba al día de todos los cómics que se publicaban y vendían en los quioscos: recuerdo en especial el primer número de la revista ‘Totem”, porque en ella salían el Corto Maltés de Hugo Pratt, la Valentina de Guido Crepax, lo mejor de Moebius… ¡Espectacular! ¡Y yo sólo tenía 11 años!

-Leía gratis, pero no tenía tebeos propios…
-No. Hasta que empecé a trabajar de ingeniero y pude comprar mis propios cómics e ir haciendo mi biblioteca. Pero esas lecturas me ayudaron a tener una cultura de la que aún ahora me aprovecho. Cuando acabé la carrera, en 1990, entré a trabajar en el Institut Català de Tecnologia y me empecé a encargar especialmente de proyectos de formación y divulgación. Me interesaba cómo podía explicar mejor la ciencia para que la sociedad la entendiera mejor. Y en 1997 surgió el proyecto ‘Cómic, ciencia y tecnología’, es decir, divulgar la ciencia y la tecnología utilizando como instrumento pedagógico las historietas.

-¿Qué pensaban sus jefes?
-En aquel momento, nadie tenía ni idea de lo que estaba haciendo, porque hubieran pensado que me pasaba todo el día leyendo ‘Mortadelo y Filemón’. De los 22 años que llevo en este proyecto, salvo mi familia y amigos, hace sólo siete u ocho años que lo saben mis jefes; cuando empecé a salir en la prensa, la radio y la tele.

-¿Y le han ayudado?
-Siempre me he buscado la vida. En la UPC ha habido gente que me ha ayudado y jefes que me han puesto todas las trabas del mundo, porque no saben ni qué son los cómics ni entendían la importancia de que pudieras cautivar y animar a estudiar carreras científicas a la gente joven a partir de la lectura de los cómics. Fíjate que, en los años 60, en plena guerra fría, el Gobierno de EEUU pidió a las editoriales que introdujeran motivos científicos y tecnológicos en las historietas, sobre todo en los de superhéroes. Este fue uno de los motivos por los que Stan Lee desarrolló en Marvel personajes que eran científicos. Así, Reed Richards, el líder de los Cuatro Fantásticos, es un científico; Spiderman es estudiante de Química; IronMan es ingeniero… Cuando lees que Hulk era un físico que investigaba los rayos gamma, te interesa saber qué son.

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-Pura miopía de esos jefes suyos…
-Es no ver que la cultura popular, como son los cómics, enfocados a cualquier edad, pero especialmente a los jóvenes, puede ayudar no sólo a que estudien ciencias, sino simplemente para adquirir el hábito de la lectura. Yo corrijo muchos exámenes y veo que la gente no sabe leer, no sabe escribir, no sabe expresarse. Tienen problemas de compresión lectora.

-¿Y usted cree que la historieta puede ayudar?
-Para mí, el cómic tiene cuatro usos: como una lectura, un libro de texto, temático, histórico, genérico; como recurso pedagógico, que te ayuda a explicar una lección; como plataforma para estudiar otras disciplinas artísticas, y como herramienta de comunicación, porque un dibujo te permite transmitir o expresar emociones o sentimientos.

-Volvamos al proyecto ‘Cómic, ciencia y tecnología’.
-Surgió en 1996 tras una charla sobre el tema a cargo de Francesc Solé Parellada, un catedrático de Economía que es un gran amante y coleccionista de cómics, a la que únicamente asistí yo. Solé, que había sido profesor mío, me invitó a ir a su casa para enseñarme los cómics que tenía. Fui a su casa y aluciné con su colección. ¡Brutal! Yo le propuse hacer un libro entre ambos con toda aquella documentación.

-No recuerdo un libro suyo así…
-No, no, espera. Como aquello era un trabajo colosal (íbamos con fotocopias, no había ordenadores), le propuse a Solé cambiar el proyecto de libro por algo más sencillo, como una exposición. Y podíamos convencer a algunas instituciones para que nos ayudaran, como el Col·legi d’Enginyers Industrials, la UPC y el Institut Català de Tecnologia. Y en 1997 expusimos en la UPC, en la que sería la última muestra exhibida en su sala de exposiciones.

