05. Sobera ya no arquea las cejas

Este miércoles fue la final de Canta singstar, ese karaoke de TVE-1 inspirado en el juego de una popular consola. El espacio contaba con la presencia de Carlos Sobera como hipotético caballo ganador. Como Juan y Medio en Antena 3. Pero en esto de las audiencias, la hípica sirve de poco: el concurso está hundido en las profundidades de las listas de programas más vistos.

Al gran profesional que es Sobera le identificaremos siempre con aquel magnífico ¿Quiere ser millonario? de T-5 (de 1999 a 2001). Como le pasa ahora, tampoco logró atraer a más telespectadores cuando le contrató Antena 3 TV (2004) para hacer un sinfín de concursos de medio pelo y flacos resultados… Hasta que esta cadena recuperó su programa talismán, rebautizado ¿Quién quiere ser millonario? (2005).
Pero desde que fichó por TVE, el mes de abril, Sobera no logra enganchar al espectador de la misma forma que antes. Hace unos días intentaba defender Díselo bailando, un proyecto que, al parecer, no ha terminado de cuajar. TVE lo tenía en su cartera desde antes del verano y lo soltó por sorpresa, como un programa piloto, y no tiene previsto repetirlo… aunque con los directivos que hay en nuestras teles nunca se sabe.
Ya ven. Contratado por la cadena estatal como presentador todoterreno, en Díselo bailando Sobera parecía un director de escuela orgulloso de un musical de fin de curso montado por sus alumnos. Cutrillo, pero no indigno. La mar de respetuoso para con aquellos bailarines anónimos.
Los concursantes de Canta singstar también han sido gente anónima, como Judith Torras, la ganadora, una enfermera de 34 años; o Lucía Martínez, la finalista, una auxiliar de farmacia de 18 añitos de Santa Coloma de Gramenet. Un par de joyas entre mucho aficionado que desafinaba. Pero ahí estaba Sobera para animar al personal, para hacer de colega, para dar el pésame al que perdía o felicitar al ganador.
Lástima que grite tanto, que no pare de dar (falsos) besitos, de soltar un “vamos, chicos; ánimo, chicos”, cada dos por tres con un entusiasmo que parece impostado. Hace tiempo que Sobera no arquea las cejas. Es posible que ya no lo necesite, pero su papel de presentador sí está necesitado de un buen equipo de guionistas que le escriba un traje a medida. Como lo era el millonario.

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