El blog del periodista Txerra Cirbián, desde 2005

Mes: diciembre 2019

Entrevista con Mercè Managuerra

Es una de las actrices más respetadas de la profesión y, al mismo tiempo, menos conocida por el gran público, quizá porque no se ha prodigado en la tele o el cine. Ha pisado muchos escenarios, ha sido profesora del Institut del Teatre durante tres décadas, es productora y acaba de meterse en la piel del judío Shylock en ‘El mercader de Venecia’.

Ahora que podría estar jubilada, Mercè Managuerra ha iniciado la arriesgada aventura de abrir y dirigir un nuevo teatro, el Dau al Sec, donde acoge a compañías jóvenes con ambición y rigor. Es la primera actriz que ha sido capaz de interpretar a Shylock en una reciente versión para cuatro actores de ‘El mercader de Venecia’ y, por ello, recibió el 45º Premio de Teatro Memorial Margarida Xirgu, el galardón de teatro más antiguo de España. Quien esto escribe la dirigió en el cortometraje ‘Quizá no sea demasiado tarde’ hace más de 30 años. Entonces, como ahora, que me recibe en su propia casa, fue muy generosa: “Si lo podía hacer, no tenía un ‘no’ para casi nada”, asegura humilde en esta entrevista, que publiqué originalmente en el diario Catalunya Plural. .

-Como quizá algunos de nuestros lectores no la conozcan, explique cómo llegó usted a ser actriz.

-Siempre me gustó mucho el teatro, desde muy jovencita. Y la literatura catalana. Mi padre me leía poemas de Josep Carné, Joan Maragall, Joan Salvat-Papasseit. Después, estudié Románicas en la Central [Universitat de Barcelona], porque quería conocer también la literatura castellana. Acabé la carrera en 1975, justo el año de la muerte de Franco. También frecuentaba a los Tarot de Quinze, un grupo de jóvenes poetas, como Vicenç Altaió y Jaume Creus. Un día, por casualidad, me encontré a Rosa Novell y a Isona Passola, que había hecho teatro aficionado conmigo, y me dijeron que les faltaba un actriz en la obra ‘Las troyanas’, que iban a representar en la Universitat Catalana d’Estiu de Prada de Conflent. Y así empecé.

-Buen inicio…

-Sí, porque por allí estaban Joan Lluís Bozzo, Anna Rosa Cisquella y gente así. Poco después, Fabià Puigserver nos dijo si queríamos ir con su grupo a hacer ‘Terra Baixa’, de Ángel Guimerà, y más tarde el ‘Quiriquibú’, de Joan Brossa. Era antes del Teatre Lliure, donde yo no estuve. En cambio, fui al Romea, a la tele…

-¿Estudió para actriz en algún sitio?

-Sí, fui al Institut del Teatre a estudiar mimo y pantomima. Quería aprender a trabajar primero el cuerpo y, luego, la voz. Solicité una beca Fulbright y pude ir a estudiar interpretación a EEUU, durante dos años, con la famosa Uta Hagen, que era muy buena maestra.

-Creo recordar que el regreso no le fue fácil.

-Es que yo tenía 35 años cuando me fui y volví con 37. No había muchos papeles para mi edad: aún era joven para hacer de madre y ya era algo mayor para hacer de jovencita. Se me complicó la cosa y se me cortó la carrera. Quizá daba un poco de miedo que hubiera estado en EEUU y que tal vez pidiera más dinero o fuera a preguntar demasiado.

-Pero usted había hecho bastante televisión.

-Sí, sobre todo obras de teatro para el circuito catalán de TVE. Y hasta había producido y dirigido la serie de TV3 ‘En escena: 100 anys de teatre català’. Tuvo 16 capítulos y, en origen, era diferente. Tomaba obras conocidas del teatro universal y director y actores hablaban sobre ellas y las ensayaban. Al final, cosas de TV3, tuve que centrarme solo en autores catalanes.

-¿Volvió a la tele?

-No como actriz. Estuve como directora de actores en ‘La granja’, la telenovela de Joaquim Maria Puyal que antecedía a ‘La vida en un xip’. Hice papeles de reparto en un par de películas (‘El amor es extraño y ‘Una sombra en el jardín) y en tu corto (‘Quizá no sea demasiado tarde’).

-Entonces, ¿dejó de actuar?

-Fue cuando me propusieron entrar a dar clase en el Institut del Teatre. Yo venía de una didáctica, de una formación pedagógica estructurada. La de Uta Hagen, la de Lee Strasberg, con quien había estudiado en París. Y Jordi Coca, el director del centro, me llamó para dar asignaturas como Técnicas de Improvisación, Técnicas de Interpretación, Talleres, Interpretación delante de la Cámara… He estado 30 años de profesora.

