08. Jorge Javier Vázquez, socorrista

Siempre me ha intrigado el éxito que tienen los programas del corazón y las estrellas que pueblan su particular universo. Ahí está, por ejemplo, Belén Esteban. Ha hecho un oficio de haber puesto de vuelta y media al novio (torero y rico) que la hizo madre de su hija, pero se casó con otra. Es algo que pasa millones de veces pero, elevado al altar televisivo, ha dado lugar a una de las más peculiares criaturas de la caja tonta.
¿Y qué me dicen de su jefe? Casi les diría que admiro a Jorge Javier Vázquez: no deja de ser sorpresivo e inesperado el incremento de audiencia que ha logrado para Tele 5.
Nuestro personaje llegó al chispeante mundo de la tele hace unos 10 años. De colaborador de Ana Rosa Quintana, cotilleador incisivo y brillante, llegó a su apogeo en el famoso Tomate (T-5), junto a Carmen Alcayde. Fue la eclosión de la víscera rosa… con su ascenso y caída.
Desaparecido el Tomate y con Jaime Cantizano en alza (¿Dónde estás corazón?, Antena 3), Tele 5 ha vuelto a recurrir a Jorge Javier como socorrista, para hacer frente a la competencia. Y en efecto, Sálvame está salvando a Tele 5… pero lo ha hecho con un flotador diferente al original. El programa nació para analizar lo que pasaba en el islote de Supervivientes, la noche de los jueves, pero pronto se trocó en corrillo de chismosos.
En efecto, Jorge Javier ha vuelto a las esencias y su programa diario logra millón y medio de fieles. Además, su Sálvame deluxe ha derrotado los viernes a Ximo Rovira, pálido sustituto de Cantizano, a quien se le ocurrió meter una escena de porno duro, en la madrugada de ayer, para aumentar la audiencia.
No es necesario debatir si esto es periodismo o no. Jorge Javier lo dijo en Interviú: «Ser tertuliano es más complicado de lo que parece. Sobre todo, llegar al público y que a la gente le haga gracia lo que dices y cómo lo dices. Pero yo esto no lo considero periodismo sino entretenimiento, que es la labor de la televisión.»
Por eso les confesaré algo: a esas horas de la noche prefiero leer un libro o espachurrarme en el sofá delante de una buena serie, película o documental. No me interesan los tortazos que se arrean Pipi Estrada y Jimmy Jiménez Arnau ni otras noticias parecidas que mi santa madre me hacer saber, no fuera que al día siguiente no supiera qué escribir.

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