Lanzarote

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A finales de mayo estuve en Lanzarote. Como suele ocurrirnos a muchos periodistas, aproveché un fin de semana de ocio para explicar en forma de reportaje, en mi diario, algunos aspectos de esta preciosa isla canaria. La excusa eran los paisajes que Pedro Almodóvar rodó para su película Los abrazos rotos, pero el Timanfaya y los viñedos de La Geria son el eje sobre el que gira el reportaje.
Si os apetece leerlo en el formato original, tal y como se publicó, os dejo aquí la primera y la segunda páginas del artículo, en formato PDF.

Entre viñedos y volcanes

Decía Pedro Almodóvar, a raíz del rodaje de su película Los abrazos rotos, que Lanzarote posee «paisajes enormes» y «colores dramáticos», donde la naturaleza actúa como un «personaje». Convertida en escenario de ficción por el cineasta manchego, todo es salvaje en esta isla canaria, en la que es posible caminar entre volcanes y saborear vinos de una tierra negrísima.
Lugar de cita de surfistas de todo el mundo, que buscan el viento que azota la costa noroeste, la playa de Famara fue uno de los lugares del rodaje del filme, al igual que el Charco de los Ciclos, en El Golfo. Atención: no es una zona fácil para el baño y allí ondea casi siempre la bandera roja, pero abundan los amantes del kitesurf, que se deslizan veloces en sus tablas tiradas por cometas. El viento es tal, que la arena ha medio sepultado los bungalós situados cerca de la orilla.
Reserva de la Biosfera de la Unesco, la isla que descubrió para los europeos el navegante genovés Lancelotto Malocello (o Lanzarotus Marocelus, en latín) en el año 1312 era más verde que la actual y en ella se cultivaban cereales para el resto del archipélago canario. Pero después de la erupción volcánica del Timanfaya, en el año 1730, y de la ocurrida un siglo más tarde, en 1824, todo quedó teñido de negro. Y lo que entonces fue causa de terribles hambrunas ha desembocado en una de las actividades más productivas de los últimos años: el enoturismo.

El Parque Natural de La Geria, también filmado por Almodovar, es un tapiz negro y verde de arenas volcánicas y viñedos: aquí se obtienen unos agradables vinos blancos, elaborados con malvasía, la uva local, por un buen número de pequeñas bodegas. Javier Betancort, presidente la DO Vinos de Lanzarote, explica que en las 17 que pertenecen al Consejo Regulador «entran unos 550.000 turistas al año, siendo la zona de toda España con mayor número de visitantes en bodegas».
En una de las más veteranas, La Geria, ratifican el dato y afirman recibir «una media anual de 300.000 visitas». Una cifra proporcionalmente enorme para una extensión tan pequeña. Buena idea es visitar dos de las bodegas más premiadas en citas internacionales: Stratvs y El Grifo.
Hacia el sur, en dirección a Yaiza, poco antes de Uga, se encuentra Stratvs, la más nueva y moderna de todas las bodegas, que ofrecen visitas guiadas a sus instalaciones, en las que también hay dos restaurantes. Es muy interesante la explicación de cómo los suelos volcánicos en los que se asientan los viñedos, cubiertos pon una capa de lapilli o picón negro, facilita la filtración de la humedad ambiental y de la escasa lluvia y evita su evaporación.
También ofrece visitas guiadas El Grifo, la bodega más antigua de Canarias y unas de las más añejas de España, que cuenta con un interesante Museo del Vino. Un paseo por sus viñedos permite descubrir cepas de 200 años de antigüedad, cuidadas con esmero en hoyos profundos y protegidas del viento con unos gruesos muros semicirculares de piedra llamados abrigos o gerias.
La joven guía del museo explica que, desde hace unos 10 años, también se construyen unas paredes rectas y largas, que permiten vendimiar mejor. Desde 1775, la finca es propiedad de la familia Otamendi Rodríguez-Bethencourt, apellido que remite al aventurero normando Jean de Betancourt, conquistador de la isla en el año 1402. Una prima de estos, María Luisa Rodríguez-Bethencourt, es la dueña del Caserío de Mozaga, todo un referente en lo tocante al turismo rural de calidad, incluido en la guía Ruralka (www.ruralka.com/).
La oferta hotelera es amplia en la isla, sobre todo en zonas costeras, pero la zona central tiene casas y fincas con más encanto que la tradicional. El Caserío de Mozaga, por ejemplo, es una edificación rural típica canaria de finales del siglo XVIII, catalogada como Patrimonio Histórico de Lanzarote, que se alza sobre una antigua colada volcánica, rehabilitada con esmero en 1998 por su propietaria, e incluye detalles como un par de dibujos dedicados por César Manrique al padre de María Luisa en el salón de la casa. El artista lanzaroteño también es el autor del emblema de las bodegas El Grifo.