-¡De esa exposición sí que me acuerdo!
-Sí, porque al año siguiente, en 1998, estuvo en el Salón del Cómic, y viajó a siete u ocho sitios más de Catalunya, casi siempre acompañada de una conferencia que daba yo. Y después, estuvo en Pamplona, Logroño, Madrid, Castellón, Valencia… 25 lugares diferentes hasta el año 2006 o 2007.

-También ha organizado otras muestras…
-Cuando llevamos la expo a Cantabria, en 2006, entre los asistentes se encontraba el responsable de cultura del Puerto de Santander, y nos propuso un proyecto en el que explicáramos la contribución de los puertos al desarrollo histórico, económico y sociológico de los territorios y ciudades donde había. Y este sería el germen de ‘Cómics a puerto’ y ‘Faros de papel’. Del 2007 al 2011 me dediqué a este proyecto, del que salieron exposiciones, libros, conferencias, artículos, congresos.

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-Y luego llegaron los robots…
-En el 2011, Carles Santamaría, director del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, me pidió organizar una gran exposición central sobre los robots en el mundo del cómic, que se acabaría titulando ‘Robots en su tinta‘. Acepté con la condición de que el marco no fuera únicamente la historieta, porque los robots en la ficción surgen especialmente de la literatura y se han hecho muy populares en el cine y la televisión, pero son residuales en el cómic. Estuve trabajando en ello todo un año y la exposición se inauguró en la edición 30ª del salón, en el 2012, año que superó por primera vez los 100.000 asistentes. Fue un espectáculo, la mayor exposición sobre robótica que se había hecho en España hasta ese momento.

-Y fue el germen de más exposiciones sobre robots.
-Sí, a raíz de ‘Robots en su tinta’, realicé la exposición ‘Robots de película: de María a Eva’. Ambas son el germen de mi libro, junto a una tercera, pendiente de montaje, que se exhibirá en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT) de Alcobendas (Madrid) a lo largo de 2020. Es un proyecto que inicié en el 2017, pero que tiene ocho años de investigación y trabajo detrás, desde el 2011. Y que, al retrasarse su puesta en marcha, me ha permitido trasladar el trabajo de investigación realizado a este libro.

-¿Todo sobre robots?
-En realidad, sobre el ser artificial. No me podía referir solo a robots como R2D2 y C3PO, de ‘La guerra de las galaxias’, sino que tenía que hablar del tema de forma global. Por ello, empiezo por los autómatas del siglo XVIII y la literatura de ciencia ficción y seres artificiales del siglo XIX (la palabra androide se inventa en una novela francesa). Ya en el siglo XX paso por el teatro, donde se inventó la palabra robot (aunque referida al ‘trabajo esclavo’) en una obra de Karel Capek, en 1921, y el cine, con la María de ‘Metrópolis’, así como la literatura de Isaac Asimov. Hasta los años 80 hablo de robótica de forma cronológica, pero después hablo también de cíborgs, exoesqueletos, drones, la realidad aumentada…

-¿Para usted, cuál es ese primer ser artificial?
-El que marca el inicio de la ciencia ficción moderna es la criatura de Frankenstein en 1818, el primer robot biológico, porque tal y como aparece en la novela de Mary Shelley, se crea a partir de trozos de varios cadáveres. Fíjate que en ‘Avatar’ (2009), una película tan interesante como taquillera, los cuerpo azules de los na’vi que usan los protagonistas no dejan de ser unas fundas con el cerebro de esos humanos. En el fondo, son robots biológicos.

-¿Están todas las películas del género?
-No. El libro no es completista, sino que destaco las películas que yo creo que son interesantes para el lector con una serie de salvedades: no salen muchos títulos orientales ni de animación porque es probable que escriba una segunda parte sobre el cine asiático y el anime japonés. Como no se trata de un encargo, utilizo un lenguaje divulgativo para todos los públicos. Y lo he dividido en muchos capítulos para facilitar su lectura y consulta posterior.

-En el libro hay títulos buenos y otros, más regulares.
-Es que no hago crítica de cine, sino que hablo de robots de película. Podría estar todo un día hablando de ‘2001’ (de hecho, el año pasado impartí un curso de 20 horas sobre esta película de Kubrick), pero en el libro sólo hablo de HAL.