-¿Es ese contacto con jóvenes actores lo que le ha llevado a comprar un teatro para ellos?

-Sí, para ellos, y para compañías que quieran investigar y hacer un teatro social y artesanal. Mi primer intento fue en el Teatre Akadèmia. Nuestro ‘star system’ tiene una forma de hacer entrar a los jóvenes actores en el mundo profesional, que era y es TV3. Cuando alguno empieza a despuntar en las telenovelas de la tarde, pronto salta al Teatre Nacional o al Lliure. Son caras que la gente conoce y ponerles en un reparto te asegura un poquito más de éxito. Eso lo hemos notado también nosotros.

-¿En qué forma?

-Bueno… Los chicos de ‘Quëstió d’honor’ [una obra del alemán Lutz Hübner, dirigida por Carla Torres Danés e interpretada por, entre otros, Candela Antón, una de las jóvenes actrices de la serie ‘Merlí’], que han estado en el Dau al Sec, han hecho cuatro veces más taquilla que nosotros, los adultos que hacíamos ‘El mercader de Venecia’ en el Versus Glòries.

-Usted es, creo, la primera actriz que interpreta al judío de ‘El mercader de Venecia’. ¿Cómo se le ocurrió?

-Fue Konrad Zchiedrich, el director de la obra, quien apostó por mí. Había trabajado con él en, al menos, seis montajes a lo largo de 30 años. Me quería rescatar del realismo psicológico que yo había estudiado en EEUU. No le gustaba Uta Hagen. En EEUU no tienen teatro clásico y educan para hacer papeles muy situacionales. En Europa, en cambio, la realidad es diferente, hay teatro clásico y películas de autor. Konrad decía que allí siempre están con el ‘sentimentito’ en un mundo pequeño que no representa la realidad humana.

-¿Cuando le conoció?

-Cuando me convertí en productora. Hubo una época en que, como nadie me llamaba ni contrataba, empecé a producir e interpretar aquellas obras que me gustaban, con directores que a mí me interesaban. Le conocí gracias al actor Jaume Valls. Ambos habíamos estado en Nueva York estudiando con Uta. Yo había hecho ‘El camí de la Meca’, que tuvo mucho éxito, y después nos pusimos a buscar una obra con la idea estúpida de que pudiera gustar al público y por primera vez en mi vida produje una obra así, que fue ‘Anuncis classificats’, una comedia simpática de bulevar. Y Konrad la dirigió. Al cabo de varias colaboraciones juntos, cuando surgió la idea del ‘Mercader’, me insistió para que hiciera el Shylock. Siguió con nosotros hasta que estuvo muy enfermo (falleció en agosto) y seguimos solos, con la ayuda de Mingo Ràfols.

-¿Y cómo afrontó el personaje?

-Bueno, hay actores que tienen la habilidad de copiar muy bien lo externo e imitan a un policía, un carnicero o un carpintero. Yo no la tengo. Me tengo que organizar internamente: es mi dinámica, mi aprendizaje. Pero con Shakespeare tienes solo las palabras y me estaba resultando muy difícil componer el personaje hasta que, un día, Konrad, que me veía ensayar, me dijo que pensara en alguien que tiene los pies planos, que eso quizá me ayudaría. Con esta inspiración, poco a poco, empecé a mover los pies de esa forma, luego las piernas, encorvar la columna… Y después de perder el miedo, fue cosa de lanzarme con el texto para descubrir qué salía.

-El esfuerzo ha valido la pena, ¿no? Le han dado el premio Margarida Xirgu.

-Es genial, pero no te cambia nada la vida. Es un reconocimiento, no como un Oscar y todo el mundo te quiere contratar y sube tu cotización. Pero me he alegrado también por Konrad, porque insistió tanto y tanto, que debe estar contento, allá donde se encuentre.

-Me hablaba antes del Teatre Akadèmia…

-Sí, sí. Como yo veía que en las clases del Institut del Teatre había tan buenos alumnos, pensé que era necesario hacer visible su trabajo. Por eso, cuando entré a dirigir el Teatre Akadèmia en el 2007, uno de mis objetivos principales era dar a conocer a estos actores jóvenes con talento, pero invisibles y desconocidos, en obras de autores que les permitieran trabajar el lenguaje y con directores que fueran también pedagogos. Esa fue una de mis primeras apuestas. Programamos laboratorios de interpretación con maestros internacionales (Anatoly Vasilev, Marie de Clerk, Zaedine Zadeck, Philipe Nguyen y Thomas Richards), además de producir una decena de espectáculos: varias obras de Shakespeare (‘Romeu i Julieta’, ‘Com us plagui’, ‘Falstaff’); ‘Electra’, de Sófocles; ‘Ritter, dene voss’, de Bernhard; ‘La gavina’, de Chejov, y ‘La vida perdurable’, de Comadira, entre otras.