Ciertamente, cualquier primera visita a la isla tiene como citas ineludibles para el viajero las obras realizadas por él: la Fundación César Manrique, que ocupa su propia casa en Tahíche; los Jameos del Agua, una oquedad a cielo abierto ubicada en el interior de un túnel producido por la erupción del volcán de la Corona y llena de agua azulísima (el conjunto incluye la preciosa Cueva de los Verdes, de varios kilómetros); el Mirador del Río, que se asoma hacia la octava isla canaria, la Graciosa, que el viajero no debería dejar de conocer; y el bello Jardín de Cactus, ubicado en una antigua cantera de Guatiza, un pueblo que ha recuperado el cultivo de la cochinilla, parásito del que se extrae un tinte rojo.
Pero Lanzarote es tierra de volcanes y, no se asusten, se puede caminar entre, sobre y dentro de ellos. Solo en el Parque Nacional de Timanfaya hay más de 25 conos, como las Montañas del Fuego, la Montaña Rajada y la Caldera del Corazoncillo. Y fuera del recinto protegido, en el Parque Natural de los Volcanes que lo rodea, hay un sinfín de lugares de interés para el geólogo aficionado y para los amantes del senderismo.
En el Centro de Visitantes e Interpretación de Mancha Blanca (928.118.042), que alberga una exposición gratuita con un vídeo explicativo, organiza visitas guiadas (previa reserva), entre las que destacan la de Termesana y la del litoral. También aconsejan otras rutas que se pueden realizar por libre. El municipio de Tinajo, justo al lado, también sugiere varias excursiones en su web (www.tinajo.es), así como algunas excursiones subterráneas, como la Cueva de los Naturalistas. Para estas rutas se sugiere ir bien calzado, con gorra, crema solar y una botella de agua.
Una excursión perfecta, de unas dos horas de duración, accesible para cualquier familia con niños, es al Caldera Blanca. Para llegar a este volcán extinto (tiene 5.000 años de antigüedad), el más grande de la isla, solo hay que tomar un camino a la salida de Tinajo. Tras dejar el coche en una zona de aparcamiento, un camino entre lava nos acerca primero a la montaña Calderata, un volcán más pequeño.
Si se quiere ampliar la excursión, el gran cono volcánico del Caldera Blanca tiene unos 1.200 metros de diámetro y puede rodearse en una hora, más o menos, Desde su punto más alto, a 458 metros sobre el nivel del mar, se contempla la enorme lengua negra de lava que, proveniente del Timanfaya, rodeó la montaña en la erupción del siglo XVIII. En el fondo del cráter pastan ahora algunas cabras, las únicas que se aventuran a bajar hasta el fondo. Las atraen unas briznas de pasto verde que crece en el centro del gran hoyo.

Lanzarote

A finals del mes de maig, vaig estar a
Lanzarote. Com acostuma a passar-nos a molts periodistes, vaig aprofitar un cap de setmana d’oci per explicar en forma de reportatge, en el meu diari, alguns aspectes d’aquesta preciosa illa canària. L’excusa eren els paisatges que Pedro Almodóvar va rodar per la seva pel·lícula Los abrazos rotos, però el Timanfaya i les vinyes de La Geria són l’eix sobre el qual gira el reportatge.

Si us ve de gust llegir-ho en el format original, us deixo aqui mateix la primera y la segona pàgines de l’article, en format PDF.

Entre vinyes i volcans

Deia Pedro Almodóvar, arran del rodatge de la seva pel·lícula Los abrazos rotos, que Lanzarote posseeix «paisatges enormes» i «colors dramàtics», on la natura actua com un «personatge». Convertida en escenari de ficció pel cineasta manxec, tot és salvatge en aquesta illa canària, en la qual és possible caminar entre volcans i assaborir vins d’una terra negríssima.
Lloc de cita de surfistes de tot el món, que busquen el vent que assota la costa nord-oest, la platja de Famara va ser un dels llocs del rodatge del film, igual que el Toll dels Cicles, al Golf. Atenció: no és una zona fàcil per al bany i allà oneja gairebé sempre la bandera vermella, però abunden els amants del kitesurf, que llisquen veloços en les seves taules tirades per cometes. El vent és tal, que la sorra s’ha mig sepultat dels bungalous situats prop de la riba.
Reserva de la Biosfera de la Unesco, l’illa que va descobrir per als europeus el navegant genovés Lancelotto Malocello (o Lanzarotus Marocelus, en llatí) l’any 1312 era més verd que l’actual i s’hi conreaven cereals per a la resta de l’arxipèlag canari . Però després de l’erupció volcànica de Timanfaya, l’any 1730, i de la ocorreguda un segle més tard, en 1824, tot va quedar tenyit de negre. I el que llavors va ser causa de terribles fams ha desembocat en una de les activitats més productives dels últims anys: l’enoturisme.