-El prólogo lo firma Kike Maíllo, el director de las películas ‘Eva’ y ‘Toro’.
-Cuando Kike estaba a punto de estrenar ‘Eva’ en el Festival de Sitges del 2011, yo era jurado en aquella edición. Nos conocemos y hemos ido coincidiendo en diferentes conferencias y presentaciones. Le comenté lo del libro, le envié el texto y me dijo que le había gustado mucho y que no tenía ningún problema en escribir el prólogo. Que lo haya hecho le da una pátina de calidad, de que haya confiado en mi. También fue importante para el editor y para la promoción del libro, claro.

-¿Podemos sacar alguna conclusión de su libro?
-Que cada vez más estamos rodeados de robótica y no nos damos cuenta. Mira tu móvil: funciona con inteligencia artificial. Por eso, este no es solo un libro sobre robots en el cine, sino una reflexión sobre tecnología y el concepto de criatura artificial. Todo nuestro entorno, hasta nuestro ocio, tiene relación con la robótica. Es fácil imaginar que dentro de unos años podamos hacer una réplica de nuestro cerebro y tener una copia de seguridad en internet. O podríamos tener una impresión en 3D de nuestro cuerpo, una funda, como en ‘Avatar’. Pues quizá esto ocurra dentro de 20, 50 o 100 años. Y todo esto, en la ficción, ya lo ha plasmado alguien de alguna manera, como Richard K. Morgan, en ‘Altered Carbon’ (2002) y que Netflix ha convertido en serie (2018).

Miquel Porter i Moix, historia del cine catalán


Miquel Porter i Moix
Un documental del Canal 33 coproducido por TV-3 analiza la vida y trayectoria de Miquel Porter i Moix, figura clave de la cultura catalana del último tercio del siglo XX, uno de los fundadores de la Nova Cançó y de Els Setze Jutges, así como gran estudioso y divulgador del cine catalán.

Miquel Porter i Moix (1930-2004) fue uno de los primeros catedráticos de Historia del Cine de la Universidad española, propició la creación de la Filmoteca de Catalunya e inspiró el nacimiento de la notable escuela de cine ESCAC. La película ‘Miquel Porter i Moix: La república de la llibertat i el bon humor’, que el Canal 33 emite el sábado, día 1 (22.15 horas), está dirigida por Anastasi Rinos, un notable montador de Bigas Luna, Francesc Bellmunt, J.A. Salgot, Simó Fàbregas, Antonio Chavarrías, Eduard Cortés, Jesús Garay y otros conocidos realizadores catalanes.

“Por desgracia, pese a su importancia, Miquel Porter i Moix es un personaje poco conocido. Y no solo por la gente joven, sino también por muchas personas no tan jóvenes”, explica el director del documental. De ahí, que el filme se abra con estas palabras: “La historia está llena de hechos y personajes que dejan huella. Algunos, como los cimientos de un edificio, quedan soterrados. Pero saber quiénes son es saber quiénes somos”.

La familia de Miquel Porter ha estado directamente implicada en el proyecto, ya que fue la que contactó con el conocido productor Paco Poch y este, a su vez, quien fichó a Rinos. “Yo estaba en pleno montaje de un trabajo anterior, ‘Ana María Moix. Passió per la paraula‘ cuando Poch me explicó la idea. Con la colaboración de dos nietos de Porter i Moix, Tariq Porter, como coguionista y ayudante de dirección, y de Manuela Porter, como narradora, voz en off e hilo conductor de la película, el documental intenta explicar quién es este polifacético personaje.

Lluis Llach, en el documental.

“Miquel Porter era un optimista hiperactivo en diversas áreas. En el mundo de la escena catalana, inventando nuevas fórmulas teatrales, como fue el teatro vivo, el de improvisación. En el de la música, Creó, junto con otra gente [Remei Margarit, Josep Maria Espinàs, Lluís Serraïma] el grupo de Els Setze Jutges e impulsó la Nova Cançó”, añade Rinos. Y de ello hablan en el documental el citado Espinàs, Martí Llauradó, Quico Pi de la Serra i Lluís Llach. “Porter se convirtió en cantante sin serlo o en actor, sin serlo. Simplemente lo hacía”.

