Txerrad@s: archivos

Artículos del blog desde abril del 2005 hasta agosto del 2011

Txerrad@s: archivos - Artículos del blog desde abril del 2005 hasta agosto del 2011

Maitena


Foto de Urko Suaya.

Maitena Burundarena (Buenos Aires, 1962) es quizá la dibujante de cómics que mejor sabe retratar a la mujer actual, sus filias y fobias, sus alegrías y neuras, con ironía, ternura y buen humor.
No recuerdo cuándo la descubrí, por primera vez… Creo que fue mi hijo quien me pasó algún chiste suyo en medio de grandes carcajadas.
Sus dibujos para el diario El País la han hecho muy popular en España, y sus libros Mujeres alteradas y Superadas, son leídos por miles de mujeres –y también por muchísimos hombres–, y se han convertido en notables y merecidos éxitos de ventas.
Ahora, un libro sobre su vida, en la serie Entrevistos de Esther Tusquets para su Editorial RqueR, nos descubren una personalidad con un fascinante bagaje vital.
En este enlace se puede leer una interesante entrevista que le hizo Julia López para Euskonews con unas bellas fotos del también argentino Urko Suaya.
Y dentro de unos días, la FNAC abrirá una exposición de sus originales para su último libro, Curvas peligrosas 2, que ella misma presentará en Barcelona el 15 de noviembre y el 17 en Madrid.
No se la pierdan… Seguro que sonreirán.

Iván Zulueta

arrebato.
1. m. arrebatamiento (ǁ furor).
2. m. arrebatamiento (ǁ éxtasis).

arrebatamiento.
1. m. Acción de arrebatar o arrebatarse.
2. m. Furor, enajenamiento causado por la vehemencia de alguna pasión, y especialmente por la ira.
3. m. éxtasis.

éxtasis.
(Del lat. tardío ex[s]tăsis, y este del gr. ἔκστασις).
1. m. Estado del alma enteramente embargada por un sentimiento de admiración, alegría, etc.
2. m. Rel. Estado del alma caracterizado por cierta unión mística con Dios mediante la contemplación y el amor, y por la suspensión del ejercicio de los sentidos.

Todas estas definiciones de la Real Academia Española no tienen para mi el mismo valor desde que un buen día de 1979 o quizá de 1980 vi una película titulada Arrebato. La firmaba un tal Iván Zulueta. Y es una de las películas que más me ha impresionado en mi vida.
Tiempo más tarde, en 1989, pude ver toda su filmografía en el Festival de Cine de Alcalá de Henares, sus carteles, sus fotos polaroid.
En una de las pocas entrevistas que le han hecho, hace tres años, en El Correo, Ricardo Aldarondo decía de él:
“Son casi 20 años, aunque a él le parezcan dos o tres, sin salir a la luz pública. Sin fotos ni entrevistas, sólo dejando caer muy esporádicamente algún trabajo para televisión, algún cartel o ilustración. Casi 20 años en los que Arrebato (1979) se ha convertido en película mítica, y sus trabajos gráficos han marcado un estilo vitalista e inimitable”
Ahora, esta misma tarde, el CCCB (Montalegre, 5. De 11.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00 horas. Gratuito) abre una exposición que titula Mientras tanto… Iván Zulueta, en la que pueden verse una larga serie de sus polaroids, trabajos en súper 8 y dos documentales.
Una buena oportunidad para estudiar a este cineasta de culto.

Steve McCurry

En los últimos años se ha producido una verdadera revolución en el mundo de la fotografía. La imagen digital nos ha devuelto el placer de hacer fotos. El alto precio anterior del negativo, revelado y positivado ha quedado reducido al precio de un CD.
Pero eso no nos hace mejores fotógrafos.
Me siguen admirando hombres como Steve McCurry, de quien se publicaba un reportaje este fin de semana, en El Dominical de El Periódico, firmado por Daniel Entrialgo.
Si no les suena el nombre de McCurry, sólo les comento que se hizo famoso hace 20 años gracias a la foto de esta niña afgana, que fue portada de la prestigiosa revista National Geographic (aquí, en español).
De ello se ha hablado ya mucho, pero sólo quiero poner el acento aquí en su capacidad de captar la esencia de aquéllos a quien retrata. Una cualidad que no tenemos los aficionados que hacemos miles de fotos digitales con la esperanza de lograr una o dos que parezcan profesionales.
Es la calidad de una mirada, la del fotógrafo que sabe mirar.