-Usted ha adquirido un teatro, el Dau al Sec. Debe tener una hipoteca enorme…

-Jajaja. Pues no. Lo he podido comprar con los ahorros de toda la vida y 10 años de Teatre Akadèmia. En el 2007, Elsa Peretti, una gran amante del teatro que me admiraba mucho, decidió comprar el Akadèmia y me ofreció dirigirlo. Tuve una libertad total, hasta los dos últimos años. Fue el momento de marchar y que cada una siguiera su camino.

-Menos mal.

-Sí. Tuve la suerte de que en aquel momento los Vol Ras decidieron vender su teatro, en el Poble Sec. Y como tenía ganas de seguir haciendo teatro independiente, decidí dar el paso.

-¿Que está produciendo ahora?

-Bueno, ahora no puedo producir casi nada. Tengo varios proyectos en la cabeza, pero se han de dosificar. Después del ‘Mercader’ me he quedado sin dinero para producir. Ahora facilito la sala a aquellos grupos que no tienen teatro para ensayar y estrenar, como hemos hecho con ‘Questió d’honor’.

-Me decía que tiene varios proyectos entre manos.

-Me gustaría crear un Premi Dau al Sec para compañías que intentan funcionar de forma menos piramidal (autor, director, actor). Tener alguna subvención nos ayudaría, claro. El ‘Mercader’, tal y como la hemos montado, nos ha costado 8.000 euros, pero porque no hemos cobrado ninguno de nosotros. Lo haremos ahora, cuando hayamos acabado las funciones y bolos. Pero eso también les pasa a los jóvenes actores de ‘Qüestió d’honor’, que llevan cuatro meses entre ensayos y representaciones, y cobrarán un poco ahora, al acabar.

-Pero usted podría estar jubilada y vivir tranquilamente.

-Estoy jubilada del Institut del Teatre, y no cobro de ningún otro sitio. Pero mi futuro pasa por el Dau, donde hacemos muchas cosas, incluso un curso de filosofía y teatro sobre Shakespeare y su visión del mundo, a cargo de Jordi Feixas. Y también me gustaría hacer inclusión social en el barrio, ver cómo puedo ayudar mejor. Este verano hicimos un taller de cine con chavalitos que no tenían dinero para pagarse colonias de verano. Y también me gustaría hacer una coral con niños y gente mayor.

-Vamos, que usted no para.

-No paro, no [y sonríe].

Mis mejores series del 2019

Cuando mi amigo Jose López Pérez me pidió mi lista de pelis del año, me dio un tembleque. Me resulta muy difícil explicar que voy menos al cine de lo que debería y que, además, no podría estar a la altura de mis amigos de la crítica, capaces de devorar tres o cuatro películas (alguno, más) cada día, la mayoría en las salas de cine.

Por eso, desde la humildad de espectador televisivo, os cito las diez series extranjeras (y dos españolas de postre) que he visto este año y me han gustado especialmente. La visión más profesional ya os la escribió el amigo Natxo Torres Zenarrutzabeitia hace unos días, si bien en algunas cosas no estoy de acuerdo con su criterio, como veréis.

Estas series son una selección de las que más me han gustado este año, no las mejores ni peores. Seguro que cada espectador tiene sus preferidas, como cada crítico. Y recuerden, amigas y amigos lectores, que la crítica es un género de opinión, no una verdad absoluta.

Vamos allá:

En Amazon Prime Video:

– ‘Fleabag’, maravillosa mezcla de comedia y drama a cargo de la frágil, divertida, emocionante y sensible Phoebe Waller-Bridge, que se llevó el Emmy de este año. Mejor véanla en versión original: la voz de esta mujer vale un potosí.

– ‘La maravillosa señora Maisel’. A Natxo no le ha gustado nada la tercera temporada, pero sigue valiendo mucho la pena ver el nacimiento y progresión de una pionera de los monólogos cómicos en EEUU. El equipo Amy Sherman-Palladino (guión) y Rachel Brosnahan (actriz).

En Filmin

-‘The Virtues’, magnífica miniserie dramática británica con un Stephen Graham que sabe transmitir el dolor de un hombre herido desde su infancia.

-‘Home ground / Heimebane’, una serie sobre la primera entrenadora de fútbol de un equipo masculino de primera division noruega que gusta incluso a los no aficionados. Ane Dahl Torp encabeza el reparto, en el que está John Carew, futbolista que jugó en la Liga española.

-‘En la sombra’, una estupenda ‘Borgen’ a la francesa para amantes de las intrigas políticas.