Uno de los grandes valores de este audiovisual es contar con una larga lista de personajes que hablan de Miquel Porter desde las diferentes áreas, desde sus inicios como librero en la librería familiar de su padre, la Llibreria Porter; su pasión por el cineclubismo y el coleccionismo cinematográfico, cuyos materiales pasarían a formar parte de la Filmoteca de Catalunya, de la que fue artífice. La productora Isona Passola, presidenta de la Academia del Cine Catalán, los directores Agustí Villaronga y Rosa Vergés, y la historiadora Palmira González son testimonios de su pasión por el cine.

“Porter era un estudioso del cine, un historiador. Y un experto como pocos del cine soviético”, comenta el director del documental. Y Vergés, por ejemplo, recuerda siempre las proyecciones de ‘El acorazado Potemkin’ en la facultad. “Era un gran maestro –añade Rinos, que le recuerda como profesor suyo en la Escuela Aixelà, junto con Pere Portabella y Romà Gubern.

“Creó en la Universitat de Barcelona la cátedra de Historia del Cine, dentro de Historia del Arte, una asignatura que existía en muy pocas universidades españolas”. Esa pasión por la docencia, que había ejercido antes y ya más tarde en la Universitat Catalana d’Estiu, le llevaría a contactar con Josep Maixenchs, a quien ayudaría a fundar las bases de lo que finalmente sería la ESCAC, la prestigiosa  Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya.

Fue en una época en la que Porter, hombre inquieto, de izquierdas y catalanista, también aportó su granito de arena en la política catalana: fue jefe del Servei de Cinematografia de la Generalitat de Catalunya entre 1977 y 1986, e incluso fue diputado por Esquerra Republicana de Catalunya (de 1982 a 1984). Vicenç Altaió, Miquel de Palol, Josep Lluís Carod-Rovira y hasta 35 personajes hablan de todas las múltiples facetas del personaje.

Y en el tramo final, aparece el Miquel Porter más cercano e íntimo, gracias a la presencia de buena parte de su familia, en especial su hermana Maria y sus seis hijos, quienes hablan de la madre y de la vida cotidiana del matrimonio. Un colofón emotivo para un documental necesario.

Una Colombia diferente

TRAILER JERICO from COMPACTO.coop on Vimeo.

Tengo algunos amigos colombianos, como el escritor Mauricio Bernal, uno de los mejores periodistas de El Periódico, que me hacen recordar que Colombia es mucho más que ‘Narcos’ (realidad, películas y Netflix).
Un ejemplo es este premiado documental de Catalina Mesa, que no encuentra acomodo para ser visto en nuestras pantallas.
Una pena. De ahí, que Aritz Cirbián y su equipo de Compacto, junto con Verkami, se hayan propuesto ofrecer a quien desee verlo hacer una microaportación.
Viene a ser como pagar la entrada o el DVD por anticipado para disfrutar la película después, al tiempo que echas una mano a sus autores. O como ellos lo explican mejor:
«Colaborando con el proyecto no sólo nos ayudas a volar más lejos y poder exhibir esta joya documental, también puedes conseguir un buen número de recompensas y ayudar a la comunidad local de Jericó».

10 películas que deberías ver sobre Venecia

Aquí tenéis mis diez películas imprescindibles que deberíais ver antes de visitar Venecia o después de haberlo hecho, si antes no tuvisteis tiempo.
Recordad que todas las anécdotas y lugares los podéis encontrar en mi libro ‘Venecia de cine‘.

1. ‘Senso‘ (1954), el melodrama de Lucino Visconti, con Alida Valli y Farley Granger.
2. ‘Locuras de verano‘ (1955), la comedia romántica de David Lean, con Katharine Hepburn y Rossano Brazzi.
3. ‘Anónimo veneciano‘ (1970), el drama romántico de Enrico Maria Salerno, con Tony Musante y Florinda Bolkan.
4. ‘Muerte en Venecia‘ (1971), el drama homosexual de Lucino Visconti, con Dirk Bogarde.
5. ‘Amenaza en la sombra‘ (1973), el terror psicológico de Nicolas Roeg, con Donald Sutherland y Julie Christie.
6. ‘Moonraker‘ (1979), las aventuras de James Bond en góndola, de Lewis Gilbert, con Roger Moore y Lois Chiles (o ‘Casino Royale‘, si prefieren otro 007)
7. ‘El placer de los extraños‘ (1990), el drama psicológico de Paul Schrader, con Rupert Everett y Natasha Richardson.
8. ‘Todos dicen I love you‘ (1996), el humor del tímido de Woody Allen en pos de la bella Julia Roberts, corriendo por la ciudad.
9. ‘Pan y tulipanes‘ (1999), la magia cotidiana de Silvio Soldini, con la maravillosa Licia Maglieta y el ajustado Bruno Ganz.
10. ‘The tourist‘ (2010), de Florian Henckel von Donnersmarck, la última de las grandes superproducciones rodada casi íntegramente en la ciudad italiana, con Johnny Depp y Angelina Jolie paseando por sus canales.

