El blog del periodista Txerra Cirbián, desde 2005

Mes: noviembre 2020

Cineastas españoles en Venecia

Cartel de ‘Veneciafrenia’ y dibujo original de Álex de la Iglesia (de su Twitter).

Estos días en que siento la nostalgia viajera y en que los cines siguen cerrados en Barcelona, he querido volver a arrimar el ascua cinéfila a la sardina viajera y volveros a hablar de Venecia. Hay varias razones. La primera, el fallecimiento, ayer de Jan Morris, la mejor escritora de viajes, cuyo libro sobre Venecia es todo un referente (podéis leer aquí lo que ha escrito el colega Jacinto Antón, que la entrevistó hace unos años). La otra es que dos directores españoles (¡dos, y en plena pandemia!), Álex de la Iglesia y Paula Ortiz, están rodando en la ciudad de los canales. Una buena noticia que me permite recordar a un tercero, el pionero, hace unos años: Jordi Torrent. Este artículo se publicó originalmente en Nosolocine.net

Vamos por el primero: Álex de la Iglesia está filmando ‘Veneciafrenia‘. Es la primera entrega del sello ‘The Fear Collection‘, una serie de películas de terror impulsadas por el director vasco con su productora, Pokeepsie Films, apadrinado por Sony Pictures España y Amazon Studios. Eso le augura una buena distribución en cines (si la pandemia lo permite) y en la conocida plataforma digital de pago.

Dibujos del ‘story board’ de ‘Veneciafrenia’, publicados por Álex de la Iglesia.

Al parecer, la historia se centra en un grupo de turistas españoles que viajan a Venecia con la intención de divertirse y acaban metidos en una pesadilla y luchando por salvar la vida. Ingrid García Jonsson encabeza un reparto que incluye a Silvia Alonso, Goize Blanco, Alberto Bang, Cosimo Fusco, Enrico lo Verso, Caterina Murino y Nico Romero, entre otros actores.

La primera vuelta de manivela (usando terminología analógica) se dio el pasado 5 de octubre en la ciudad italiana y se prolongarán durante siete semanas en localizaciones venecianas (callejuelas estrechas, plazoletas no demasiado transitadas, el mercado de Rialto y algunas paradas de vaporetto del Gran Canal) y en Madrid (básicamente en estudio). El propio De la Iglesia se despedía esta semana de esos exteriores con un tuit en que decía “últimos días en Venecia”.

Callejuela veneciana, fotografiada por Álex de la Iglesia.

Lo original de este filme es que los exteriores se han rodado en la capital del Véneto, algo inusual en la cinematografía española. De hecho, únicamente un director español lo había hecho antes: Jordi Torrent, un realizador catalán afincado en Nueva York que rodó en la ciudad, en 2014, ‘La redempció dels peixos‘. Enseguida me centraré en ella. Lo digo, porque, curiosamente, la realizadora zaragozana Paula Ortiz está filmando allí otro proyecto internacional.

La directora de ‘De tu ventana a la mía’ (2011) y de la premiada ‘La novia’ (2015) está en Venecia rodando una adaptación de ‘Across the river and into the trees (Al otro lado del río y entre los árboles)’, una de las últimas novelas de Ernest Hemingway. El gran Javier Aguirresarobe es el encargado de la dirección de fotografía.

Paula Ortiz y Liev Schreiber, en Venecia.

Ortiz buscó las localizaciones para esta película a inicios de 2020 y la epidemia que empezó a llegar al norte de Italia hizo que volviera para casa. El rodaje se inició en octubre, hace unas semanas, y el equipo está lidiando con la situación, que volvía a estar complicada en Italia por culpa de la pandemia. La directora lo comentaba así en su Instagram: “lockdown / quarantine / venice / todos quietos hasta ver / standby / seguimos remando desde casa / across the river and into the trees / hemingway”.

El protagonista masculino es el actor estadounidense Liev Schreiber, quien también ha dejado constancia en Instagram de que le encanta la ciudad (“la más bella del mundo, además de Nueva York”) y sus gentes. Medios locales le han fotografiado comiendo pizza y fumando en el balcón de su apartamento.