En Netflix

-‘El método Kominsky’, segunda temporada de esta comedia de Chuck Lorre, con unos vejetes interpretados por unos sensacionales Michael Douglas y Alan Arkin.

-‘The Crown’: tercera temporada de la vida y milagros de la reina Isabel II de Inglaterra. De la más dulce Claire Foy a la más dura, pero creíble, Olivia Colman.

-‘Broadchurch’, con precisamente Olivia Colman como policía inglesa de un pueblo costero donde se producen un par de crímenes investigados por el atormentado David Tennant.

En HBO

-‘Juego de Tronos’. Imposible no citar la temporada final de esta serie, que ha marcado toda una década, gusten o no las fantasías épico-medievales.

-‘Killing Eve’, la segunda temporada de esta peculiar relación entre una asesina profesional y una policía, escrita precisamente por Phoebe Waller-Bridge a partir de las novelas de Luke Jennings. Y Jodie Comer también se llevó un Emmy.

En Movistar+

-‘Hierro’: una intriga policíaca, con joven asesinada, ambientada en la más pequeña de las islas canarias. Soberbia Candela Peña en duelo actoral con un Darío Grandinetti de altura.

En BTV (y Filmin)

-‘El muerto vivo’, una serie gamberra y deslenguada, cuyo piloto se llevó un premio Ondas.

La vuelta al mundo de cine de Sergi Ramis

En la sección dedicada a los viajes cinéfilos que voy publicando en la web de Nosolocine.net no pude dejar de comentar un libro que lleva precisamente por título ‘Viajes de cine’ y, como subtítulo, ‘La vuelta al mundo en casi 80 películas.

Aunque no sea un libro de rabiosa actualidad (data de 2011, hace ocho años) su contenido sigue siendo muy válido. Además, la posibilidad de encontrar AgapeaAgapea y en otras tiendas digitales, me lleva a hablar del mismo, por el interés que creo puede suscitar y dada la desaparición de la editorial Raima, que lo publicó en su día.

De entrada, las 260 páginas dedicadas a 76 películas y medio centenar de países de los cinco continentes hablan del esfuerzo del autor: Sergi Ramis, periodista viajero y amante del cine, que ha colaborado en numerosas publicaciones de primer orden (‘El País’, ‘La Vanguardia’, ‘El Periódico’, ‘National Geographic’) y ha sido director de las revistas ‘Altaïr’ y ‘El mundo de los Pirineos’). Actualmente es co-editor de Ecos Travel Books.

Explica Ramis en la presentación de su texto que, viendo a John Wayne “lacear rinocerontes por la sabana africana”, supo que querría viajar y que siempre le gustaría el cine. Por eso, en esta vuelta al mundo en 76 películas viaja “desde la sabana africana y el desierto australiano, hasta las interminables llanuras americanas, las montañas del Himalaya y las paradisíacas playas polinesias”, dice.

Añade Ramis en la contraportada que estos filmes y viajes son “encuentros [literarios] con Cary Grant, Ava Gardner, Robert Redford, Marilyn Monroe, John Wayne, Ingrid Bergman, Peter O’Toole, Humphrey Bogart, Sigourney Weaver, Marlon Blando, Jeanne Moreau, Clint Eastwood… en los mejores escenarios del planeta”.

Ah… también aparece la Costa Azul francesa de ‘Atrapa a un ladrón’, el filme de Alfred Hitchcock, un título indirectamente de actualidad gracias a la serie homónima de Paramount Channel, dirigida por Pablo Vásquez. Se trata de una ficción que cuenta con guion de Jordi Calafí y Javier Olivares (el creador de ‘El Ministerio del Tiempo) a partir del filme original de Hitchcock, con Pablo Echarri y la encantadora Alexandra Jiménez como protagonistas.

Que este libro cuente con el prólogo de Sebastián Álvaro, el creador de la serie documental ‘Al filo de lo imposible’, lo avala aún más. Pero su autor insiste: “Este no es un libro de cine. Es un libro de un viajero aficionado al cine”. Avisados quedamos.

Sin extenderme más, para que el posible lector pueda saborearlo, diré que este itinerario de cine lo abre ‘El bosque animado’ y Galicia, sigue con ‘Jamón, jamón’ y Aragón, y circula por las ‘Carreteras secundarias’ de la Costa Brava, antes de penetrar en Francia y proseguir por Inglaterra, Irlanda y una decena de países europeos más.

África y la hitchockiana ‘El hombre que sabía demasiado’ cierran esta aventura, que incluye detalles de cada película y breves recuadros informativos sobre los lugares donde se rodaron las mismas, así como detalles útiles de cómo viajar a los mismos.

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