El documental de creación

El martes 24 acudí a una mesa redonda sobre ‘Las fronteras del documental‘, en la sede de la Filmoteca de Catalunya. Los ponentes eran muy interesantes: Mercedes Álvarez, Neus Ballús, Carles Bosch y Albert Solé, con Jordi Balló como moderador. Este último es el impulsor del Máster en Documental de Creación de la Universitat Pompeu Fabra.
El coloquio se enmarcaba en unas jornadas que la Filmoteca catalana dedica a Joaquim Jordà, fallecido hace 10 años.

En el debate se vio pronto la existencia de dos corrientes básicas: una, procedente de una base periodística, a la que pertenecen tanto Bosch como Solé, y otra, más experimental, más cercana a la realidad ficcionada o ficción con base documental, defendida por Álvarez y Ballús.

Sus propios trabajos evidencian esas diferencias: mientras el primero procede del reporterismo televisivo y es el autor de la excelente ‘Balseros‘, candidata al Goya y al Oscar, y el segundo recuperó la figura del gran Jordi Solé Tura, su padre, en ‘Bucarest, la memoria perdida‘, que ganó el Goya y el Gaudí, en el 2009; Ballús ganó el Gaudí con ‘La plaga‘, y Álvarez, varios premios con ‘El cielo gira‘.

Los cuatro invitados se mostraron totalmente diferentes entre sí. Así, Solé incidía, y mucho en que escribe, produce y rueda con la idea del público en la cabeza.
A su vez, Ballús apostaba por el atrevimiento formal y explicó cómo su filme, ‘La plaga’, fue mejor aceptado como ficción en numerosos festivales normales que en certámenes específicamente dedicados al documental.

Bosch se mostró ligeramente ofendido por el hecho de que sus documentales no entren en la categoría de «creación» para Balló y la UPF: «Nosotros nos hemos partido el coco en ser creativos. Puedo seguir siendo periodista y creativo», afirmó. E incidió en la falta de libertad actual: «Éramos mas libres en 1984, cuando hacíamos el 30 minuts en TV-3, que ahora».
Balló se defendió alabando la ruptura creativa que supuso, por ejemplo, el reportaje en primera persona que Carles Bosch realizó en Checoslovaquia, justo durante la caída del Muro de Berlín.
Mercedes Alvarez quiso alejar el documental-reportaje del de creación: «Una cosa es la información y otra el cine; este aporta otra concepción, transmite emociones; hay una secuenciación. Los cambios, en el cine, provienen desde el lado artesanal, de la experimentación», afirmó. «Es la necesidad de libertad de discurso, de estar en la frontera, de romper con la forma».

Evidentemente, películas que han marcado hitos del documental de autor (he aquí una denominación quizá mejor que la de creación) como ‘El sol del membrillo’, de Víctor Erice; ‘Innisfree’, de José Luis Guerín, y ‘Monas como la Becky’, del añorado Joaquim Jordà fueron ampliamente citados.
Un respetuoso debate que, lógicamente, no se acabó al finalizar el coloquio.