El digital Deadline fue el primero en anunciar este proyecto durante el Festival de Venecia y citó como otros miembros del reparto a Matilda De Angelis, Laura Morante, Giancarlo Giannini y nuestro Javier Camara, que en enero de 2019 estuvo filmando algunas escenas de la serie ‘The New Pope’ en Roma y en Venecia.

Publicado en 1950, el libro narra las peripecias de un veterano coronel del ejército de EEUU, con problemas de salud, que acude a Venecia a cazar patos y para encontrarse con su joven y aristocrática amante veneciana. La novela incluye claros elementos autobiográficos, ya que Hemingway, cincuentón como su personaje, vivió una temporada en la ciudad de los canales junto con su cuarta esposa, Mary Welsh, y se enamoró (dicen que de forma platónica) durante una partida de caza de Adriana Ivancich, una jovencísima condesa de sólo 18 primaveras.

Además de este filme, Paula Ortiz tenía entre manos un guion sobre santa Teresa de Jesús, coescrito con Juan Mayorga que adaptaba la obra de este último ‘La lengua en pedazos’. El proyecto ha sufrido un traspiés, al habérsele denegado la subvención del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales, ya que se ha «agotado la dotación presupuestaria» de que disponía el ICAA para este año. Un problema que ha afectado a otros muchos conocidos realizadores. No hay dinero.

Pero volvamos al pionero, al primer cineasta español que se atrevió a ir a rodar a la ciudad de los canales: Jordi Torrent, que filmó ‘La redempció dels peixos (La redención de los peces)’ durante el verano de 2013 en Venecia. La película narra el viaje “laberíntico” de un hijo para conocer a su padre, que le abandonó cuando era un niño. Miquel Quer y Lluís Soler, encabezaban el reparto, lleno de actores venecianos. Jose López comentó el filme en su día en Nosolocine.

Miquel Quer, en una escena de ‘La redempció dels peixos’.

Torrent, que reside en Nueva York, respondió amablemente a mis preguntas por videoconferencia, cuando le indiqué que deseaba incluirle en una nueva edición de mi guía ‘Venecia de cine’ (2015). Me explicó que había usado como telón de fondo la caótica y laberíntica trama urbana de la ciudad de los canales para describir el proceso interno del joven tras descubrir la identidad de su padre, que oculta aspectos poco claros de su pasado y presente.

En la decisión del director pesó también su amor por la capital veneciana, al hecho de que su esposa, Flavia Galuppo, fuera neoyorquina de ascendencia italiana (además de directora artística de la película) y a que ambos tienen muchos amigos en la región. También me explicó algunos detalles más, que dejo para incluir en el libro y que podréis leer en cuanto se publique.

CODA. Después de publicado este texto, Jordi me ha dejado un amable texto en el apartado de comentarios, que también añado aquí. Dice lo siguiente: «Gracias, Txerra, por incluirme en este bonito artículo. Cómo nota a pie de página te hará gracia saber que la escena del estudio de artista que se ve en ‘La Redención de los Peces’ la rodamos en el estudio del pintor veneciano Bobo Ivancich, sobrino de la Ivancich que enamoró a Hemingway«.

Jordi Torrent, en el puente que conduce al Ghetto judío de Venecia.

Lo cierto es que Venecia sigue siendo un imán para el cine. Recuerdo que a la hora de afrontar mi ‘Venecia de cine‘ llegué a contar más de un centenar de películas allí rodadas. De ellas, decidí eliminar de la lista inicial más de la mitad que únicamente tenían algún plano puramente veneciano, y me decanté finalmente por una treintena larga. La mayoría corresponden a producciones filmadas ampliamente en la ciudad o cuya importancia a nivel internacional me ‘obligaba’ a incluirlas.

Cuando acabé de redactar el texto, decidí finalizarlo con ‘Effie Gray’ (2014), el melodrama de época rodado por Richard Laxton, con Dakota Fanning, Emma Thompson, Tom Sturridge y Greg Wise. En aquel momento, mis editores me sugirieron un límite de páginas, pero ahora me veré obligado a superarlo, porque no puedo dejar de incluir a estos directores españoles en una próxima edición del libro: Jordi Torrent, Álex de la Iglesia y Paula Ortiz.

‘Todas las criaturas grandes y pequeñas’, una serie de buen rollo

Nicholas Ralph como James Herriot, el protagonista.