El Parc Natural de la Geria, també filmat per Almodovar, és un tapís negre i verd de sorres volcàniques i vinyes: aquí s’obtenen uns agradables vins blancs, elaborats amb malvasia, el raïm local, per un bon nombre de petites bodegues. Javier Betancort, president la DO Vins de Lanzarote, explica que a les 17 que pertanyen al Consell Regulador «entren uns 550.000 turistes l’any, sent la zona de tot Espanya amb major nombre de visitants en cellers».
En una de les més veteranes, La Geria, ratifiquen la dada i afirmen rebre «una mitjana anual de 300.000 visites». Una xifra proporcionalment enorme per a una extensió tan petita. Bona idea és visitar dues de les bodegues més premiades en cites internacionals: Stratvs i L’Aixeta.
Cap al sud, en direcció a Yaiza, poc abans d’Uga, es troba Stratvs, la més nova i moderna de tots els cellers, que ofereixen visites guiades a les seves instal · lacions, en què també hi ha dos restaurants. És molt interessant l’explicació de com els sòls volcànics en els quals s’assenten les vinyes, coberts posa una capa de lapilli o picón negre, facilita la filtració de la humitat ambiental i de l’escassa pluja i evita la seva evaporació.
També ofereix visites guiades El Grifo, el celler més antic de Canàries i unes de les més ràncies d’Espanya, que compta amb un interessant Museu del Vi. Un passeig per les seves vinyes permet descobrir ceps de 200 anys d’antiguitat, cuidades amb cura en forats profunds i protegides del vent amb uns gruixuts murs semicirculars de pedra anomenats abrics o gerias.
La jove guia del museu explica que, des de fa uns 10 anys, també es construeixen unes parets rectes i llargues, que permeten veremar millor. Des de 1775, la finca és propietat de la família Otamendi Rodríguez-Bethencourt, cognom que remet l’aventurer normand Jean de Betancourt, conqueridor de la illa l’any 1402.
Una cosina d’aquests, María Luisa Rodríguez-Bethencourt, és la propietària del Caserío de Mozaga, tot un referent pel que fa al turisme rural de qualitat, inclòs a la guia Ruralka (www.ruralka.com/). L’oferta hotelera és àmplia a l’illa, sobretot en zones costaneres, però la zona central té cases i finques amb més encant que la tradicional.
El Caserío de Mozaga, per exemple, és una edificació rural típica canària de finals del segle XVIII, catalogada com a Patrimoni Històric de Lanzarote, que s’alça sobre una antiga colada volcànica, rehabilitada amb cura el 1998 per la seva propietària, i inclou detalls com un parell de dibuixos dedicats per César Manrique al pare de María Luisa a la sala de la casa. L’artista Lanzarote també és l’autor de l’emblema dels cellers El Grifo.

Certament, qualsevol primera visita a l’illa té com a cites ineludibles per al viatger les obres realitzades per ell: la Fundació César Manrique, que ocupa casa en Tahiche, els Jameos del Agua, un buit a cel obert situada a l’interior d’un túnel produït per l’erupció del volcà de la Corona i plena d’aigua azulísima (el conjunt inclou la preciosa Cova dels Verds, de diversos quilòmetres), el Mirador del Riu, que treu el cap cap a la vuitena illa canària, la Graciosa, que el viatger sempre haurien de conèixer, i el bell Jardí de Cactus, situat en una antiga pedrera de Guatiza, un poble que ha recuperat el cultiu de la cotxinilla, paràsit del que s’extreu un tint vermell.
Però Lanzarote és terra de volcans i, no s’espantin, es pot caminar entre, sobre i dins d’ells. Només al Parc Nacional de Timanfaya hi ha més de 25 cons, com les Muntanyes del Foc, la Muntanya Rajada i la Caldera del corazoncillo. I fora del recinte protegit, al Parc Natural dels Volcans que l’envolta, hi ha una infinitat de llocs d’interès per al geòleg aficionat i per als amants del senderisme.
Al Centre de Visitants i Interpretació de Mancha Blanca (928118042), que acull una exposició gratuïta amb un vídeo explicatiu, organitza visites guiades (prèvia reserva), entre les que destaquen la de Termesana i la del litoral. També aconsellen altres rutes que es poden realitzar per lliure. El municipi de Tinajo, just al costat, també suggereix diverses excursions a la seva web (www.tinajo.es), així com algunes excursions subterrànies, com la Cova dels Naturalistes. Per a aquestes rutes se suggereix anar ben calçat, amb gorra, crema solar i una ampolla d’aigua.
Una excursió perfecta, d’unes dues hores de durada, accessible per a qualsevol família amb nens, és a Caldera Blanca. Per arribar a aquest volcà extint (té 5.000 anys d’antiguitat), el més gran de l’illa, només cal agafar un camí a la sortida de Tinajo. Després deixar el cotxe en una zona d’aparcament, un camí entre renta ens acosta primer a la muntanya Calderata, un volcà més petit.
Si es vol ampliar l’excursió, el gran con volcànic del Caldera Blanca té uns 1.200 metres de diàmetre i pot envoltar en una hora, més o menys, des de el seu punt més alt, a 458 metres sobre el nivell del mar, es contempla l’enorme llengua negra de lava que, provinent del Timanfaya, va envoltar la muntanya en l’erupció del segle XVIII. En el fons del cràter pasturen ara algunes cabres, les úniques que s’aventuren a baixar fins al fons. Les atreuen uns brins de pastura verda que creix al centre del gran forat.

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