Aritz, en ‘Variety’

Me llega un mensajito desde Cannes: «Echa una ojeada a este ‘link‘.»
El enlace en cuestión me lleva a la imagen que estáis viendo: «10 Talents To Watch In Spanish Cinema».
Sí, sí, ahí están los diez jóvenes talentos del cine español a vigilar, a tener en cuenta.
Y en segundo lugar, estrictamente en orden alfabético, Aritz Cirbián es uno de esos diez, para Emilio Mayorga, el corresponsal de la famosa revista Variety.
La lista entera es esta: Eduardo Casanova, Aritz Cirbián, Mayi Gutiérrez Cobo, Laia Costa, Leticia Dolera, Irene Escolar, Belén Funes, Juanjo Giménez, Jose Luis Montesinos y Clara Roquet.
Por lo que veo, sólo otra chica y él son del ramo de la producción. ¡Uau!
Salto de alegría y empiezo a enviar el enlace a los amigos.
Toca abrir una segunda caja de baberos…

Micromecenas de ‘Metamorphosis’

Es domingo y me he decidido a aportar una pequeña cantidad en calidad de micromecenas de ‘Metamorphosis‘, que ya ha sido seleccionado para participar en el Festival de Cine de Málaga y en el Docs Barcelona.
Diréis que para qué quieren la pasta. Muy fácil: «Aunque está prácticamente acabada, si esta película no llega a la gente, el trabajo hecho será en balde». Nuestras aportaciones son para hacerlo posible.
De hecho, cada día hay más películas americanas que pasan por las salas y copan las proyecciones. Ver otro tipo de cine es posible, si logra nuestro apoyo.
El documental ‘Metamorphosis’ está dirigido por Manuel Pérez, el realizador de la interesante película ‘Frontera‘ (podéis ver la ficha en Filmaffinity, por ejemplo), y retrata la construcción de la candidatura ciudadana de Barcelona en Comú desde abajo, a través de Laia, una de las personas que se integraron en la candidatura barcelonesa.
En ese sentido, se aleja del retrato de Ada Colau Ballano, que es la protagonista de otro documental, para ser un retrato de la gente que empuja desde abajo. Eso es lo que más me ha interesado a la hora de aportar unos euros al ‪#‎crowdfunding‬ del equipo, en cuya producción aparece Mikel Mas, que ya había estado en la citada ‘Frontera’, y mi hijo, Aritz Cirbián.
Los tres son los productores de la película, o sea, los que arriesgan su dinero, aunque los mecenas les echemos una mano.
Yo lo he hecho de forma humilde. Quien pueda y quiera más, aquí tenéis el enlace de Verkami para clicar, leer y quizá aportar.

 


 
Anexo del día 17
Por los pelos, pero el equipo de ‘Metamorphosis’ lo ha logrado en las últimas horas de crowdfunding‬: 12.850€ logrados sobre los 12.000€ necesarios para hacer más visible este documental.
Enhorabuena.

Indiana Jones en Venecia

Como acabo de encontrar en internet a un fan de como yo de escenarios de películas y estamos en las fechas indicadas, os dejo aquí este regalito de Navidad: un fragmento del capítulo que he dedicado a Indiana Jones en mi libro Venecia de cine y el vídeo de Youtube que lo describe.

Quizá recordaréis que Indiana Jones y su amigo Marcus toman un avión hacia Venecia en busca del padre de nuestro héroe, Henry Jones. Ambos toman un vaporetto del que desembarcan junto a la Basílica de Santa Maria della Salute y allí se encuentran con la doctora Elsa Schneider.

Los tres se adentran en el barrio de Dorsoduro y caminan por la Fondamenta Gherardini, cruzan el Ponte dei Pugni y continúan por la otra parte del mismo muelle hasta llegar al Campo San Barnaba.

Elsa Schneider quiere enseñarles a Indiana y a Marcus la biblioteca donde Henry desapareció mientras buscaba pistas del Santo Grial en la sección de mapas de la ciudad. La imponente fachada de la iglesia de San Barnaba, con la torre de ladrillo detrás de esa biblioteca de ficción.

En efecto, San Barnaba ya no es una iglesia, sino que ejerce la función de sala de exposiciones, con una muestra permanente dedicada a las máquinas de Leonardo da Vinci.

Tras una serie de peripecias en su interior (tumbas, fuego, agua y ratas), Elsa e Indiana logran escapar a través de una alcantarilla, que abren en medio de las mesas de un café de la plaza y salen corriendo, perseguidos por los defensores de la Hermandad de la Espada Cruciforme.

Digamos que el Campo San Barnaba también ha sido el escenario de otras muchas películas, en especial de Locuras de verano, de la que hay también otro capítulo en el libro y que podéis hojear íntegramente y comprarlo, si os apetece, en la web de la editorial Ecos. También lo tenéis en Ecos Travel Books , El Corte Inglés, La Casa del Libro, Fnac, Apple y Google Play.