Entre las nuevas series que llegan a nuestras casas a través de la televisión tradicional en abierto o mediante las plataformas de pago vía internet (‘streaming’), hoy les escribo de una serie de las de buen rollo, de las que te hacen disfrutar con sus personajes e historias y acabar cada capítulo con una sonrisa. Se titula ‘Todas las criaturas grandes y pequeñas’ y la acaba de estrenar la plataforma española Filmin.

Se trata de una ficción inglesa actual, ambientada a finales de los años 30 del siglo XX y con todas las características de las mejores producciones británicas: buenos guiones, realizaciones más que correctas, estupenda recreación de la época y con un puñado de actores que saben sacar jugo a sus personajes. Además, les puedo asegurar que hará las delicias de los amantes de los animales, grandes y pequeños, como reza el título. También tiene ese tono agradable y cálido que ya poseía ‘Los Durrell’, que también acoge Filmin.

De izquierda a derecha, AnnaMadeley, Samuel West, Nicholas Ralph, Rachel Shenton y Callum Woodhouse.

Pero vayamos por partes. Primero, la trama, que es una nueva adaptación de los libros de James Herriot (1916-1995), seudónimo del escritor James Alfred Wight, que ejerció durante décadas como veterinario rural en el condado de Yorkshire del Norte, en mitad de Inglaterra.

Se tratan de historias semiautobiográficas que el autor escribió en una docena de libros a partir del año 1969. Fueron tan populares, que lograron incrementar el número de jóvenes estudiantes de Veterinaria, además de dar lugar a un par de telefilmes y una teleserie.

El protagonista es el mismo James Herriot joven, recién salido de la Universidad y que vive en Glasgow con sus padres. Un día le llega una oferta de trabajo en la zona del parque nacional de Yorkshire Dales por parte de un, más bien excéntrico, veterinario llamado Siegfried Farnon. Este vive en un caseron, Skeldale House, con una ama de llaves, la señora Hall, y posteriormente el hermano menor de Farnon, llamado Tristan, un bala perdida.

Las peripecias de todos ellos y sus relaciones con los vecinos, granjeros y ganaderos del condado, más los cuidados que proporcionan desde gatos y perros domésticos a caballos y vacas a punto de parir, conforman el simpático núcleo argumental.

Los veterinarios y el ama de llaves.

La primera adaptación de los libros de Herriot fue una película para la televisión, rodada en 1975, sólo seis años después de la publicación de la obra literaria original. Fue dirigida por Claude Whatham e interpretada por Simon Ward (como James) y Anthony Hopkins (como Siegfried), acompañados de Lisa Harrow, Brian Stirner y Freddie Jones. Su secuela, con otros actores, fue menos interesante, pero la BBC decidió impulsar una serie, que se mantuvo en pantalla de 1978 a 1990, a lo largo de siete temporadas y 90 episodios, con Christopher Timothy, Robert Hardy y Peter Davison al frente del reparto.

La miniserie actual de seis capítulos que llega ahora a Filmin parte del mismo material, pero con nueva savia, con un reparto encabezado por el joven actor escocés Nicholas Ralph (1990), como el joven, ingenuo pero eficaz James Herriot, su primer papel de importancia.

El veterano Samuel West (1966) encarna a Siegfried Farnon, cuya dura apariencia esconde a un tipo noble y generoso. West es hijo del legendario Timothy West y un rostro muy popular en el cine y la televisión inglesa, con trabajos que van desde ‘Regreso a Howards End’ a ‘The Crown’. El tercero en concordia es Callum Woodhouse, que ya interpretó a Leslie Durrell, el hermano aficionado a las armas en la serie de ‘Los Durrell’, le proporciona el toque juerguista a Tristan Farnon.

Callum Woodhouse, el Leslie de ‘Los Durrell’, es aquí el juerguista a Tristan Farnon.

A destacar que esta nueva adaptación ofrece notables toques de igualdad de género y un mayor peso de los personajes femeninos de la trama, empezando por Anna Madeley, como la señora Hall, la ama de llaves, y Rachel Shenton, como la atractiva granjera Helen Alderson.