Haro

El periodista y escritor Eduardo Haro Tecglen murió ayer en Madrid. Tenía 81 años. Escribía una columna diaria en El País. Como periodista trabajó en muchos sitios, pero yo le recuerdo sobre todo de Triunfo en unos momentos políticos en que esa revista era casi el único soplo de libertad en una España ahogada por el franquismo.
De Haro, se pueden decir muchas cosas: rojo, republicano, hombre íntegro, periodista de raza…
Hoy hay muchos retratos en la prensa, un foro en el propio El País, y artículos como los que le dedican sus compañeros. Uno de ellos, el de Juan Cruz, puede leerse también En Profundidad.
Físicamente, le recuerdo con cierto parecido con el actor Al Lewis, el entrañable abuelo de la televisiva Familia Munster. Pero Haro era grande en todos los sentidos.
En su último y póstumo artículo, habla de nuestra profesión: “Un periodista no debe tener más ni menos obligaciones que una persona cualquiera: las laborales deben estar regidas por los acuerdos de su sindicato y sus patronos, en este régimen, y las de la posibilidad de escribir no deben tener más límites que los del Código: es decir, lo que pesa sobre cualquier ciudadano. Como la libertad de prensa no es un derecho del periodista, sino del ciudadano”. ¡Del ciudadano!
Máximo viene a resumir nuestros sentimientos en su viñeta: como lectores, nos ha dejado solos, desolados.

(Días más tarde de colgar este apunte, numerosos artículos siguen recordando la figura de Haro. Uno de ellos, quizá el más entrañable, es el que Miret Magdalena publica hoy, viernes 28 de octubre, en el mismo diario El País, que también reflejo En Profundidad).

Couso y Protsyuk

El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz dictó ayer una orden internacional de busca y captura contra los militares estadounidenses responsables del ataque al hotel Palestina de Bagdad el 8 de abril de 2003, en el que murieron José Couso, cámara de Telecinco, y Taras Protsyuk, periodista ucraniano de la agencia Reuters. Los acusados son el sargento Thomas Gibson, artillero que disparó el proyectil que impactó contra el edificio, y dos de sus superiores, el capitán Philip Wolford, y el teniente coronel Philip de Camp.
Naturalmente, es un brindis al sol, porque EEUU no extradita a sus ciudadanos… pero también lo fue la orden del juez Baltasar Garzón contra Augusto Pinochet y Londres lo tuvo encerrado unas cuantas semanas en su casa. Con esos soldados puede pasar también que un día estén de vacaciones en la Costa del Sol y acaben entre rejas.
Bueno, ya veremos. Es un pasito más hacia esa deseable justicia universal que evitaría que dictadores como Pinochet y asesinos como éstos puedan quedar impunes.

Árbitros

Se quejan los árbitros de fútbol de que los aficionados les maltratan, de que jugadores y directivos de los clubs critican sus decisiones…
Es posible que tengan razón.
Pero… si hay cámaras de televisión en todos los campos, hay cuartos árbitros, hay pequeños receptores que permitirían revisar las jugadas dudosas, ¿por qué se empeñan en negarse a utilizar la tecnología para evitar caer en los errores que dan lugar a esas críticas?

BoiCATéame

Como mínimo, BoiCATejam es original.
Su creador dice llamarse Emili Junsalba, “un catalán como cualquier otro que contempla, lleno de curiosidad, el clima cada vez más amistoso que hay en Catalunya, tras la aprobación del estatuto por nuestro Parlament. Las tertulias radiofónicas, elementos como, por ejemplo, el señor Rajoy y webs como stopnacionalismo.org no hacen más que lanzarnos piropos”.
A alguien que se le haya ocurrido montar una página web para convertirse en objeto del boicot de cualquier anticatalanista que se precie, merece más de un artículo, como el que Joan Escofet le dedicaba el jueves en La Malla.
Y al cabo de unos días de funcionamiento, llevan ya unas 3.000 personas que se han apuntado a la lista para ser boiCATeados. Creo que me apuntaré ahora mismo… quizás en la categoría de tener amigos vascos.