Elsa e Indy aparecen junto a la Calle de Santa Lucia y los muelles industriales de Venecia, deonde se inician las escenas de una persecución en lanchas por unos canales. Ah… pero el viajero no encontrará esta localización: la verdadera calle de Santa Lucia desemboca en el Rio Terà Lista di Spagna y la Ferrovia. En cambio, en la ficción de Indiana Jones y la última cruzada, esa escena fue rodada en los citados estudios Elstree, días antes, en Inglaterra.

Después de la pelea entre Indy y Kazim, con la gran hélice de un barco detrás de ambos destrozando una de las barcas, la otra motora vuelve hacia el centro tras pasar frente a algunas localizaciones venecianas reales, como el Canal Lavraneri, un lugar situado en la parte trasera Sacca Fisola, una zona tan alejadas que prácticamente no la pisan nunca los turistas. Una vez en el canal de la Giudecca, la barca se desliza frente al hotel Hilton Molino Stucky Venice, que ocupa el imponente edificio de una antigua firma harinera.

La escena finaliza en el Gran Canal, a la altura del Puente de la Accademia. Detrás de los dos hombres, que hablan del Grial, van desfilando lentamente las fachadas de algunos de los palacios de ambos lados, como el Palazzo Venier dei Leoni, que alberga la Colección Peggy Gugenheim, y la bonita fachada del Palazzo Barbarigo. Finalmente, Indy deja desembarcar a Kazim en el muelle del Palazzo Barbaro, donde le explica que su padre está retenido por los nazis en un castillo fronterizo entre Austria y Alemania.

La mejor forma de admirar esos palacetes al borde del Gran Canal es, lógicamente, en una embarcación: la más barata, el vaporetto. También se puede acceder a los muelles más cercanos para observar los edificios desde la orilla contraria. Por ejemplo, el más cercano al último lugar es el Ponte dell’Accademia, mientras que la mejor perspectiva del Guggenheim puede ser desde justo enfrente, en la Fondamente del Traghetto de San Maurizio, muelle al que se puede llegar a través de la Calle Dose da Ponte, no muy lejos de la Piazza San Marco.

Más cine por favor

Es lunes y faltan pocas horas para que se den a conocer las nominaciones a los premios Goya de este año, entregables dentro de un par de meses.
Gente a la que quiero ha depositado buena parte de su esfuerzo e ilusiones en ello.

Mientras esperamos, escucho la canción de Luis Eduardo Aute, esa Cine, cine, cuya letra os dejo aquí abajo y cuyos enlaces os llevarán a informaciones que marcaron mis inicios de cinéfilo.

Recuerdo bien aquellos cuatrocientos golpes de Truffaut y el travelling con el pequeño desertor, Antoine Doinel, playa a través, buscando un mar que parecía más un paredón.
Y el happy-end que la censura travestida en voz en off sobrepusiera al pesimismo del autor, nos hizo ver que un mundo cruel se salva con una homilía fuera del guion.
Cine, cine, cine, más cine por favor, que todo en la vida es cine y los sueños, cine son.
Al fin llegó el día tan temido más allá del mar, previsto por los grises de Henri Decae; cuánta razón
tuvo el censor, Antoine Doinel murió en su domicilio conyugal.
Pido perdón por confundir el cine con la realidad, no es fácil olvidar Cahiers du cinéma, Le Mac Mahon, eso pasó, son olas viejas con resacas de la nouvelle vague.
Cine, cine, cine, más cine por favor, que todo en la vida es cine y los sueños, cine son.

La gente del cine

Cada vez admiro más a la gente que hace cine, que es capaz de hipotecarse para llevar adelante sus sueños de celuloide (o de lo que sea en que ruedan ahora) y transitar el largo, larguísimo camino que va desde el guión hasta el estreno.
Y la lucha por mantenerse en cartel, en pugna con los ‘blockbusters’ de Hollywood que nos inundan y cuyo presupuesto de publicidad es mayor que el de la producción de una pequeña película independiente.
Y luego, ese perseguir la inclusión en un festival, una nominación a los premios de la Academia del Cine que te dé un empujito más.
No dejéis, amigos, de apoyar nuestro cine. Su esfuerzo precisa de nuestra constancia.

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