Como casi siempre en las producciones inglesas, el puñado de actores secundarios ofrece recitales notables que aportan brillantez a sus personajes, aunque sean de corta duración. Y aquí destaca con luz propia la gran Diana Rigg, fallecida el pasado mes de septiembre: aquí hizo uno de sus últimos trabajos, encarnando a la señora Pumphrey, una adinerada dama a cuyo regordete y enfurruñado perro pequinés ha de tratar el joven veterinario Herriot.

Diana Rigg, como señora Pumphrey, y su glotón pequinés.

Finalmente, en el apartado técnico, hay que señalar que los dos primeros episodios están dirigidos por el británico Brian Percival, conocido por su trabajo en la serie ‘Downton Abbey’, la miniserie ‘Norte y Sur’ y las películas ‘A boy called dad’ y ‘La ladrona de libros’.

Ah… y no se pierdan los bonitos títulos de crédito, unos dibujos o pinturas animadas que recuerdan algunas de las portadas de los libros originales y también a estilo de los créditos de la serie ‘Los Durrell’, si bien en este caso fueron diseñados por Alex Maclean mientras que en las ‘criaturas’ la dirección de arte se debe a Thomas Goodwin.

Las aventuras del veterinario inglés ya tienen continuación: el Channel 5 británico estrenará la segunda temporada de la serie el próximo mes de enero. Filmin la emitirá en octubre de 2021, según ha avanzado su director editorial, Jaume Ripoll.

Entrevista con Eduard Jornet

Eduard Jornet, con el Mongun Taiga a sus espaldas.
“Viajar es barato si no te planteas dormir en hoteles de cuatro o cinco estrellas”, dice este montañero y autor de documentales, padre de Kilian Jornet, que estrena canal de Youtube

Eduard Jornet nació en vísperas de la Nochebuena de 1951, en Badalona, porque su padre, que era de Aitona (Segrià), empezó a trabajar en Ferrocarrils de Catalunya. Él fue el primero de su familia en convertirse en montañero, una afición que convirtió en profesión y que su hijo Kilian ha seguido y elevado a nivel de mito deportivo. Esta entrevista se publicó originalmente en el Catalunya Plural.

– ¿De dónde le viene esa afición a la montaña?
– Del ‘escoltisme’. Del grupo de ‘escoltes’ de La Floresta, que era donde vivíamos. Si me preguntas cuándo empecé a priorizar la afición a la montaña sobre otras cosas, fue hacia los 17 años. Y a los 25 rompí del todo con Barcelona y me fui a vivir a un refugio, al Mallafré, en Sant Maurici.

— ¿Dejó los estudios?¿El trabajo?
– No, no. Estudié el bachillerato y soy serigrafista de oficio desde los 14 años. A través de mi madrina, que era muy amiga de Ángel Camacho, que hacía los carteles de cine de Barcelona, logré entrar a trabajar en la sección de serigrafía de sus talleres. También hice una diplomatura en Marketing, pero lo dejé por la montaña. Evidentemente esos estudios me han servido para todo lo que he hecho luego, en los refugios y como pistero-socorrista en La Molina.

–¿Y eso de ser encargado de un refugio se consigue fácilmente?
– No. No te lo daban así como así. Te hablo ahora del año 1977 y yo solicité gestionar un refugio a la delegación catalana de la Federación Española de Montaña. Tuve que demostrar al comité encargado de esas concesiones que yo conocía la montaña, que había hecho travesías por el Pirineo, que había ascendido a varias cumbres… Y me dieron la gestión del Ernest Mallafré del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici.

–¿No le daba miedo la soledad?
– Nada. Aunque soy una persona muy sociable, me gusta estar solo y caminar por la montaña solo sin ningún problema.

– Usted es guía de montaña desde 1978, pero también puede tener un accidente…
– Has de asumir la parte de riesgo que tienes, pero has de controlar muy bien dónde vas, cómo vas y de qué manera. Tienes que conocer bien el terreno.

– ¿Y no es mejor ir acompañado?
– Sí, sí. Es mejor ir con alguien. Lo aconsejo siempre.

– A inicios de los años 80 encontró a su alma gemela, Núria Burgada, que decidió acompañarle…
– Ella también venía del mundo de la montaña y coincidimos en la Molina. Estuvimos varios años juntos y tuvimos a nuestros hijos, Kilian y Naila.

Eduard Jornet, durante la entrevista.

