01. Preparativos de un viaje

Guía de Costa Rica Este es el relato de un viaje a Costa Rica y cada capítulo corresponde a un día.
Este corresponde al 11 de julio del 2008, el día anterior a nuestro viaje a Costa Rica.
Algunas semanas antes, nos habíamos inclinado por una propuesta de Iván, un empleado de la agencia de viajes que tengo al lado de mi trabajo…

Era un circuito por el país centroamericano de la mayorista Mundicolor , denominado “Parques Nacionales al Completo ”. Ese “todos” se concretaba en nueve noches que, como se verá, terminaría traduciéndose en ocho días: cuatro de viajes entre zonas por las peculiares carreteras costarricenses (ticas, a partir de ahora) y cuatro de disfrute de los propios parques del país, que tiene un total de 27 .

Aprovechamos el día para comprar varias cosas básicas. Por ejemplo, la guía, libro básico donde los haya, aunque luego se consulte mucho menos, y el material antimosquitos. Asesorados por mi amiga Asunción, optamos por la Lonely Planet y por el repelente Relec , el único que le ha dado a ella resultado y que sólo encontramos en farmacias.

En la farmacia
En la farmacia también compramos unos apósitos Compeed , el mejor remedio para las ampollas, así como un botiquín básico en el que no podía faltar ni el Fortasec , para el caso de las probables diarreas tropicales, ni lo contrario, dado que la dieta tica se basa en el arroz y los frijoles.
En el Mercadona más próximo compramos, además, un aerosol para fumigar la habitación por las noches y uno de esos enchufes que sirven para ahuyentar insectos. ¿Exagerados? Ni mucho menos. Ya lo veréis, ya…

Ropa y calzado
Otro de los consejos que le pedimos a Asunción fue sobre qué tipo de ropa debíamos llevarnos. La respuesta: pantalones largos y camisetas de algodón y botas o calzado cómodo, adecuado para caminar bajo la lluvia…
Sí, sí, lluvia: en Costa Rica están en plena estación húmeda y llueve cada día. Si tienes suerte, lo hace por la noche.
Así que nos acercamos a la tienda en la que nos habíamos comprado días atrás unas botas de goretex (teníamos que probarlas antes, por aquello de las posibles ampollas) y adquirimos unas capelinas, esos chubasqueros ligeros, baratos y de puro plástico, que son perfectos para no calarte con los habituales chubascos tropicales.
Pertrechados con las compras, tocaba hacer la maleta. Dos, mejor que una, y con todo bien repartido, no fuera que la compañía aérea nos perdiera alguna.

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