
De repente me ha asaltado una duda, la DUDA,con mayúsculas.
Os explicaba el otro día que nos había llamado una lectora agradeciendo nuestro trabajo.
Recuerdo que en una de las áreas en las que más llamadas recibía era cuando me encontraba al frente del área de la agenda cultural del diario El Periódico.
En su momento, el entonces director Antonio Franco, me había insistido mucho en ofrecer de forma amplia servicios al lector que de otra manera se pierden en el mar de la oferta informativa.
Más que mar, ahora son océanos de información. Quizá es en la sectorización donde se encuentre el futuro de muchos de nosotros.
De ahí, la DUDA, que os decía.
En el aspecto profesional, la información que uno ofrece depende del puesto de trabajo en el que te han colocado.
Las preferencias personales, en este caso, muchas veces son ignoradas: siempre hay un superior que puede cambiar tus expectativas y colocarte en el lugar más insospechado y alejado de tu potencial.
¿Por qué aquel joven experto en literatura acaba escribiendo de hockey hierba? ¿Y aquel otro que sabe un montón de música clásica está ubicado en política u economía?
Envidias, celos, malos rollos, amiguismos y otros ismos son habituales en esta y otras profesiones. Doy fe.
Por eso, en el aspecto personal, en el de esta bitácora, me asalta de vez en cuando la pregunta: ¿Y ahora, de qué escribo?