– Vamos, que de tal palo, tal astilla…
– No, no. Nosotros les dimos a elegir qué querían ser. Kilian escogió la montaña, como profesional, y Naila decidió ser fisioterapeuta, pero también vinculada a la montaña, porque a ella también le gusta, y escala, hace parapente… No se lo inculcamos, sino que salió de una forma natural. De pequeños íbamos a la montaña y hasta donde llegaran. No era cuestión de hacer cumbre porque sí, porque había que llegar a la cumbre, sino que vamos allí y si llegamos arriba, pues muy bien, y si no, no pasa nada. No les forzamos nunca a continuar.

– ¿No le da miedo cada aventura de Kilian?
– Claro que me preocupa, como a usted si su hijo sale de noche y ha de conducir por una carretera que no conoce para ir a una discoteca. La cuestión es conocer tus límites y conocer el terreno que pisas. Y en deportes de riesgo, hay que saber tomar la decisión correcta en el momento crítico. No pasa nada por no llegar a la cumbre. Lo importante es nuestro esfuerzo por intentarlo.

– ¿Cómo lleva no poder ver a Kilian, a Emelie y a su nieta, con esto de la pandemia?
– Es duro, porque tenía que haber ido a Noruega en marzo, cuando empezó todo, y tal como están las cosas no sé cuándo podré verles…

– Volvamos a su faceta de fotógrafo y documentalista. ¿Cuándo le entró ese gusanillo?
– Es una afición que me viene de mis primeras excursiones por el Pirineo con tres amigos ‘escoltes’ más. Debía tener 16 o 17 años cuando preparamos una travesía desde Setcases hacia La Molina y luego hacia Berga. Y le pedí a mi madre una cámara muy sencilla, con la que hice mis primeras fotos en blanco y negro.

– ¿Aquellas de estilo Werlisa o reflex tipo Praktica?
– No recuerdo. Era muy sencilla, de plástico, tipo Instamatic de Kodak o Agfa. Con el tiempo, en cada salida, llevaba una cámara, que cada vez fue siendo más buena. La primera vez que fuimos a Benasque, mi hermano me dejó ¡una Yashica!

– Me hablaba del origen de su afición…
– Como le decía, cuando empecé como serigrafista hacía el revelado de las fotografías. Y el encargado, además, era aficionado a la fotografía y al cine, y eso me ayudó. Más tarde, un año que íbamos a estar de vacaciones en Benasque, alquilé una cámara de cine de 8 mm e hice una primera película, que no me salió muy bien, con veladuras y tal. Pero me gustó tanto, que me compré una de aquellas de tres objetivos, que me sirvió para filmar una excursión a los Alpes y la subida al Mont Blanc.

En la cima del Mongun-Taiga (2976 metros), con su amiga Merxe Mubarik.

– ¿Qué edad tenía en esa ascensión?
– 20 años.

– Era muy joven…
– Sí. En aquella época éramos así. En la colla de Sant Cugat había otros tres chavales con 17 o 18 años. Y subimos todos juntos. Pues lo que te decía, que me aficioné al cine, y del 8mm pasé al Super 8mm, con una Sanyo. Y también una empalmadora, para cortar y montar planos. En realidad era más fotografía que cine. No tenía mucha idea.

– Bueno, como todos los aficionados cuando empezamos…
– Hacía mis pinitos e, incluso, grabé una de las clases de mi mujer, Núria, que estudiaba Magisterio, e incluyó la película en su trabajo de fin de carrera. Pero me faltaba algo. Veía los documentales de Jordi Pons y tenían una forma muy atractiva de explicar una historia. Y supe que necesitaba aprender un poco más.

– ¿De qué año me habla, más o menos?
– Hacia 1993 y 1994. Un día vi un anuncio del Centre d’Estudis Cinematogràfics de Catalunya (CECC) y decidí a apuntarme a unos cursos de montaje y fotografía.

– ¿Se apuntó a una escuela de cine con 40 años cumplidos?
– ¿Y por qué no? Habíamos dejado La Molina y me habían dado la gestión del refugio de Cap del Rec. Y en el CECC conocí a profesores estupendos, como el montador Manel Almiñana, con quien colaboré luego en varios cortometrajes, y el director de fotografía Gerard Gormezano. Y José Luis Guerín nos dio alguna clase de dirección. A partir de ahí hice varios cortometrajes más en super 8 mm y también me lié con una cámara de 16 mm.