Un viejo problema

Hace un par de días, Xavier Trias, el portavoz de Convergència i Unió en el Ayuntamiento de Barcelona, apuntaba –entre otras cosas– la posibilidad de llegar a sancionar de alguna forma a los clientes de las prostitutas para reducir su presencia en las calles y en algunas zonas de la capital catalana.
Es cierto que cada vez hay más en todas partes… También se las ve en algunos puntos kilométricos de nuestras carreteras… y eso que siempre me he preguntado cómo le puede agradar a alguien hacerlo deprisa y corriendo en medio de una carretera o de un camino, dentro o fuera de un coche o de un camión.
¿Pero para erradicar la prostitución no sería mejor dar trabajo a estas personas? Yo aún soy de los que piensan que ninguna mujer se mete en ese oficio por placer…
Llámenme ingenuo.

Àngel Llàcer

Àngel Llàcer, el popular y simpático profesor de la academia de Operación Triunfo, acaba de montar y estrenar el lunes la obra de teatro Tenemos un problema en la sala Villarroel de Barcelona.
Se trata de una adaptación de Erogenous zones, una típica comedia de enredo, pero agridulce y un punto vitriólica de Frank Vickery, que se presentó por primera vez en 1992, por la inglesa Sherman Theatre Company.
La obra explica las peripecias sentimentales de cinco personajes: Albert (Oriol Guinart), un gay que se enamora de su compañero de piso, Marc (Joan Negrié); éste, que no tiene claras sus tendencias sexuales, mantiene una aventura con Àlex (Mònica Rocafort), una casada infeliz; el marido de ésta, Quim (Aleix Albareda), mantiene a su vez una relación con una antigua compañera de universidad, Emma (Susanna Garachana).
Llàcer ha logrado imprimir un ritmo endiablado a la pieza de Vickery, ayudado por esos cinco entusiastas actores, entre los que brillan con luz propia Guinart y Garachana y, en cierta forma, Negrié. Los dos últimos ya habían trabajado con Llàcer ena la obra Ya tengo treinta, que dirigió el año pasado en el Teatro Condal.
Quizá me equivoque, pero me da la sensación que Llàcer hace aquí lo que algunos grandes actores de Hollywood: aprovecharse de la popularidad (y el sueldo) de un buen trabajo alimenticio, como lo de OT, para afianzarse en el más duro y difícil mundo del teatro.

Videoarte en la Bienal


Instalación de Muntadas. Foto de Txerra Cirbián.

Hace unos días citaba en este mismo diario la Bienal de Arte de Venecia, que este año ha contado con dos comisarias españolas, María Corral y Rosa Martínez.
Siempre me ha interesado el arte y, cuando puedo, me acerco a ver las nuevas exposiciones, sobre todo las que albergan los grandes museos y, en menor medida, las salas comerciales.
Por eso, pese a que Venecia tiene otros muchos atractivos, ya antes de viajar hacia allí, me sentía en la obligación de visitar la Bienal.
No sé exactamente qué esperaba encontrar en ella. Quizá una selección de lo mejor de lo mejor en el campo del arte actual, lo más nuevo entre los artistas del momento…
Como ocurre con muchas otras exposiciones, hay cosas que te asombran, otras que te dejan frío y algunas de las que piensas que te están tomando el pelo.
Reconozco que soy un ignorante en muchas cosas… No me cuesta admitirlo, aunque en este mundo tan competitivo, el más tonto hace una O con un canuto y el más listo se viste de posmoderno y explica maravillas de cosas que ni conoce ni entiende.
Uno de los campos en los que me siento más perdido es el arte actual. Ya no hablo de las diferentes corrientes e ismos pictóricos y escultóricos, la ya clásica abstracción o el pujante hiperrealismo próximo al cómic. Ahora, lo que se lleva es el vídeo y las casi omnipresentes instalaciones que llenan las salas de los museos de arte contemporáneo de todo el mundo.
Recuerdo, así de memoria, una serie de cajas de carton sobre cuyo fondo se proyectaban las imágenes; unas pantallas con media docena de actores famosos que, sobre fondo negro, repetían diversas frases, y un duelo de pies de un bailaor y una bailaora, quizá la pieza más divertida, aunque sólo sea por proximidad cultural.
Del fenómeno del videoarte me sorprende la utilización del formato vídeo para llevar a cabo unas peliculitas que, proyectadas en cualquier festival de cine o vídeo normal, muchas de ellas no pasarían de la primera criba. El tema, la duración, la proyección continua en bucle no pueden ser sus elementos definitorios. Otro problema es conseguir que el visitante se quede a visionar todo el metraje: un cuadro, una escultura, se puede ver en segundos, si se quiere. Una pieza de vídeoarte precisa de minutos… demasiado tiempo si no se logra atrapar al espectador desde el segundo inicial.