– Esos son palabras mayores…
– Sí. Hice un par de cosas, ‘La Vall de la Llosa’ y ‘La procesó de Meranges’, pero el 16mm era carísmo y lo dejé. Volví a la fotografía analógica y en cuanto apareció la digital me pasé a ella. Luego, también, empecé con el vídeo digital. Así he rodado en HD ‘La Gran Volta al Toubkal’, ‘Aladaglar’, ‘Muntanyes de Llum’ y ‘La casa dels Esperits, 238 Km en solitari en territori
Mapuche’, sobre el volcán Rukapillan, en Chile. También he colaborado en algunos de los documentales de Kilian, como en ‘El contador de lagos’ [que puede verse en TV-3 a la carta].

– Además de efectuar grandes vueltas a la Cerdanya (con libro incluido), al Toubkal africano y al Rukapillan chileno, ahora está acabando otro documental.
– Yo grabo pequeños documentales que me sirven para ilustrar las conferencias que doy por todo el mundo. Pero es un proyecto muy chulo: la gran vuelta al Mongun-Taiga, un macizo montañoso en la zona oriental de Siberia, tocando a Mongolia. Estuve viviendo allí varios meses, antes de la pandemia. Ya tengo un primer montaje y sólo me faltan algunas voces y detalles.

– ¿Por qué Siberia?
– Es que fuimos con una idea doble: la ruta alrededor del Mongun-Taiga en sí, en la que también participaron un grupo de excursionistas catalanes, y un proyecto de una amiga, Anna Panchischeva, para elaborar queso a partir de leche de yak. Cuando lo explicamos, les pareció muy interesante a la gente de allí e, incluso, a las autoridades locales, que nos ayudaron con ambos temas.

– ¿Podremos ver el documental en alguna tele?
– No creo. Estoy muy desencantado con las televisiones. No las veo interesadas en lo que yo hago. Ahora mismo, en Filmin está ‘Amazigh’, un trabajo que codirigí con Alicia Almiñana, en Marruecos, sobre dos jóvenes bereberes que se preparan para participar por primera vez en una carrera ultra trail. Si alguna cadena o alguna plataforma quiere emitir el de Siberia, bien. Si no, se podrá ver en mi canal de Youtube.

– ¡En Youtube!
– Sí, sí. Unos amigos lo están preparando para que se puedan ver todos mis documentales en un canal propio de Youtube, probablemente vinculado a mi página web: EduardJornet.com

Eduard Jornet, con la furgoneta de su hijo Kilian. En algunos de sus viajes duerme en ella.

– Aunque usted está jubilado como guía de montaña, no para de viajar por cordilleras de todo el mundo descubriendo nuevos lugares. Y, además, colabora con la Fundación Itinerarium, una entidad que cumple ahora 10 años.
– Colaboro en el diseño de sus Circuitos Inclusivos, unos itinerarios que pueden ser recorridos por todas las personas, incluidas aquellas cuyas capacidades físicas o intelectuales estén mermadas. Son unas rutas señalizadas de forma permanente en diferentes ciudades y pueblos. El primero fue en Llívia y ya hay más de 40 en toda Catalunya, Madrid, Venecia, Chile y Estados Unidos. El próximo, antes de fin de año, será en Tiana.

– Vamos, que no se está quieto. Y seguro qué tiene algún proyecto más en mente.
– Teníamos previsto haber ido este año a Oceanía, a hacer la gran vuelta al Tarawera, un volcán activo en Nueva Zelanda, pero la pandemia lo ha parado todo.

– Dado que viaja continuamente, ¿cómo lo hace para vivir fuera varios meses sin arruinarse?
– Viajar es barato si no te planteas ir a dormir a hoteles de cuatro o cinco estrellas. Mira, yo tengo un presupuesto de 900 euros al mes y sé que no me puedo pasar. Hay jornadas que estoy de ruta y duermo en una tienda en la montaña y no gasto nada. Así, otro día puedo bajar a la ciudad más cercana y estar en un hotelito donde ducharme. Además, siempre hay amigos que te acogen en su casa y te dejan una cama donde dormir.

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